Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tu traes la luz mas clara, la paz mas profunda y la alegria verdadera ! ven Señor Jesús! ! ven Señor Jesús!
__________________________________________________________________________

ENCONTRANOS TAMBIÉN EN FACEBOOK

encontramos en : pagina Adonai
https://www.facebook.com/adonaisitiooficial
escucha el programa en vivo todos los Domingos de 18:30 a 20:30hs de Argentina en :

______________________________________________________________________________

martes, 17 de febrero de 2015

CELEBRAR EL MISTERIO PASCUAL Cuándo celebrar


Antes de entrar en el tiempo de Cuaresma, vamos a recordar brevemente qué es el AÑO LITÚRGICO, tomando como punto de referencia algunos textos de la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia (en adelante SC), por su riqueza doctrinal, su expresión sintética y su fecundidad normativa en la reforma litúrgica.

El capítulo I de la SC (n. 5-7) nos manifiesta el designio benevolente de Dios de salvar a todos los hombres y a todo el hombre por medio de la obra salvífica de su Hijo que es continuada por la Iglesia en la Liturgia, donde Él está siempre presente, podemos decir que la Liturgia es la Historia de la salvación en acto: se expresa en los textos y en los ritos de cada una de las celebraciones, teniendo como culmen el Misterio Pascual, como realidad eternamente presente que se comunica a todas las acciones litúrgicas.

«La clave de comprensión de la Historia de la salvación es precisamente la proclamación sistemática de la Palabra de Dios que recuerda y actualiza esta historia y la celebración de estos acontecimientos en la oración y en los sacramentos. Concentrando toda la historia de la salvación en el misterio de Cristo, la Iglesia lee, celebra, actualiza las maravillas de Dios, mirabilia Dei, con una programación sistemática en el Año Litúrgico, a través de las diversas formas celebrativas, tanto en la liturgia de la palabra de la Eucaristía y de los sacramentos como en la Liturgia de las Horas.
El Año Litúrgico es, pues, la realidad donde ampliamente se celebra esta historia al proclamarla y actualizarla.»1
La Iglesia, en el Año Litúrgico, hace memoria agradecida celebrando la obra de salvación de su divino Esposo: Cristo Jesús: «Cada semana, en el día que ha llamado “del Señor”, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la PASCUA. Además, en el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor. Conmemorando así los misterios de la redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación». (SC 102




CUARESMA camino hacia la PASCUA

El tiempo de CUARESMA abarca desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo antes de la Misa de la Cena del Señor. La Cuaresma es un tiempo favorable por cuya observancia, cada an o, se asciende al monte santo de la Pascua. La razo n de ser del tiempo de Cuaresma es la preparacio n del pueblo de Dios para la Pascua; tanto los catecúmenos que en este tiempo pasan por los ritos propios que los conducen a la iniciacio n cristiana como los fieles ya bautizados que rememoran su bautismo y hacen penitencia, todos se encaminan a revivir los Misterios ma ximos de la fe en el Triduo Pascual. Este es el tiempo para recordar especialmente las consecuencias sociales del pecado, valorar y asumir la genuina naturaleza de la penitencia y progresar en la ofrenda de sí mismos a Dios. La accio n penitencial de la Iglesia y la oracio n especial por la conversio n de todos es tambie n una caracterí stica del tiempo de Cuaresma.2 Los domingos reciben el nombre de domingo I, II, III, IV, V de Cuaresma.

QUÉ SIGNIFICA CUARESMA CUARESMA,

 quadragesima, significa cuarenta días. En la Biblia se habla varias veces de la cuarentena –de días o de años– como período de preparación a un acontecimiento importante: los 40 días del diluvio universal, los 40 días de Moisés en el monte antes de sellar la Alianza, los 40 años de Israel por el desierto hasta llegar a la tierra prometida, los 40 días de Elías en su huida, los 40 días de plazo que Jonás dio a Nínive para su conversión, los 40 días de Cristo en el desierto, los 40 días entre la Resurrección y la Ascensión de Jesús.

SEMANA SANTA

El domingo VI, en que comienza la Semana Santa, es llamado DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR. La Semana Santa tiene la finalidad de recordar la Pasión de Cristo desde su entrada mesiánica en Jerusalén. El Lunes, Martes y Miércoles Santo prolongan el ambiente prepascual del domingo de Ramos. El Jueves Santo por la mañana, el Obispo, que concelebra la Misa con sus presbíteros, bendice los santos óleos y consagra el crisma.3

2 Misal Romano Cotidiano 3 Cfr. Normas universales del año litúrgico y el calendario general romano (1969) nn. 27-31

QUÉ CELEBRAR

QUÉ CELEBRAR La TEOLOGÍA está expresada en los textos escogidos de la Palabra de Dios y en los textos eucológicos.

El MISTERIO DE CRISTO La Cuaresma, a través de la pedagogía de la Iglesia, hace una primera referencia a Cristo que se encamina hacia Jerusalén, hacia el cumplimiento de su misterio pascual. Es la celebración de este doloroso y luminoso itinerario hacia la Pascua en el que se anticipa 'la vivencia concreta del misterio de dolor y de gloria, de muerte y de vida. Cristo, sin embargo, caminando hacia Jerusalén, atrae consigo a toda la Iglesia hacia el momento decisivo en la historia de la salvación. Se puede ver la Cuaresma en una perspectiva cristológica con tres palabras claves: Cristo protagonista, modelo, maestro de la Cuaresma. Los evangelios de los domingos de Cuaresma, en los tres ciclos, pero sobre todo en el A, que es el modelo para la Iglesia, nos presenta a CRISTO como PROTAGONISTA1. Él se retira al desierto para orar, se transfigura en la montaña, encuentra a la Samaritana y la salva, le presentan al ciego de nacimiento y lo cura, llora la muerte del amigo Lázaro y lo resucita. Él es dueño de la historia y avanza hacia el misterio pascual sembrando la salvación. La lectura del evangelio de Juan, a partir de la IV semana de Cuaresma, pone de relieve este camino que Jesús cumple conscientemente hacia la Pascua y de su sacrificio «para reunir a los hijos de Dios dispersos por el mundo» (Cf. Jn 11,52).

Los cuarenta días tienen en CRISTO su MODELO que se retira al desierto para orar y ayunar, que combate y vence al diablo con la palabra de Dios. Es emblemático que el Evangelio del 1er domingo de Cuaresma en los tres ciclos ponga de relieve esta ejemplaridad. Una idéntica y complementaria dimensión del misterio pascual nos la proponen en los tres ciclos los Evangelios del 2do domingo con el relato de la Transfiguración. Aquí aparece Jesús en oración, una oración que es gloria y anticipa de alguna manera su glorificación definitiva. Por lo tanto, es modelo de oración donde se manifiesta la lucha y la gloria, la tentación y la glorificación: imagen simbólica y real de la pasión y resurrección del Cuerpo místico. La distribución de las lecturas evangélicas durante las ferias de Cuaresma refleja el deseo de la Iglesia de orientar a toda la comunidad a la escucha del CRISTO MAESTRO en los temas fundamentales de la vida cristiana, especialmente en las exigencias del seguimiento y del discipulado. De este modo Jesús es a la vez maestro, modelo y protagonista. Esta dimensión cristológica es puesta de relieve en la colecta del primer domingo de Cuaresma al proponer como objetivo: «avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud». También el ESPÍRITU SANTO es protagonista del camino de Jesús hacia la Pascua: lo impulsa al desierto, lo lleva a Jerusalén, lo consuela en el huerto de los olivos –según la interpretación patrística- hasta dar la vida en virtud de un Espíritu eterno (Cfr. Lc 4,1-2; Lc 22,43; Heb 9,14). Es ese mismo Espíritu quien conduce a la Iglesia a entrar en el desierto para caminar con Dios, y renovar en la Pascua la fe, don del Bautismo. En la oración y en la escucha de la Palabra, el Espíritu la anima.




El MISTERIO DE LA IGLESIA en Cuaresma

Para la Iglesia, la Cuaresma es el memorial de Cristo y es también un tiempo propicio para participar en su misterio de camino hacia la Pascua. Toda la Iglesia está comprometida, pero de modo especial los que se preparan al bautismo, a los que la comunidad acompaña participando en las celebraciones particulares hechas para ellos; un camino abierto a la participación incluso de todos aquellos que quieren cumplir un itinerario de reconciliación en la Iglesia y rehacer el camino de la fe bautismal.

Es tiempo para vivir la CONVERSIÓN, pero sabiendo que esta METANOIA, conversión radical de mentalidad, es siempre un confrontarse con Cristo. En los evangelios de Cuaresma, como en los escrutinios bautismales que acompañan a los Evangelios de los domingos III, IV, V, aparece siempre Cristo con su palabra de revelación, con ese ‘Yo soy’ que es una fórmula de revelación que nos invita a una confrontación personal. Convertirse es dejarse mirar y salvar por Cristo. Para cumplir este camino de conversión, la Iglesia se compromete a vivir tres dimensiones de vida evangélica:

UN CAMINO DE FE MÁS CONSCIENTE Este tiempo nos invita a revivir con intensidad la dimensión bautismal que es un itinerario de escucha constante de la palabra de Dios, con el cual el cristiano está siempre comprometido en una continua conversión. Cristo es siempre el Revelador en este camino de fe. La Cuaresma comienza con un acto en el cual la Iglesia repite la palabra evangélica que es también la palabra de los apóstoles al comienzo de su ministerio en Pentecostés: «Conviértanse y crean en el Evangelio» (Mc 1,15), junto con la imposición de las cenizas y las palabras: «Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás» con el gesto de al Evangelio. Convertirse, para la Iglesia, significa medirse con Cristo, la Palabra del Padre.

UNA ESCUCHA MÁS ASIDUA DE LA PALABRA Un camino de fe no puede ser hecho sin una referencia a la palabra que la Iglesia distribuye con abundancia en este tiempo. En el desierto el pueblo de Dios recibe la ley, en el monte de la Cuarentena Jesús vence con la palabra de Dios y demuestra que la palabra que sale de la boca de Dios es el verdadero alimento del creyente. En la Transfiguración se oye la voz del Padre que revela su Palabra: «Escúchenlo». Así como antiguamente los catecúmenos eran instruidos con la explicación de los textos bíblicos, de manera similar, en este tiempo, la Iglesia quiere dar un espacio más amplio a la palabra leída y meditada, con el pan cotidiano de la palabra en la Eucaristía y en la Liturgia de las Horas y con apropiadas celebraciones de catequesis bíblica.

UNA ORACIÓN MÁS INTENSA El Cristo orante que se nos presenta en los dos primeros domingos de la Cuaresma pone a la Iglesia ante una exigencia interior. La oración personalizada e historizada, por así decir, a partir de la palabra escuchada. Jesús vive así su misterio pascual. Y la Iglesia es llamada a una oración más intensa, en este desierto en el que, como en la experiencia del pueblo de Israel, de los profetas y de Jesús, la oración puede ser lucha (ascesis-purificación), pero puede ser también experiencia de gloria (mística-iluminación). Siempre comunión con Dios.

«El Pueblo de Dios se reúne para entrar en el Misterio. Ésta es la Liturgia» Papa Francisco


COMISIÓN DE LITURGIA, MÚSICA Y ARTE SACRO – DIÓCESIS DE LOMAS DE ZAMORA

TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR Benedicto XVI, Ángelus del 17 de febrero de 2008



Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, segundo domingo de Cuaresma, prosiguiendo el camino penitencial, la liturgia, después de habernos presentado el domingo pasado el evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, nos invita a reflexionar sobre el acontecimiento extraordinario de la Transfiguración en el monte. Considerados juntos, ambos episodios anticipan el misterio pascual: la lucha de Jesús con el tentador preludia el gran duelo final de la Pasión, mientras la luz de su cuerpo transfigurado anticipa la gloria de la Resurrección. Por una parte, vemos a Jesús plenamente hombre, que comparte con nosotros incluso la tentación; por otra, lo contemplamos como Hijo de Dios, que diviniza nuestra humanidad. De este modo, podríamos decir que estos dos domingos son como dos pilares sobre los que se apoya todo el edificio de la Cuaresma hasta la Pascua, más aún, toda la estructura de la vida cristiana, que consiste esencialmente en el dinamismo pascual: de la muerte a la vida.

El monte -tanto el Tabor como el Sinaí- es el lugar de la cercanía con Dios. Es el espacio elevado, con respecto a la existencia diaria, donde se respira el aire puro de la creación. Es el lugar de la oración, donde se está en la presencia del Señor, como Moisés y Elías, que aparecen junto a Jesús transfigurado y hablan con él del "éxodo" que le espera en Jerusalén, es decir, de su Pascua.

La Transfiguración es un acontecimiento de oración: orando, Jesús se sumerge en Dios, se une íntimamente a él, se adhiere con su voluntad humana a la voluntad de amor del Padre, y así la luz lo invade y aparece visiblemente la verdad de su ser: él es Dios, Luz de Luz. También el vestido de Jesús se vuelve blanco y resplandeciente. Esto nos hace pensar en el Bautismo, en el vestido blanco que llevan los neófitos. Quien renace en el Bautismo es revestido de luz, anticipando la existencia celestial, que el Apocalipsis representa con el símbolo de las vestiduras blancas (cf. Ap 7,9.13).

Aquí está el punto crucial: la Transfiguración es anticipación de la resurrección, pero esta presupone la muerte. Jesús manifiesta su gloria a los Apóstoles, a fin de que tengan la fuerza para afrontar el escándalo de la cruz y comprendan que es necesario pasar a través de muchas tribulaciones para llegar al reino de Dios. La voz del Padre, que resuena desde lo alto, proclama que Jesús es su Hijo predilecto, como en el bautismo en el Jordán, añadiendo: «Escuchadlo» (Mt 17,5). Para entrar en la vida eterna es necesario escuchar a Jesús, seguirlo por el camino de la cruz, llevando en el corazón, como él, la esperanza de la resurrección. Spe salvi, salvados en esperanza. Hoy podemos decir: «Transfigurados en esperanza».

Dirigiéndonos ahora con la oración a María, reconozcamos en ella a la criatura humana transfigurada interiormente por la gracia de Cristo, y encomendémonos a su guía para recorrer con fe y generosidad el itinerario de la Cuaresma.

En este segundo domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a contemplar a Cristo, transfigurado en el monte Tabor, para que, iluminados por su palabra, podamos vencer las pruebas cotidianas de la vida y ser en medio del mundo testigos de su gloria.

HAGAMOS EL ELOGIO DE LOS HOMBRES ILUSTRES


De la tradición sobre el origen de la Orden de los Siervos de la Virgen María

Siete fueron los varones, dignos de reverencia y honor, que reunió nuestra Señora como siete estrellas, para dar comienzo, por la concordia de su cuerpo y de su espíritu, a la Orden de sus siervos.

Cuando yo entré en la Orden sólo vivía uno de aquéllos, que se llamaba hermano Alejo. Nuestra Señora tuvo a bien mantenerlo en vida hasta nuestros días para que nos contara los orígenes de la Orden. La vida de este hermano Alejo era, como pude ver con mis propios ojos, una vida tan edificante que no sólo movía con su ejemplo a todos los que con él vivían, sino que constituía la mejor garantía a favor de su espíritu, del de sus compañeros y de nuestra Orden.

Su estado de vida, antes de que vivieran en comunidad, constaba de cuatro puntos. El primero, referente a su condición ante la Iglesia. Unos habían hecho voto de virginidad o castidad perpetua, otros estaban casados y otros viudos. Referente a su actividad pública, eran comerciantes. Pero en cuanto encontraron la perla preciosa, es decir, nuestra Orden, no solamente dieron a los pobres todo lo que poseían, sino que se entregaron con gran alegría al servicio de Dios y de la Señora.

El tercer punto se refiere a su devoción a la Virgen. En Florencia existía una antiquísima congregación que, debido a su antigüedad, su santidad y número de miembros, se llamaba «Sociedad mayor de nuestra Señora». De esta sociedad procedían aquellos siete varones, tan amantes de nuestra Señora.

Por último, me referiré a su espíritu de perfección Amaban a Dios sobre todas las cosas, a él dirigían, como pide el debido orden, todo cuanto hacían y le honraban con sus pensamientos, palabras y obras.

Una vez que tomaron la decisión de vivir en comunidad, y confirmado su propósito por inspiración divina, ya que nuestra Señora les impulsaba especialmente a este género de vida, fueron arreglando la situación de sus familias, dejándoles lo necesario y repartiendo lo demás entre los pobres. Después buscaron a varones prudentes, honestos y ejemplares y les participaron su propósito.

Subieron al monte Senario, edificaron en lo alto una casita y se fueron a vivir allí. Comenzaron a pensar que no sólo estaban allí para conseguir su santidad, sino que también debían admitir a otros miembros para acrecentar la nueva Orden que nuestra Señora había comenzado con ellos. Dispuestos a recibir a más hermanos, admitieron a algunos de ellos y así fundaron nuestra Orden. Nuestra Señora fue la principal artífice en la edificación de la Orden, fundada sobre la humildad de nuestros hermanos, construida sobre su caridad y conservada por su pobreza.

Adonai, Programa del Domingo15_ 02_ 2015