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jueves, 28 de agosto de 2014

R.P FR. MATEO KRUPSKY ofm, DICTARA UN SEMINARIO TALLER

BUENOS DÍAS HERMANOS !!! A PARTIR DEL JUEVES 4 DE SEPTIEMBRE Y HASTA EL 02 DE OCTUBRE, DE 19:30 a 22:00 Hs

R.P FR. MATEO KRUPSKY ofm, DICTARA UN SEMINARIO TALLER

," LA IGLESIA DEL PAPA FRANCISCO",
IGLESIA DE HOY, IGLESIA DE MAÑANA,
LECTURA COMUNITARIA DE EVANGELII GAUDIUM

!! NO TE LO PIERDAS !!!

CASA DE CARITAS DIOCESANA , AMEGHINO 954, AVELLANEDA.

viernes, 15 de agosto de 2014

TU CUERPO ES SANTO Y SOBREMANERA GLORIOSO Pío XII, Const. apostólica «Munificentissimus Deus»

TU CUERPO ES SANTO Y SOBREMANERA GLORIOSO
Pío XII, Const. apostólica «Munificentissimus Deus» (1-XI-1950)
Definición dogmática de la Asunción de María

Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo.

Y, así, san Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma, con elocuencia vehemente:

«Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios».

Según el punto de vista de san Germán de Constantinopla, el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:

«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta».

Otro antiquísimo escritor afirma:

«La gloriosísima Madre de Cristo, nuestro Dios y salvador, dador de la vida y de la inmortalidad, por él es vivificada, con un cuerpo semejante al suyo en la incorruptibilidad, ya que él la hizo salir del sepulcro y la elevó hacia sí mismo, del modo que él solo conoce».

Todos estos argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último fundamento, en la Sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su destino.

Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán, íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el enemigo infernal, lucha que, como se anuncia en el protoevangelio, había de desembocar en una victoria absoluta sobre el pecado y la muerte, dos realidades inseparables en los escritos del Apóstol de los gentiles. Por lo cual, así como la gloriosa resurrección de Cristo fue la parte esencial y el último trofeo de esta victoria, así también la participación que tuvo la santísima Virgen en esta lucha de su Hijo había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal, ya que, como dice el mismo Apóstol: Cuando esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria».

Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos.

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, BENEDICTO XVI, Ángelus del 15 de agosto de 2005 y de 2006



Queridos hermanos y hermanas:

En esta solemnidad de la Asunción de la Virgen contemplamos el misterio del tránsito de María de este mundo al Paraíso: podríamos decir que celebramos su «pascua». Como Cristo resucitó de entre los muertos con su cuerpo glorioso y subió al cielo, así también la Virgen santísima, a él asociada plenamente, fue elevada a la gloria celestial con toda su persona. También en esto la Madre siguió más de cerca a su Hijo y nos precedió a todos nosotros. Junto a Jesús, nuevo Adán, que es la «primicia» de los resucitados, la Virgen, nueva Eva, aparece como «figura y primicia de la Iglesia» (Prefacio), «señal de esperanza cierta» para todos los cristianos en la peregrinación terrena (cf. LG 68).

La fiesta de la Asunción de la Virgen María, tan arraigada en la tradición popular, constituye para todos los creyentes una ocasión propicia para meditar sobre el sentido verdadero y sobre el valor de la existencia humana en la perspectiva de la eternidad. Queridos hermanos y hermanas, el cielo es nuestra morada definitiva. Desde allí María, con su ejemplo, nos anima a aceptar la voluntad de Dios, a no dejarnos seducir por las sugestiones falaces de todo lo que es efímero y pasajero, a no ceder ante las tentaciones del egoísmo y del mal que apagan en el corazón la alegría de la vida.

La tradición cristiana ha colocado en el centro del verano una de las fiestas marianas más antiguas y sugestivas, la solemnidad de la Asunción de la santísima Virgen María. La liturgia nos recuerda hoy esta consoladora verdad de fe, mientras canta las alabanzas de la Virgen María, coronada de gloria incomparable. «Una gran señal apareció en el cielo -leemos hoy en el pasaje del Apocalipsis que la Iglesia propone a nuestra meditación-: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1). En esta mujer resplandeciente de luz los Padres de la Iglesia han reconocido a María. El pueblo cristiano peregrino en la historia vislumbra en su triunfo el cumplimiento de sus expectativas y la señal cierta de su esperanza.

María es ejemplo y apoyo para todos los creyentes: nos impulsa a no desalentarnos ante las dificultades y los inevitables problemas de todos los días. Nos asegura su ayuda y nos recuerda que lo esencial es buscar y pensar «en las cosas de arriba, no en las de la tierra». En efecto, inmersos en las ocupaciones diarias, corremos el riesgo de creer que aquí, en este mundo, en el que estamos sólo de paso, se encuentra el fin último de la existencia humana.

En cambio, el cielo es la verdadera meta de nuestra peregrinación terrena. ¡Cuán diferentes serían nuestras jornadas si estuvieran animadas por esta perspectiva! Así lo estuvieron para los santos: su vida testimonia que cuando se vive con el corazón constantemente dirigido a Dios, las realidades terrenas se viven en su justo valor, porque están iluminadas por la verdad eterna del amor divino.

Antífona que reiteraba san Francisco:






-Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las mujeres, hija y esclava del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros con san Miguel arcángel y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro (OfP Ant).

lunes, 11 de agosto de 2014

SANTA CLARA DE ASÍS





Nació en Asís (Italia) el año 1193 en el seno de una familia noble. Cuando san Francisco se convirtió a Dios y empezó a predicar, Clara lo escuchaba a gusto y se entrevistaba con él en secreto. La noche del Domingo de Ramos de 1211 ó 1212, Clara abandonó la casa paterna y se consagró a Dios en la Porciúncula en manos de Francisco. Acto seguido la acompañaron al monasterio de benedictinas de San Pablo de Bastia, de donde pasó más tarde a la iglesia del Santo Ángel de Panzo y luego a San Damián. Pronto la siguieron otras jóvenes, y con ellas, bajo la guía de Francisco, se formó en San Damián, a las afueras de Asís, la comunidad que se convertiría en la Orden de las Clarisas. Allí vivió Clara encerrada, en pobreza, oración y caridad, más de cuarenta años, gran parte de los cuales estuvo postrada en cama. Fue la madre y formadora, con su ejemplo y su palabra, de una gran familia monástica, parte esencial del carisma franciscano. La víspera de su muerte tuvo la alegría de ver aprobada por el Papa su Regla propia. Murió en San Damián el 11 de agosto de 1253, y la canonizó Alejandro IV el 15 de agosto de 1255.-



Oración: Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

sábado, 9 de agosto de 2014

ADONAI, FUNDACIÓN MONS. DI PASQUO

Francisco se Comunico con Radio Comunitaria ARGENTINA


El Papa Francisco se Comunico con Radio Comunitaria | Comunicacion Hstorica del Papa en Campo Gallo Argentina.














Francisco por radio pide a los jóvenes escuchar la llamada de Jesús
Texto completo de la conversación telefónica del Papa en el Vaticano con dos sacerdotes en una radio de las parroquias más pobres de Argentina


El papa Francisco concedió este viernes una entrevista telefónica a los sacerdotes Joaquín Giangreco y Juan Ignacio Liébana, que fue transmitida en vivo por la radio comunal de Campo Gallo y Huachana, dos parroquias situadas a unos 200 kilómetros de la capital de Santiago del Estero, en la provincia del mismo nombre, una de las más pobres de Argentina.


"Los llevo dentro de mi corazón. El trabajo que hacen ustedes hacen, a mí me hace feliz. Así que empiezo con un saludo muy grande y mi bendición", les dijo el Santo Padre.

Interrogado por sacerdotes sobre la religiosidad popular y su cultura 
dijo:"Tengo una convicción muy grande, que nuestro pueblo no se equivoca y adora solamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
 Y junto con esta adoración a Dios, sabe que Jesús dejó a Nuestra Madre la Virgen para que nos cuidara. 
Nuestro pueblo no la adora, la quiere y la honra. Como todos nosotros que queremos y honramos a nuestra mamá, sabe que Ella nos cuida y que está en el cielo. Y nuestro pueblo adorando a Dios que es el único a quien hay que adorar y a Jesucristo que es el único a quien hay que adorar, también se deja cuidar por la Madre. Nuestro pueblo no es guacho, tiene madre y es una de las cosas más hermosas de la devoción a la Virgen, que no es adoración, sino que es cariño de un hijo por su madre. Y este pueblo se reúne para adorar a Dios y para recordar a su madre. Este es el núcleo de la piedad popular latinoamericana. Un hijo sin madre tiene el alma mutilada, un pueblo sin madre es un pueblo guacho, aguachado de soledad, de sequedad, quizás de ideas, sin la ternura que solamente da una mamá. Por eso seguimos siempre las dos cosas en la piedad popular: la adoración a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a Él solamente se adora, y el cariño y el respeto, y veneración que no es adoración a Nuestra Madre, porque nosotros no somos guachos, tenemos mamá.

En un lenguaje muy coloquial y del 'vos', estos dos sacerdotes conversaron con el Santo Padre. Le conocían desde hace mucho tiempo y uno de ellos fue ordenado por Bergoglio.


"Cada uno --prosiguió el Papa-- tiene una función, cada uno tiene un trabajo que hacer, una vocación. Ustedes dos Dios les llamó a irse allá, a dejar sus familias, la ciudad de Buenos Aires que es tan linda, y se fueron a acompañar a ese pueblo. Junto con ustedes hay mucha gente que no está viviendo allá, y que desde lejos quiere estar con ustedes. A esa gente le agradezco".

"La Iglesia --continuó el Santo Padre-- se sostiene con la piedad de los fieles. Por la plegaria, por la misa, por la eucaristía. Esa gente que va a misa, que recibe la eucaristía pidiendo por ustedes, es la que les sostiene a ustedes y a la parroquia. A ellos mi primer agradecimiento. También a quienes se privan de algún bien, de algún dinero para dárselo a ustedes. Para ellos mi cariño también. No interesa con cuánto les ayudan, lo que interesa es que les ayudan, porque los miman, y se preguntan: ¿Cómo puedo yo acompañar a estos dos curas que están tan lejos de Buenos Aires? y también de otras ciudades desde donde les ayudan. A esos hombres y mujeres les hago llegar un gran saludo y mi gratitud. Y de manera especial quiero mencionar a dos tipos de personas que son los que Jesús mira con más cariño: las abuelas y los abuelos, y los chicos. Cuántas abuelas y abuelos rezan por ustedes, cuántos chicos rezan por ustedes y sostienen el trabajo de su pueblo. A ellos les envío un gran cariño, junto con mi bendición”.

En el diálogo retransmitido por varios medios locales y puesto en youtube, en el que se siente el sonido un poco metálico de una radio pequeña, el Papa destacó la importancia de la Iglesia como institución.

“El peregrino --dijo el papa Francisco-- es una imagen de lo que es la Iglesia, porque la Iglesia es peregrina. Jesús fundó una Iglesia en camino, una Iglesia peregrina. Cuando la Iglesia está quieta, deja de ser Iglesia y es una asociación civil. Nuestra Iglesia es Iglesia en doble salida: con la adoración a Dios y la oración; y otra salida hacia los hermanos, para ayudarlos, acompañarlos y cumplir las obras de misericordia que Jesús nos enseño, y que están en el capítulo 25 de san Mateo. El peregrino que visita un templo para gloria de Dios y adorar a Dios, y para venerar y honrar a la Madre, ese peregrino tienen la vocación de caminar que tiene la Iglesia. Que nuestra Iglesia no se canse nunca de caminar porque en el camino encontramos ese sentido que Dios quiere de su pueblo: un pueblo en camino".

Porque "cuando una comunidad cristiana está quieta le pasa como al agua estancada, que es la primera que se corrompe. Cuando una comunidad no peregrina, no sólo a pié sino con el corazón, y no tiene un corazón peregrino más allá de si mismo, sea para adorar a Dios o para ayudar a sus hermanos, esa iglesia está moribunda y hay que resucitarla rápido. Así que a aquellos que están trabajando para construir una casa de Dios, que sea meta de peregrinación, sepan que eso es símbolo de la Iglesia que camina. Y esa peregrinación que hacen una vez al año allí, es un peregrinaje que tienen que hacer todos los días en la vida cotidiana. Un peregrinaje a Dios para adorarlo, un peregrinaje hacia la Virgen, para venerarla y quererla y hacia los más necesitados de nuestro pueblo”.

Respondiendo a otras inquietudes de uno de los sacerdotes, el Papa invitó a evitar las críticas destructivas.

"Trabajar por la unidad siempre va a ser importante. Siempre va a haber diferencias, va a haber peleas, el asunto es no dejarlas crecer. Hacer que las cosas se arreglen entre hermanos, hay que hablarlas sí, pero con Dios. No hay que sacarle el cuero al otro. Lo que más le hace daño a la Iglesia, a los pueblos y a la Nación es la crítica destructiva. O sea andar sacándose el cuero. Eso no es cristiano".

Interrogado por la escasez de sacerdotes en la diócesis de Añatuya dijo:

"Como dijo Jesús, recen para que Dios mande pastores a la mies. El corazón de Dios no es indiferente a la oración de su pueblo. Recen al Señor para que mande pastores. Y a los jóvenes les diría que si sienten el llamado de Jesús no tengan miedo. Que vean todo el bien que pueden hacer, todo el consuelo que pueden dar, todo elmensaje cristiano que pueden transmitir y no tengan miedo. La vida es para jugarla, no es para guardarla. Jesús dice, el que cuida mucho su vida acaba perdiéndola. La vida es para darla. Y así uno es fecundo. Si alguno siente que Dios le pide dar la vida en el sacerdocio, que no tenga miedo. Hay que apostar a cosas grandes y no a pequeñas cositas. Y si siente que Jesús lo llama a formar una familia, que sea una familia cristiana, grande, linda, con muchos hijos que lleven adelante la fe".


El Santo Padre concluyó con una bendición y repitió el lema de la radio que dice 'si el 666 es el diablo, la 99.9 es de Jesús” y les recordó “simplemente esto: Jesús es muy bueno. Jesús nos quiere. Dios nos ama. Dios nos espera siempre. Dios no se cansa de perdonarnos. Solamente que seamos humildes y pidamos perdón, y así poder seguir adelante. Dios nos hizo para que seamos felices. Y Él nos acompaña. Cuando pasamos momentos difíciles, de cruz, de dolor, Él los pasó primero y nos comprende de corazón. Yo le pido al Señor que a todos los que están escuchando les bendiga mucho, les dé fuerza, les dé ganas de vivir, y el coraje de no dejarse robar la esperanza y sobretodo les dé una caricia y les haga sonreír, y que la bendición de Dios todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos y cada uno de ustedes y permanezca para siempre".


(Texto completo, debobinado por H. Sergio Mora)
(08 de agosto de 2014) © Innovative Media Inc.
Roma, 08 de agosto de 2014
FUENTE:(Zenit.org) Redacción | 1067 hits

TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (11-X-1998)

De la homilía de S. S. Juan Pablo II
en la misa de canonización de la beata


Queridos hermanos y hermanas, Edith Stein, por ser judía, fue deportada junto con su hermana Rosa y muchos otros judíos de los Países Bajos al campo de concentración de Auschwitz, donde murió con ellos en la cámara de gas. Pocos días antes de su deportación, la religiosa, a quienes se ofrecían para salvarle la vida, les respondió: «¡No hagáis nada! ¿Por qué debería ser excluida? No es justo que me beneficie de mi bautismo. Si no puedo compartir el destino de mis hermanos y hermanas, mi vida, en cierto sentido, queda destruida».

El amor a Cristo fue el fuego que encendió la vida de Teresa Benedicta de la Cruz. Mucho antes de darse cuenta, fue completamente conquistada por él. Al comienzo, su ideal fue la libertad. Durante mucho tiempo Edith Stein vivió la experiencia de la búsqueda. Su mente no se cansó de investigar, ni su corazón de esperar. Recorrió el camino arduo de la filosofía con ardor apasionado y, al final, fue premiada: conquistó la verdad; más bien, la Verdad la conquistó. En efecto, descubrió que la verdad tenía un nombre: Jesucristo, y desde ese momento el Verbo encarnado fue todo para ella. Al contemplar, como carmelita, ese período de su vida, escribió a una benedictina: «Quien busca la verdad, consciente o inconscientemente, busca a Dios».

Edith Stein, aunque fue educada por su madre en la religión judía, a los catorce años «se alejó, de modo consciente y explícito, de la oración». Quería contar sólo con sus propias fuerzas, preocupada por afirmar su libertad en las opciones de la vida. Al final de un largo camino, pudo llegar a una constatación sorprendente: sólo el que se une al amor de Cristo llega a ser verdaderamente libre.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz llegó a comprender que el amor de Cristo y la libertad del hombre se entrecruzan, porque el amor y la verdad tienen una relación intrínseca. La búsqueda de la libertad y su traducción al amor no le parecieron opuestas; al contrario, comprendió que guardaban una relación directa.

La nueva santa nos enseña, por último, que el amor a Cristo pasa por el dolor. El que ama de verdad no se detiene ante la perspectiva del sufrimiento: acepta la comunión en el dolor con la persona amada.

Edith Stein, consciente de lo que implicaba su origen judío, dijo al respecto palabras elocuentes: «Bajo la cruz he comprendido el destino del pueblo de Dios. (...) En efecto, hoy conozco mucho mejor lo que significa ser la esposa del Señor con el signo de la cruz. Pero, puesto que es un misterio, no se comprenderá jamás con la sola razón».

El misterio de la cruz envolvió poco a poco toda su vida, hasta impulsarla a la entrega suprema. Como esposa en la cruz, sor Teresa Benedicta no sólo escribió páginas profundas sobre la «ciencia de la cruz»; también recorrió hasta el fin el camino de la escuela de la cruz. Muchos de nuestros contemporáneos quisieran silenciar la cruz, pero nada es más elocuente que la cruz silenciada. El verdadero mensaje del dolor es una lección de amor. El amor hace fecundo al dolor y el dolor hace profundo al amor.

Por la experiencia de la cruz, Edith Stein pudo abrirse camino hacia un nuevo encuentro con el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Padre de nuestro Señor Jesucristo. La fe y la cruz fueron inseparables para ella. Al haberse formado en la escuela de la cruz, descubrió las raíces a las que estaba unido el árbol de su propia vida. Comprendió que era muy importante para ella «ser hija del pueblo elegido y pertenecer a Cristo, no sólo espiritualmente, sino también por un vínculo de sangre».