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martes, 17 de febrero de 2015

QUÉ CELEBRAR

QUÉ CELEBRAR La TEOLOGÍA está expresada en los textos escogidos de la Palabra de Dios y en los textos eucológicos.

El MISTERIO DE CRISTO La Cuaresma, a través de la pedagogía de la Iglesia, hace una primera referencia a Cristo que se encamina hacia Jerusalén, hacia el cumplimiento de su misterio pascual. Es la celebración de este doloroso y luminoso itinerario hacia la Pascua en el que se anticipa 'la vivencia concreta del misterio de dolor y de gloria, de muerte y de vida. Cristo, sin embargo, caminando hacia Jerusalén, atrae consigo a toda la Iglesia hacia el momento decisivo en la historia de la salvación. Se puede ver la Cuaresma en una perspectiva cristológica con tres palabras claves: Cristo protagonista, modelo, maestro de la Cuaresma. Los evangelios de los domingos de Cuaresma, en los tres ciclos, pero sobre todo en el A, que es el modelo para la Iglesia, nos presenta a CRISTO como PROTAGONISTA1. Él se retira al desierto para orar, se transfigura en la montaña, encuentra a la Samaritana y la salva, le presentan al ciego de nacimiento y lo cura, llora la muerte del amigo Lázaro y lo resucita. Él es dueño de la historia y avanza hacia el misterio pascual sembrando la salvación. La lectura del evangelio de Juan, a partir de la IV semana de Cuaresma, pone de relieve este camino que Jesús cumple conscientemente hacia la Pascua y de su sacrificio «para reunir a los hijos de Dios dispersos por el mundo» (Cf. Jn 11,52).

Los cuarenta días tienen en CRISTO su MODELO que se retira al desierto para orar y ayunar, que combate y vence al diablo con la palabra de Dios. Es emblemático que el Evangelio del 1er domingo de Cuaresma en los tres ciclos ponga de relieve esta ejemplaridad. Una idéntica y complementaria dimensión del misterio pascual nos la proponen en los tres ciclos los Evangelios del 2do domingo con el relato de la Transfiguración. Aquí aparece Jesús en oración, una oración que es gloria y anticipa de alguna manera su glorificación definitiva. Por lo tanto, es modelo de oración donde se manifiesta la lucha y la gloria, la tentación y la glorificación: imagen simbólica y real de la pasión y resurrección del Cuerpo místico. La distribución de las lecturas evangélicas durante las ferias de Cuaresma refleja el deseo de la Iglesia de orientar a toda la comunidad a la escucha del CRISTO MAESTRO en los temas fundamentales de la vida cristiana, especialmente en las exigencias del seguimiento y del discipulado. De este modo Jesús es a la vez maestro, modelo y protagonista. Esta dimensión cristológica es puesta de relieve en la colecta del primer domingo de Cuaresma al proponer como objetivo: «avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud». También el ESPÍRITU SANTO es protagonista del camino de Jesús hacia la Pascua: lo impulsa al desierto, lo lleva a Jerusalén, lo consuela en el huerto de los olivos –según la interpretación patrística- hasta dar la vida en virtud de un Espíritu eterno (Cfr. Lc 4,1-2; Lc 22,43; Heb 9,14). Es ese mismo Espíritu quien conduce a la Iglesia a entrar en el desierto para caminar con Dios, y renovar en la Pascua la fe, don del Bautismo. En la oración y en la escucha de la Palabra, el Espíritu la anima.




El MISTERIO DE LA IGLESIA en Cuaresma

Para la Iglesia, la Cuaresma es el memorial de Cristo y es también un tiempo propicio para participar en su misterio de camino hacia la Pascua. Toda la Iglesia está comprometida, pero de modo especial los que se preparan al bautismo, a los que la comunidad acompaña participando en las celebraciones particulares hechas para ellos; un camino abierto a la participación incluso de todos aquellos que quieren cumplir un itinerario de reconciliación en la Iglesia y rehacer el camino de la fe bautismal.

Es tiempo para vivir la CONVERSIÓN, pero sabiendo que esta METANOIA, conversión radical de mentalidad, es siempre un confrontarse con Cristo. En los evangelios de Cuaresma, como en los escrutinios bautismales que acompañan a los Evangelios de los domingos III, IV, V, aparece siempre Cristo con su palabra de revelación, con ese ‘Yo soy’ que es una fórmula de revelación que nos invita a una confrontación personal. Convertirse es dejarse mirar y salvar por Cristo. Para cumplir este camino de conversión, la Iglesia se compromete a vivir tres dimensiones de vida evangélica:

UN CAMINO DE FE MÁS CONSCIENTE Este tiempo nos invita a revivir con intensidad la dimensión bautismal que es un itinerario de escucha constante de la palabra de Dios, con el cual el cristiano está siempre comprometido en una continua conversión. Cristo es siempre el Revelador en este camino de fe. La Cuaresma comienza con un acto en el cual la Iglesia repite la palabra evangélica que es también la palabra de los apóstoles al comienzo de su ministerio en Pentecostés: «Conviértanse y crean en el Evangelio» (Mc 1,15), junto con la imposición de las cenizas y las palabras: «Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás» con el gesto de al Evangelio. Convertirse, para la Iglesia, significa medirse con Cristo, la Palabra del Padre.

UNA ESCUCHA MÁS ASIDUA DE LA PALABRA Un camino de fe no puede ser hecho sin una referencia a la palabra que la Iglesia distribuye con abundancia en este tiempo. En el desierto el pueblo de Dios recibe la ley, en el monte de la Cuarentena Jesús vence con la palabra de Dios y demuestra que la palabra que sale de la boca de Dios es el verdadero alimento del creyente. En la Transfiguración se oye la voz del Padre que revela su Palabra: «Escúchenlo». Así como antiguamente los catecúmenos eran instruidos con la explicación de los textos bíblicos, de manera similar, en este tiempo, la Iglesia quiere dar un espacio más amplio a la palabra leída y meditada, con el pan cotidiano de la palabra en la Eucaristía y en la Liturgia de las Horas y con apropiadas celebraciones de catequesis bíblica.

UNA ORACIÓN MÁS INTENSA El Cristo orante que se nos presenta en los dos primeros domingos de la Cuaresma pone a la Iglesia ante una exigencia interior. La oración personalizada e historizada, por así decir, a partir de la palabra escuchada. Jesús vive así su misterio pascual. Y la Iglesia es llamada a una oración más intensa, en este desierto en el que, como en la experiencia del pueblo de Israel, de los profetas y de Jesús, la oración puede ser lucha (ascesis-purificación), pero puede ser también experiencia de gloria (mística-iluminación). Siempre comunión con Dios.

«El Pueblo de Dios se reúne para entrar en el Misterio. Ésta es la Liturgia» Papa Francisco


COMISIÓN DE LITURGIA, MÚSICA Y ARTE SACRO – DIÓCESIS DE LOMAS DE ZAMORA

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