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viernes, 26 de septiembre de 2014

La sabiduría del Antiguo Testamento

El lunes 22 de septiembre, la Palabra del Señor, desde la sabiduría de su pueblo nos decía:

Libro de los Proverbios 3, 27-32

27.No niegues un beneficio al que lo necesite, siempre que esté en tus manos hacerlo.
28.No digas a tu prójimo: "Vuelve después, mañana te daré", si tienes con qué ayudarlo.
29.No trames el mal contra tu prójimo, mientras vive confiado junto a ti.
30.No litigues con un hombre sin motivo, si no te ha causado ningún mal.
31.No envidies al hombre violento ni elijas ninguno de sus caminos.
32.Porque el hombre perverso es abominable para el Señor, y él reserva su intimidad para los rectos.


Nuestro Padre Dios es un excelente pedagogo, sabe cómo aprendemos los hombres, sus hijos. Por eso con sencillez asombrosa nos invita sin preámbulos, en el verso 27 a no cerrarnos a la posibilidad de hacer el bien: No niegues "tu bien" al que lo necesite, porque El no te negó su bien, desde que te despertaste, aún antes, cuando dormías ya te cuidaba, cuidó los latidos de tu corazón que funcionó sin detenerse, los ritmos de tu respiración. Bendigamos al Señor que nos da la vida sin que se la pidamos!

"Vuelve después, mañana te daré", cuántas veces hemos dicho esto a nuestro corazón, cuántas veces dejamos de ayudar al que lo necesitaba. Me viene a la memoria aquella vez que por miedo o vergüenza no hice el bien que un "hermano" quizá muy necesitado se quedó sin mi ayuda: Señor perdóname!

El verso 29, qué claro, verdad? Qué terrible: el mal puede tener su raíz en mi!Yo puedo tramar el mal para alguien, quizá para el que vive conmigo, para aquel o aquella o aquellos que comparten mi vida, mi propia familia. Puedo yo generar el mal y hacer daño, "Señor líbrame del mal", haz cierto Señor, lo que te pido en el Padre nuestro "líbranos del mal", pero principalmente del mal que yo puedo hacer.

La rabia, el enojo, la ira, me dejan ciego... Cuántas veces tengo ganas de pelear, salgo a la calle dispuesto a enfrentar a todos, a cualquiera, decirle en la cara lo que a mi me parece que debe hacer, o cómo debe ser, o vomitar la carga de mi rabia sobre "mi hermano", Dios Padre mío, no me dejes caer en tentación, para cuando me preguntes como a Caín: ¿Dónde está tu hermano? te pueda responder está aquí, conmigo, buscando tu Rostro. Señor muéstranos tu rostro!

He visto que este verso 31: envidiar al malo, es un mal que se repite, aún en personajes de la Sagrada Escritura. El salmista en más de una oportunidad se siente invitado a envidiar la prosperidad del malvado, y se siente seducido por el bien que éste manifiesta ante los demás: "el malvado acumula riqueza, está gordo y robusto, no le importa la tierra ni le teme a Dios, siempre seguro avanza... y yo para que he observado el bien, de qué me sirve hacer el bien, estoy solo, me siente mal, nadie mira por mi vida, estoy abandonado. Señor manifiesta tu nombre sobre mí, no me abandones Dios de mi Salvación, no dejes que mis pasos sigan los caminos del mal, sino hazme caminar por el Camino, que me manifiesta la Verdad de las cosas, y que me da Vida, tu mismo Hijo, el Señor Jesús!!!

Tu intimidad Señor, ver tu Rostro, contemplar la gloria de tu nombre, ésto anhelo, esto deseo, no dejes que me consuma en la nada, hazme ver tu rostro, conocer tu intimidad, que está en el camino de hace el bien al prójimo como me enseñas en los versos 27,28, 29 y 30, para finalmente decirme este es el camino para entrar en mi seno. Señor, haz de mi un instrumento de tu paz, porque es haciendo el bien al prójimo que se encuentra la sonrisa de tu Rostro. Amén.
fray Mateo
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