Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tu traes la luz mas clara, la paz mas profunda y la alegria verdadera ! ven Señor Jesús! ! ven Señor Jesús!
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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz Navidad !!!







Quiero compartir con ustedes el gran amor de Dios, manifestado a Santa Clara de Asís, en la noche de Navidad. El Señor te conceda a ti y a tu familia recibir aquellas bendiciones y gracias que necesitas. El ejemplo de Santa Clara nos confirma, lo que le dice el Ángel Gabriel a la Virgen María: NO HAY NADA IMPOSIBLE PARA DIOS. Por eso en esta navidad 2014, ruega, suplica con toda confianza y el Señor abrirá para ti el Cielo para hacerte llegar una lluvia de bendiciones. El escuche tu oración y te conceda lo que pides y necesitas. Amen.



Cómo, estando enferma Santa Clara,
fue transportada milagrosamente, en la noche de Navidad,
a la iglesia de San Francisco

Hallándose una vez Santa Clara enferma, al punto de no poder ir a la iglesia para rezar, llegó la solemnidad de la NAVIDAD de Cristo. Todos fueron a la oración, quedando ella sola en la cama, desconsolada por no poder ir. Pero Jesucristo, no quiso dejarla sin aquel consuelo: la hizo transportar milagrosamente a la iglesia de San Francisco y asistir a la oración y a la misa de media noche, y además pudo recibir la sagrada comunión; después fue llevada de nuevo a su cama.

Y Santa Clara oró diciendo:

-- Yo doy gracias y alabanzas a mi Señor Jesucristo bendito, porque he tenido la dicha de asistir, con gran consuelo de mi alma, a toda la oración de esta noche santa; por intercesión de mi padre San Francisco y por la gracia de mi Señor Jesucristo, me he hallado presente en la iglesia de mi padre San Francisco, y he oído con mis oídos espirituales y corporales todo el canto y la música, y hasta he recibido la sagrada comunión. Alégrense, pues, y den gracias a Dios por esta gracia tan grande que me ha hecho. Amén.


Hermana, hermano, da gracias a Dios por las bendiciones que te está dando, agradece y verás la gloria de Dios manifestarse en tu vida. Por intercesión de María y San José te bendiga el Señor omnipotente.
Feliz navidad!!!


Fray Mateo ofm

domingo, 7 de diciembre de 2014

Papa: seamos mensajeros y testimonio de la esperanza y ternura de Cristo

¡Por favor, déjense consolar por el Señor! Misericordia y ternura del Señor, esperanza, consolación, liberación y salvación. «¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios!» Con la invitación del Señor, a través del profeta Isaías (40, 1), el Papa Francisco recordó que el segundo domingo de Adviento - tiempo estupendo que despierta en nosotros la espera del retorno de Cristo y la memoria de su venida histórica - «nos presenta un mensaje lleno de esperanza». Es un «bálsamo sobre nuestras heridas», que «habla hoy a nuestro corazón, para decirnos que Dios olvida nuestros pecados y nos consuela».


El Santo Padre hizo hincapié en que «hoy hay necesidad de personas que sean testimonios de la misericordia y ternura del Señor». El mismo Señor que con la solicitud y ternura de un pastor cuida a su rebaño, lo reúne y dedica especial atención a sus ovejas más frágiles y débiles. Reiterando que «es la actitud de Dios hacia nosotros sus criaturas. Por lo tanto el profeta invita al que lo escucha – incluso a nosotros hoy – a difundir entre su pueblo este mensaje de esperanza», el Papa Bergoglio recordó que no podemos ser mensajeros de la consolación de Dios si no experimentamos nosotros mismos la alegría de ser consolados y amados por Él. Y ello sucede cuando escuchamos su Palabra, cuando permanecemos en silencio orante ante Él, cuando lo encontramos en la Eucaristía o en el sacramento del Perdón.

El Papa invitó a encomendar «la espera de salvación y de paz de todos los hombres y las mujeres de nuestro tiempo» a la Virgen María, que «es el ‘camino’ que Dios mismo se ha preparado para venir al mundo».

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Meditemos en el Evangelio de hoy y encendamos en familia la segunda llama de nuestra Corona.




Este segundo Domingo de Adviento “una voz grita en el desierto”, dice el Evangelio. Es la voz de Juan Bautista que llama a la conversión y por ello se invita a los fieles a preparar el corazón para el Señor Jesús, con el Sacramento de la Reconciliación.

Los santos escondidos de todos los días dan esperanza, dijo el Papa




Hay tantos santos escondidos, hombres, mujeres, padres y madres de familia, enfermos, sacerdotes, que ponen en práctica todos los días el amor de Jesús y esto da esperanza: es cuanto dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Es verdaderamente cristiano quien pone en práctica la Palabra de Dios. No basta decir que se tiene fe. Al comentar el Evangelio sobre la casa construida sobre la roca o sobre la arena, Francisco invitó a no ser “cristianos de apariencia”, cristianos disfrazados, porque apenas cae un poco de lluvia el truco desaparece. Non basta – dijo el Papa – pertenecer a una familia muy católica o a una asociación o ser un benefactor, si no se sigue después la voluntad de Dios.

“Tantos cristianos de apariencias” – observó el Santo Padre – “caen ante las primeras tentaciones”, porque “no hay sustancia allí”, han construido sobre la arena. En cambio, hay tantos santos “en el pueblo de Dios – no necesariamente canonizados, sino santos – tantos hombres y mujeres” que “ponen en práctica el amor de Jesús. Tantos”. Que han construido su casa sobre la roca, que es Cristo:

“Pensemos en los más pequeños, eh. En los enfermos que ofrecen sus sufrimientos por la Iglesia, por los demás. Pensemos en tantos ancianos solos, que rezan y ofrecen. Pensemos en tantas madres y padres de familia que llevan adelante con tanta fatiga su familia, la educación de los hijos, el trabajo cotidiano, los problemas, pero siempre con la esperanza en Jesús, que no se pavonean, sino que hacen lo que pueden”.

¡Son los “santos de la vida cotidiana!”, exclamó el Papa:

“Pensemos en tantos sacerdotes que no se hacen ver pero que trabajan en sus parroquias con tanto amor: la catequesis a los niños, la atención a los ancianos, a los enfermos, la preparación a los recién casados… Y todos los días lo mismo, lo mismo, lo mismo. No se aburren porque en su fundamento está la roca. Es Jesús, esto es lo que da santidad a la Iglesia, ¡esto es lo que da esperanza!”.

Francisco afirmó además que “debemos pensar mucho en la santidad escondida que existe en la Iglesia”. “Cristianos que permanecen en Jesús. Pecadores, ¡eh! Todos lo somos. Y también a veces alguno de estos cristianos comete algún pecado grave, pero se arrepienten, piden perdón, y esto es grande: la capacidad de pedir perdón, de no confundir pecado con virtud, de saber bien dónde está la virtud y dónde está el pecado. Estos están fundados sobre la roca y la roca es Cristo. Siguen el camino de Jesús, lo siguen a Él”.

“Los soberbios, los vanidosos, los cristianos de apariencia – subrayó el Papa Bergoglio – serán derribados, humillados”, mientras “los pobres serán aquellos que triunfarán, los pobres de espíritu, los que ante Dios se sienten una nada, los humildes, y llevan adelante la salvación poniendo en práctica la Palabra del Señor”.

“Hoy estamos, mañana no estaremos” – dijo el Papa citando a San Bernardo: “Piensa, hombre, qué será de ti: comida para gusanos”. “Nos comerán los gusanos, a todos” – recordó el Papa – y “si no tenemos esta roca, terminaremos aplastados”:

“En este tiempo de preparación a la Navidad pidamos al Señor que estemos fundados firmemente en la roca que es Él. Nuestra esperanza es Él. Nosotros somos todos pecadores, somos débiles pero si ponemos la esperanza en Él podremos ir adelante. Y ésta es la alegría de un cristiano: saber que en Él está la esperanza, está el perdón, está la paz, está la alegría. Y no poner nuestra esperanza en cosas que hoy están y mañana no estarán”.

Adonai, 04 12 2014 Entrevista exclusiva con Patricia Poma

jueves, 4 de diciembre de 2014

Richard Martinez


Bienvenido Richard Martinez

Cantante, compositor y ministro.

Escucha su música en Adonai , todos los Jueves de 17 a 18hs
FM 90.7MHz Radio Maria del Rosario.


miércoles, 3 de diciembre de 2014

EN ADVIENTO SE NOS INCULCA QUE DIOS «VIENE»

Queridos hermanos y hermanas:

En Adviento la liturgia con frecuencia nos repite y nos asegura, como para vencer nuestra natural desconfianza, que Dios «viene»: viene a estar con nosotros, en todas nuestras situaciones; viene a habitar en medio de nosotros, a vivir con nosotros y en nosotros; viene a colmar las distancias que nos dividen y nos separan; viene a reconciliarnos con él y entre nosotros. Viene a la historia de la humanidad, a llamar a la puerta de cada hombre y de cada mujer de buena voluntad, para traer a las personas, a las familias y a los pueblos el don de la fraternidad, de la concordia y de la paz.

Por eso el Adviento es, por excelencia, el tiempo de la esperanza, en el que se invita a los creyentes en Cristo a permanecer en una espera vigilante y activa, alimentada por la oración y el compromiso concreto del amor. Ojalá que la cercanía de la Navidad de Cristo llene el corazón de todos los cristianos de alegría, de serenidad y de paz.

Para vivir de modo más auténtico y fructuoso este período de Adviento, la liturgia nos exhorta a mirar a María santísima y a caminar espiritualmente, junto con ella, hacia la cueva de Belén. Cuando Dios llamó a la puerta de su joven vida, ella lo acogió con fe y con amor. Dentro de pocos días la contemplaremos en el luminoso misterio de su Inmaculada Concepción. Dejémonos atraer por su belleza, reflejo de la gloria divina, para que «el Dios que viene» encuentre en cada uno de nosotros un corazón bueno y abierto, que él pueda colmar de sus dones.


Benedicto XVI, Ángelus del 3 de diciembre de 2006

viernes, 21 de noviembre de 2014

DIO FE AL MENSAJE DIVINO Y CONCIBIÓ POR SU FE


San Agustín, Sermón 25, 7-8

Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo, el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella?

Ciertamente, cumplió santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.

Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el vientre que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María sea dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.

María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.

Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Éstos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.

domingo, 9 de noviembre de 2014

jueves, 6 de noviembre de 2014

NO SABEMOS PEDIR LO QUE NOS CONVIENE


De la carta de san Agustín a Proba (130,14,25-26)

Quizá me preguntes aún por qué razón dijo el Apóstol que no sabemos pedir lo que nos conviene, siendo así que podemos pensar que tanto el mismo Pablo como aquellos a quienes él se dirigía conocían la oración dominical.

Porque el Apóstol experimentó seguramente su incapacidad de orar como conviene, por eso quiso manifestarnos su ignorancia; en efecto, cuando, en medio de la sublimidad de sus revelaciones, le fue dado el aguijón de su carne, el ángel de Satanás que lo apaleaba, desconociendo la manera conveniente de orar, Pablo pidió tres veces al Señor que lo librara de esta aflicción. Y oyó la respuesta de Dios y el porqué no se realizaba ni era conveniente que se realizase lo que pedía un hombre tan santo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad.

Ciertamente, en aquellas tribulaciones que pueden ocasionarnos provecho o daño no sabemos cómo debemos orar; pues como dichas tribulaciones nos resultan duras y molestas y van contra nuestra débil naturaleza, todos coincidimos naturalmente en pedir que se alejen de nosotros. Pero, por el amor que nuestro Dios y Señor nos tiene, no debemos pensar que si no aparta de nosotros aquellos contratiempos es porque nos olvida; sino más bien, por la paciente tolerancia de estos males, esperemos obtener bienes mayores, y así la fuerza se realiza en la debilidad. Esto, en efecto, fue escrito para que nadie se enorgullezca si, cuando pide con impaciencia, es escuchado en aquello que no le conviene, y para que nadie decaiga ni desespere de la misericordia divina si su oración no es escuchada en aquello que pidió y que, posiblemente, o bien le sería causa de un mal mayor o bien ocasión de que, engreído por la prosperidad, corriera el riesgo de perderse. En tales casos, ciertamente, no sabemos pedir lo que nos conviene.

Por tanto, si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra. De ello nos dio ejemplo aquel divino Mediador, el cual dijo en su pasión: Padre, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz, pero, con perfecta abnegación de la voluntad humana que recibió al hacerse hombre, añadió inmediatamente: Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. Por lo cual, entendemos perfectamente que por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

viernes, 10 de octubre de 2014

MENSAJE A LA JUVENTUD


Benedicto XVI, Ángelus del día 5-IX-2010

Queridos hermanos y hermanas:

Ahora deseo presentar brevemente mi Mensaje dirigido a los jóvenes del mundo para la XXVI Jornada mundial de la juventud, que tendrá lugar en Madrid dentro de poco menos de un año.

El tema que escogí para este Mensaje retoma una expresión de la carta a los Colosenses del apóstol san Pablo: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (Col 2,7). Decididamente se trata de una propuesta a contracorriente. De hecho, ¿quién propone hoy a los jóvenes estar «arraigados» y «firmes»? Más bien se exalta la incertidumbre, la movilidad, la volubilidad..., todos ellos aspectos que reflejan una cultura indecisa en lo que se refiere a los valores de fondo, a los principios con los que es preciso orientar y regular la propia vida.

En realidad, yo mismo, por mi experiencia y por los contactos que tengo con los jóvenes, sé bien que cada generación, más aún, cada persona está llamada a realizar de nuevo el recorrido de descubrimiento del sentido de la vida. Y precisamente por esto quise volver a proponer un mensaje que, según el estilo bíblico, evoca las imágenes del árbol y de la casa. El joven, de hecho, es como un árbol en crecimiento: para desarrollarse bien necesita raíces profundas que, en caso de tempestades de viento, lo mantengan bien plantado en el suelo. Del mismo modo, la imagen del edificio en construcción recuerda la exigencia de buenos fundamentos para que la casa sea sólida y segura.

Y el corazón del Mensaje está en las expresiones «en Cristo» y «en la fe». La plena madurez de la persona, su estabilidad interior, se basa en la relación con Dios, relación que pasa por el encuentro con Jesucristo. Una relación de profunda confianza, de auténtica amistad con Jesús puede dar a un joven lo que necesita para afrontar bien la vida: serenidad y luz interior, capacidad para pensar de manera positiva, apertura de ánimo hacia los demás, disponibilidad a pagar personalmente por el bien, la justicia y la verdad. Un último aspecto, muy importante: para llegar a ser creyente, el joven se sostiene gracias a la fe de la Iglesia; si ningún hombre es una isla, mucho menos lo es el cristiano, que descubre en la Iglesia la belleza de la fe compartida y testimoniada juntamente con los demás en la fraternidad y en el servicio de la caridad.

Mi Mensaje a los jóvenes lleva la fecha del 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor. Que la luz del rostro de Cristo resplandezca en el corazón de todo joven. Y que la Virgen María acompañe con su protección el camino de las comunidades y de los grupos juveniles hacia el gran Encuentro de Madrid 2011.

[Después del Ángelus] Pido a Dios que, animados por las palabras del Apóstol san Pablo: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2,7), muchos jóvenes puedan encontrarse en la capital de España, para acoger en sus corazones a Cristo, que los llama a confiar en él y a amar cada vez más a la Iglesia.

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ADONAI, LA MISERICORDIA, 09/10/2014

domingo, 28 de septiembre de 2014



!!! HOLA HERMANOS, FALTA POCO, SOLO CUATRO DÍAS PARA ESTAR JUNTOS OTRA VEZ !!! JUEVES DE 17 A 18HS DE ARGENTINA , ESCÚCHANOS EN RADIO MARÍA DEL ROSARIO 90.7MHz, LA RADIO DEL PUEBLO DE DIOS !!!







viernes, 26 de septiembre de 2014

La sabiduría del Antiguo Testamento

El lunes 22 de septiembre, la Palabra del Señor, desde la sabiduría de su pueblo nos decía:

Libro de los Proverbios 3, 27-32

27.No niegues un beneficio al que lo necesite, siempre que esté en tus manos hacerlo.
28.No digas a tu prójimo: "Vuelve después, mañana te daré", si tienes con qué ayudarlo.
29.No trames el mal contra tu prójimo, mientras vive confiado junto a ti.
30.No litigues con un hombre sin motivo, si no te ha causado ningún mal.
31.No envidies al hombre violento ni elijas ninguno de sus caminos.
32.Porque el hombre perverso es abominable para el Señor, y él reserva su intimidad para los rectos.


Nuestro Padre Dios es un excelente pedagogo, sabe cómo aprendemos los hombres, sus hijos. Por eso con sencillez asombrosa nos invita sin preámbulos, en el verso 27 a no cerrarnos a la posibilidad de hacer el bien: No niegues "tu bien" al que lo necesite, porque El no te negó su bien, desde que te despertaste, aún antes, cuando dormías ya te cuidaba, cuidó los latidos de tu corazón que funcionó sin detenerse, los ritmos de tu respiración. Bendigamos al Señor que nos da la vida sin que se la pidamos!

"Vuelve después, mañana te daré", cuántas veces hemos dicho esto a nuestro corazón, cuántas veces dejamos de ayudar al que lo necesitaba. Me viene a la memoria aquella vez que por miedo o vergüenza no hice el bien que un "hermano" quizá muy necesitado se quedó sin mi ayuda: Señor perdóname!

El verso 29, qué claro, verdad? Qué terrible: el mal puede tener su raíz en mi!Yo puedo tramar el mal para alguien, quizá para el que vive conmigo, para aquel o aquella o aquellos que comparten mi vida, mi propia familia. Puedo yo generar el mal y hacer daño, "Señor líbrame del mal", haz cierto Señor, lo que te pido en el Padre nuestro "líbranos del mal", pero principalmente del mal que yo puedo hacer.

La rabia, el enojo, la ira, me dejan ciego... Cuántas veces tengo ganas de pelear, salgo a la calle dispuesto a enfrentar a todos, a cualquiera, decirle en la cara lo que a mi me parece que debe hacer, o cómo debe ser, o vomitar la carga de mi rabia sobre "mi hermano", Dios Padre mío, no me dejes caer en tentación, para cuando me preguntes como a Caín: ¿Dónde está tu hermano? te pueda responder está aquí, conmigo, buscando tu Rostro. Señor muéstranos tu rostro!

He visto que este verso 31: envidiar al malo, es un mal que se repite, aún en personajes de la Sagrada Escritura. El salmista en más de una oportunidad se siente invitado a envidiar la prosperidad del malvado, y se siente seducido por el bien que éste manifiesta ante los demás: "el malvado acumula riqueza, está gordo y robusto, no le importa la tierra ni le teme a Dios, siempre seguro avanza... y yo para que he observado el bien, de qué me sirve hacer el bien, estoy solo, me siente mal, nadie mira por mi vida, estoy abandonado. Señor manifiesta tu nombre sobre mí, no me abandones Dios de mi Salvación, no dejes que mis pasos sigan los caminos del mal, sino hazme caminar por el Camino, que me manifiesta la Verdad de las cosas, y que me da Vida, tu mismo Hijo, el Señor Jesús!!!

Tu intimidad Señor, ver tu Rostro, contemplar la gloria de tu nombre, ésto anhelo, esto deseo, no dejes que me consuma en la nada, hazme ver tu rostro, conocer tu intimidad, que está en el camino de hace el bien al prójimo como me enseñas en los versos 27,28, 29 y 30, para finalmente decirme este es el camino para entrar en mi seno. Señor, haz de mi un instrumento de tu paz, porque es haciendo el bien al prójimo que se encuentra la sonrisa de tu Rostro. Amén.
fray Mateo
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miércoles, 24 de septiembre de 2014

CAMBIAMOS DE RADIO !!! ESCÚCHANOS EN RADIO MARÍA DEL ROSARIO, LA RADIO DEL PUEBLO DE DIOS.

ESCÚCHANOS DESDE EL PRÓXIMO 02 DE OCTUBRE DE 16 A 17HS DE ARGENTINA

ADONAI

MYRIAM FRANK
FRAY MATEO KRUPSKY

TE ESPERAMOS.



CÁNTICO DE TOBÍAS


(Tb 13,1-10)
Dios castiga y salva

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1 Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
2 él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.

3 Dadle gracias, Israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
4 Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos.

5 Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones
por donde estáis dispersados.

6 Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

7 Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos.

8 Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.

Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizás os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.

9 Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su grandeza.
10 Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.

jueves, 28 de agosto de 2014

R.P FR. MATEO KRUPSKY ofm, DICTARA UN SEMINARIO TALLER

BUENOS DÍAS HERMANOS !!! A PARTIR DEL JUEVES 4 DE SEPTIEMBRE Y HASTA EL 02 DE OCTUBRE, DE 19:30 a 22:00 Hs

R.P FR. MATEO KRUPSKY ofm, DICTARA UN SEMINARIO TALLER

," LA IGLESIA DEL PAPA FRANCISCO",
IGLESIA DE HOY, IGLESIA DE MAÑANA,
LECTURA COMUNITARIA DE EVANGELII GAUDIUM

!! NO TE LO PIERDAS !!!

CASA DE CARITAS DIOCESANA , AMEGHINO 954, AVELLANEDA.

viernes, 15 de agosto de 2014

TU CUERPO ES SANTO Y SOBREMANERA GLORIOSO Pío XII, Const. apostólica «Munificentissimus Deus»

TU CUERPO ES SANTO Y SOBREMANERA GLORIOSO
Pío XII, Const. apostólica «Munificentissimus Deus» (1-XI-1950)
Definición dogmática de la Asunción de María

Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo.

Y, así, san Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma, con elocuencia vehemente:

«Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios».

Según el punto de vista de san Germán de Constantinopla, el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:

«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta».

Otro antiquísimo escritor afirma:

«La gloriosísima Madre de Cristo, nuestro Dios y salvador, dador de la vida y de la inmortalidad, por él es vivificada, con un cuerpo semejante al suyo en la incorruptibilidad, ya que él la hizo salir del sepulcro y la elevó hacia sí mismo, del modo que él solo conoce».

Todos estos argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último fundamento, en la Sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su destino.

Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán, íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el enemigo infernal, lucha que, como se anuncia en el protoevangelio, había de desembocar en una victoria absoluta sobre el pecado y la muerte, dos realidades inseparables en los escritos del Apóstol de los gentiles. Por lo cual, así como la gloriosa resurrección de Cristo fue la parte esencial y el último trofeo de esta victoria, así también la participación que tuvo la santísima Virgen en esta lucha de su Hijo había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal, ya que, como dice el mismo Apóstol: Cuando esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria».

Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos.

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, BENEDICTO XVI, Ángelus del 15 de agosto de 2005 y de 2006



Queridos hermanos y hermanas:

En esta solemnidad de la Asunción de la Virgen contemplamos el misterio del tránsito de María de este mundo al Paraíso: podríamos decir que celebramos su «pascua». Como Cristo resucitó de entre los muertos con su cuerpo glorioso y subió al cielo, así también la Virgen santísima, a él asociada plenamente, fue elevada a la gloria celestial con toda su persona. También en esto la Madre siguió más de cerca a su Hijo y nos precedió a todos nosotros. Junto a Jesús, nuevo Adán, que es la «primicia» de los resucitados, la Virgen, nueva Eva, aparece como «figura y primicia de la Iglesia» (Prefacio), «señal de esperanza cierta» para todos los cristianos en la peregrinación terrena (cf. LG 68).

La fiesta de la Asunción de la Virgen María, tan arraigada en la tradición popular, constituye para todos los creyentes una ocasión propicia para meditar sobre el sentido verdadero y sobre el valor de la existencia humana en la perspectiva de la eternidad. Queridos hermanos y hermanas, el cielo es nuestra morada definitiva. Desde allí María, con su ejemplo, nos anima a aceptar la voluntad de Dios, a no dejarnos seducir por las sugestiones falaces de todo lo que es efímero y pasajero, a no ceder ante las tentaciones del egoísmo y del mal que apagan en el corazón la alegría de la vida.

La tradición cristiana ha colocado en el centro del verano una de las fiestas marianas más antiguas y sugestivas, la solemnidad de la Asunción de la santísima Virgen María. La liturgia nos recuerda hoy esta consoladora verdad de fe, mientras canta las alabanzas de la Virgen María, coronada de gloria incomparable. «Una gran señal apareció en el cielo -leemos hoy en el pasaje del Apocalipsis que la Iglesia propone a nuestra meditación-: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1). En esta mujer resplandeciente de luz los Padres de la Iglesia han reconocido a María. El pueblo cristiano peregrino en la historia vislumbra en su triunfo el cumplimiento de sus expectativas y la señal cierta de su esperanza.

María es ejemplo y apoyo para todos los creyentes: nos impulsa a no desalentarnos ante las dificultades y los inevitables problemas de todos los días. Nos asegura su ayuda y nos recuerda que lo esencial es buscar y pensar «en las cosas de arriba, no en las de la tierra». En efecto, inmersos en las ocupaciones diarias, corremos el riesgo de creer que aquí, en este mundo, en el que estamos sólo de paso, se encuentra el fin último de la existencia humana.

En cambio, el cielo es la verdadera meta de nuestra peregrinación terrena. ¡Cuán diferentes serían nuestras jornadas si estuvieran animadas por esta perspectiva! Así lo estuvieron para los santos: su vida testimonia que cuando se vive con el corazón constantemente dirigido a Dios, las realidades terrenas se viven en su justo valor, porque están iluminadas por la verdad eterna del amor divino.

Antífona que reiteraba san Francisco:






-Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las mujeres, hija y esclava del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros con san Miguel arcángel y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro (OfP Ant).

lunes, 11 de agosto de 2014

SANTA CLARA DE ASÍS





Nació en Asís (Italia) el año 1193 en el seno de una familia noble. Cuando san Francisco se convirtió a Dios y empezó a predicar, Clara lo escuchaba a gusto y se entrevistaba con él en secreto. La noche del Domingo de Ramos de 1211 ó 1212, Clara abandonó la casa paterna y se consagró a Dios en la Porciúncula en manos de Francisco. Acto seguido la acompañaron al monasterio de benedictinas de San Pablo de Bastia, de donde pasó más tarde a la iglesia del Santo Ángel de Panzo y luego a San Damián. Pronto la siguieron otras jóvenes, y con ellas, bajo la guía de Francisco, se formó en San Damián, a las afueras de Asís, la comunidad que se convertiría en la Orden de las Clarisas. Allí vivió Clara encerrada, en pobreza, oración y caridad, más de cuarenta años, gran parte de los cuales estuvo postrada en cama. Fue la madre y formadora, con su ejemplo y su palabra, de una gran familia monástica, parte esencial del carisma franciscano. La víspera de su muerte tuvo la alegría de ver aprobada por el Papa su Regla propia. Murió en San Damián el 11 de agosto de 1253, y la canonizó Alejandro IV el 15 de agosto de 1255.-



Oración: Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

sábado, 9 de agosto de 2014

ADONAI, FUNDACIÓN MONS. DI PASQUO

Francisco se Comunico con Radio Comunitaria ARGENTINA


El Papa Francisco se Comunico con Radio Comunitaria | Comunicacion Hstorica del Papa en Campo Gallo Argentina.














Francisco por radio pide a los jóvenes escuchar la llamada de Jesús
Texto completo de la conversación telefónica del Papa en el Vaticano con dos sacerdotes en una radio de las parroquias más pobres de Argentina


El papa Francisco concedió este viernes una entrevista telefónica a los sacerdotes Joaquín Giangreco y Juan Ignacio Liébana, que fue transmitida en vivo por la radio comunal de Campo Gallo y Huachana, dos parroquias situadas a unos 200 kilómetros de la capital de Santiago del Estero, en la provincia del mismo nombre, una de las más pobres de Argentina.


"Los llevo dentro de mi corazón. El trabajo que hacen ustedes hacen, a mí me hace feliz. Así que empiezo con un saludo muy grande y mi bendición", les dijo el Santo Padre.

Interrogado por sacerdotes sobre la religiosidad popular y su cultura 
dijo:"Tengo una convicción muy grande, que nuestro pueblo no se equivoca y adora solamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
 Y junto con esta adoración a Dios, sabe que Jesús dejó a Nuestra Madre la Virgen para que nos cuidara. 
Nuestro pueblo no la adora, la quiere y la honra. Como todos nosotros que queremos y honramos a nuestra mamá, sabe que Ella nos cuida y que está en el cielo. Y nuestro pueblo adorando a Dios que es el único a quien hay que adorar y a Jesucristo que es el único a quien hay que adorar, también se deja cuidar por la Madre. Nuestro pueblo no es guacho, tiene madre y es una de las cosas más hermosas de la devoción a la Virgen, que no es adoración, sino que es cariño de un hijo por su madre. Y este pueblo se reúne para adorar a Dios y para recordar a su madre. Este es el núcleo de la piedad popular latinoamericana. Un hijo sin madre tiene el alma mutilada, un pueblo sin madre es un pueblo guacho, aguachado de soledad, de sequedad, quizás de ideas, sin la ternura que solamente da una mamá. Por eso seguimos siempre las dos cosas en la piedad popular: la adoración a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a Él solamente se adora, y el cariño y el respeto, y veneración que no es adoración a Nuestra Madre, porque nosotros no somos guachos, tenemos mamá.

En un lenguaje muy coloquial y del 'vos', estos dos sacerdotes conversaron con el Santo Padre. Le conocían desde hace mucho tiempo y uno de ellos fue ordenado por Bergoglio.


"Cada uno --prosiguió el Papa-- tiene una función, cada uno tiene un trabajo que hacer, una vocación. Ustedes dos Dios les llamó a irse allá, a dejar sus familias, la ciudad de Buenos Aires que es tan linda, y se fueron a acompañar a ese pueblo. Junto con ustedes hay mucha gente que no está viviendo allá, y que desde lejos quiere estar con ustedes. A esa gente le agradezco".

"La Iglesia --continuó el Santo Padre-- se sostiene con la piedad de los fieles. Por la plegaria, por la misa, por la eucaristía. Esa gente que va a misa, que recibe la eucaristía pidiendo por ustedes, es la que les sostiene a ustedes y a la parroquia. A ellos mi primer agradecimiento. También a quienes se privan de algún bien, de algún dinero para dárselo a ustedes. Para ellos mi cariño también. No interesa con cuánto les ayudan, lo que interesa es que les ayudan, porque los miman, y se preguntan: ¿Cómo puedo yo acompañar a estos dos curas que están tan lejos de Buenos Aires? y también de otras ciudades desde donde les ayudan. A esos hombres y mujeres les hago llegar un gran saludo y mi gratitud. Y de manera especial quiero mencionar a dos tipos de personas que son los que Jesús mira con más cariño: las abuelas y los abuelos, y los chicos. Cuántas abuelas y abuelos rezan por ustedes, cuántos chicos rezan por ustedes y sostienen el trabajo de su pueblo. A ellos les envío un gran cariño, junto con mi bendición”.

En el diálogo retransmitido por varios medios locales y puesto en youtube, en el que se siente el sonido un poco metálico de una radio pequeña, el Papa destacó la importancia de la Iglesia como institución.

“El peregrino --dijo el papa Francisco-- es una imagen de lo que es la Iglesia, porque la Iglesia es peregrina. Jesús fundó una Iglesia en camino, una Iglesia peregrina. Cuando la Iglesia está quieta, deja de ser Iglesia y es una asociación civil. Nuestra Iglesia es Iglesia en doble salida: con la adoración a Dios y la oración; y otra salida hacia los hermanos, para ayudarlos, acompañarlos y cumplir las obras de misericordia que Jesús nos enseño, y que están en el capítulo 25 de san Mateo. El peregrino que visita un templo para gloria de Dios y adorar a Dios, y para venerar y honrar a la Madre, ese peregrino tienen la vocación de caminar que tiene la Iglesia. Que nuestra Iglesia no se canse nunca de caminar porque en el camino encontramos ese sentido que Dios quiere de su pueblo: un pueblo en camino".

Porque "cuando una comunidad cristiana está quieta le pasa como al agua estancada, que es la primera que se corrompe. Cuando una comunidad no peregrina, no sólo a pié sino con el corazón, y no tiene un corazón peregrino más allá de si mismo, sea para adorar a Dios o para ayudar a sus hermanos, esa iglesia está moribunda y hay que resucitarla rápido. Así que a aquellos que están trabajando para construir una casa de Dios, que sea meta de peregrinación, sepan que eso es símbolo de la Iglesia que camina. Y esa peregrinación que hacen una vez al año allí, es un peregrinaje que tienen que hacer todos los días en la vida cotidiana. Un peregrinaje a Dios para adorarlo, un peregrinaje hacia la Virgen, para venerarla y quererla y hacia los más necesitados de nuestro pueblo”.

Respondiendo a otras inquietudes de uno de los sacerdotes, el Papa invitó a evitar las críticas destructivas.

"Trabajar por la unidad siempre va a ser importante. Siempre va a haber diferencias, va a haber peleas, el asunto es no dejarlas crecer. Hacer que las cosas se arreglen entre hermanos, hay que hablarlas sí, pero con Dios. No hay que sacarle el cuero al otro. Lo que más le hace daño a la Iglesia, a los pueblos y a la Nación es la crítica destructiva. O sea andar sacándose el cuero. Eso no es cristiano".

Interrogado por la escasez de sacerdotes en la diócesis de Añatuya dijo:

"Como dijo Jesús, recen para que Dios mande pastores a la mies. El corazón de Dios no es indiferente a la oración de su pueblo. Recen al Señor para que mande pastores. Y a los jóvenes les diría que si sienten el llamado de Jesús no tengan miedo. Que vean todo el bien que pueden hacer, todo el consuelo que pueden dar, todo elmensaje cristiano que pueden transmitir y no tengan miedo. La vida es para jugarla, no es para guardarla. Jesús dice, el que cuida mucho su vida acaba perdiéndola. La vida es para darla. Y así uno es fecundo. Si alguno siente que Dios le pide dar la vida en el sacerdocio, que no tenga miedo. Hay que apostar a cosas grandes y no a pequeñas cositas. Y si siente que Jesús lo llama a formar una familia, que sea una familia cristiana, grande, linda, con muchos hijos que lleven adelante la fe".


El Santo Padre concluyó con una bendición y repitió el lema de la radio que dice 'si el 666 es el diablo, la 99.9 es de Jesús” y les recordó “simplemente esto: Jesús es muy bueno. Jesús nos quiere. Dios nos ama. Dios nos espera siempre. Dios no se cansa de perdonarnos. Solamente que seamos humildes y pidamos perdón, y así poder seguir adelante. Dios nos hizo para que seamos felices. Y Él nos acompaña. Cuando pasamos momentos difíciles, de cruz, de dolor, Él los pasó primero y nos comprende de corazón. Yo le pido al Señor que a todos los que están escuchando les bendiga mucho, les dé fuerza, les dé ganas de vivir, y el coraje de no dejarse robar la esperanza y sobretodo les dé una caricia y les haga sonreír, y que la bendición de Dios todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos y cada uno de ustedes y permanezca para siempre".


(Texto completo, debobinado por H. Sergio Mora)
(08 de agosto de 2014) © Innovative Media Inc.
Roma, 08 de agosto de 2014
FUENTE:(Zenit.org) Redacción | 1067 hits

TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (11-X-1998)

De la homilía de S. S. Juan Pablo II
en la misa de canonización de la beata


Queridos hermanos y hermanas, Edith Stein, por ser judía, fue deportada junto con su hermana Rosa y muchos otros judíos de los Países Bajos al campo de concentración de Auschwitz, donde murió con ellos en la cámara de gas. Pocos días antes de su deportación, la religiosa, a quienes se ofrecían para salvarle la vida, les respondió: «¡No hagáis nada! ¿Por qué debería ser excluida? No es justo que me beneficie de mi bautismo. Si no puedo compartir el destino de mis hermanos y hermanas, mi vida, en cierto sentido, queda destruida».

El amor a Cristo fue el fuego que encendió la vida de Teresa Benedicta de la Cruz. Mucho antes de darse cuenta, fue completamente conquistada por él. Al comienzo, su ideal fue la libertad. Durante mucho tiempo Edith Stein vivió la experiencia de la búsqueda. Su mente no se cansó de investigar, ni su corazón de esperar. Recorrió el camino arduo de la filosofía con ardor apasionado y, al final, fue premiada: conquistó la verdad; más bien, la Verdad la conquistó. En efecto, descubrió que la verdad tenía un nombre: Jesucristo, y desde ese momento el Verbo encarnado fue todo para ella. Al contemplar, como carmelita, ese período de su vida, escribió a una benedictina: «Quien busca la verdad, consciente o inconscientemente, busca a Dios».

Edith Stein, aunque fue educada por su madre en la religión judía, a los catorce años «se alejó, de modo consciente y explícito, de la oración». Quería contar sólo con sus propias fuerzas, preocupada por afirmar su libertad en las opciones de la vida. Al final de un largo camino, pudo llegar a una constatación sorprendente: sólo el que se une al amor de Cristo llega a ser verdaderamente libre.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz llegó a comprender que el amor de Cristo y la libertad del hombre se entrecruzan, porque el amor y la verdad tienen una relación intrínseca. La búsqueda de la libertad y su traducción al amor no le parecieron opuestas; al contrario, comprendió que guardaban una relación directa.

La nueva santa nos enseña, por último, que el amor a Cristo pasa por el dolor. El que ama de verdad no se detiene ante la perspectiva del sufrimiento: acepta la comunión en el dolor con la persona amada.

Edith Stein, consciente de lo que implicaba su origen judío, dijo al respecto palabras elocuentes: «Bajo la cruz he comprendido el destino del pueblo de Dios. (...) En efecto, hoy conozco mucho mejor lo que significa ser la esposa del Señor con el signo de la cruz. Pero, puesto que es un misterio, no se comprenderá jamás con la sola razón».

El misterio de la cruz envolvió poco a poco toda su vida, hasta impulsarla a la entrega suprema. Como esposa en la cruz, sor Teresa Benedicta no sólo escribió páginas profundas sobre la «ciencia de la cruz»; también recorrió hasta el fin el camino de la escuela de la cruz. Muchos de nuestros contemporáneos quisieran silenciar la cruz, pero nada es más elocuente que la cruz silenciada. El verdadero mensaje del dolor es una lección de amor. El amor hace fecundo al dolor y el dolor hace profundo al amor.

Por la experiencia de la cruz, Edith Stein pudo abrirse camino hacia un nuevo encuentro con el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Padre de nuestro Señor Jesucristo. La fe y la cruz fueron inseparables para ella. Al haberse formado en la escuela de la cruz, descubrió las raíces a las que estaba unido el árbol de su propia vida. Comprendió que era muy importante para ella «ser hija del pueblo elegido y pertenecer a Cristo, no sólo espiritualmente, sino también por un vínculo de sangre».

jueves, 17 de julio de 2014

SOBRE LA VIDA ACTIVA Y LA VIDA CONTEMPLATIVA




San Gregorio Magno, Homilías sobre el libro
del profeta Ezequiel (Lib 2, Hom 2, 8-9)

La vida activa consiste en dar pan al hambriento, enseñar la sabiduría al ignorante, corregir al que yerra, reconducir al soberbio al camino de la humildad, cuidar al enfermo, proporcionar a cada cual lo que le conviene y proveer los medios de subsistencia a los que nos han sido confiados.

La vida contemplativa, en cambio, consiste, es verdad, en mantener con toda el alma la caridad de Dios y del prójimo, pero absteniéndose de toda actividad exterior y dejándose invadir por solo el deseo del Creador, de modo que ya no encuentre aliciente en actuar, sino que, descartada cualquier otra preocupación, el alma arda en deseos de ver el rostro de su Creador, hasta el punto de que comienza a soportar con hastío el peso de la carne corruptible y apetecer con todo el dinamismo del deseo unirse a los coros angélicos que entonan himnos, confundirse entre los ciudadanos del cielo y gozarse en la presencia de Dios de la eterna incorrupción.

Buen modelo de estos dos tipos de vida fueron aquellas dos mujeres, a saber, Marta y María, de la cuales una se multiplicaba para dar abasto con el servicio, mientras la otra, sentada a los pies del Señor, escuchaba las palabras de su boca. Como Marta se quejase de que su hermana no se preocupaba de echarle una mano, el Señor le contestó: Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán. Fíjate que no se reprueba la parte de Marta, pero se alaba la de María. Ni se limita a decir que María ha elegido la parte buena, sino la parte mejor, para indicar que también la parte de Marta era buena. Y por qué la parte de María sea la mejor, lo subraya a continuación diciendo: Y no se la quitarán.

En efecto, la vida activa acaba con la muerte. Pues ¿quién puede dar pan al hambriento en la patria eterna, en la que nadie tendrá hambre? ¿Quién puede dar de beber al sediento, si nadie tiene sed? ¿Quién puede enterrar a los muertos, si nadie muere? Por tanto, mientras la vida activa acaba en este mundo, la vida contemplativa, iniciada aquí, se perfecciona en la patria celestial, pues el fuego del amor que aquí comienza a arder, a la vista del Amado, se enardece todavía en su amor.

Así pues, la vida contemplativa no cesará jamás, pues logra precisamente su perfección al apagarse la luz del mundo actual.

ADONAI !!! Programa de este domingo 06/07/2014


ADONAI «Venid a mi todos los que están cansados y agobiados que yo los aliviaré»
Programa de este domingo 06/07/2014









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martes, 15 de julio de 2014

SAN BUENAVENTURA

SAN BUENAVENTURA





obispo y doctor de la Iglesia. Nació hacia el año 1218 en Bagnoregio, junto a Viterbo (Italia). Se dice que de niño había sido curado de una grave enfermedad por intercesión de san Francisco. De joven ingresó en la Orden franciscana. Estudió filosofía y teología en París y, obtenido el doctorado, las enseñó en la misma Universidad. Junto con santo Tomás reivindicó el derecho de los mendicantes a la docencia y al apostolado. Elegido general de su Orden en 1257, la gobernó con prudencia y sabiduría, convirtiéndose en una especie de segundo fundador. Nombrado obispo y cardenal de la diócesis de Albano, trabajó con gran empeño en la unión de las Iglesias de Oriente y de Occidente en el Concilio II de Lyón, ciudad en la que murió el 15 de julio de 1274. Nos legó numerosas obras teológicas y filosóficas, espirituales y místicas, luminosas y llenas de unción, que le merecieron el título de Doctor Seráfico. En la historia franciscana ha sido de particular importancia su «Leyenda mayor», biografía oficial de san Francisco, en la que se inspiró Giotto.


Dios todopoderoso, concede a cuantos hoy celebramos la fiesta de tu obispo san Buenaventura la gracia de aprovechar su admirable doctrina e imitar los ejemplos de su ardiente caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

LA SABIDURÍA MISTERIOSA REVELADA POR EL ESPÍRITU SANTO


San Buenaventura, Itinerario de la mente hacia Dios (7,1-6)

Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo, él, que es la placa de la expiación colocada sobre el arca de Dios y el misterio escondido desde el principio de los siglos. El que mira plenamente de cara esta placa de expiación y la contempla suspendida en la cruz, con la fe, con esperanza y caridad, con devoción, admiración, alegría, reconocimiento, alabanza y júbilo, este tal realiza con él la pascua, esto es, el paso, ya que, sirviéndose del bastón de la cruz, atraviesa el mar Rojo, sale de Egipto y penetra en el desierto, donde saborea el maná escondido, y descansa con Cristo en el sepulcro, como muerto en lo exterior, pero sintiendo, en cuanto es posible en el presente estado de viadores, lo que dijo Cristo al ladrón que estaba crucificado a su lado: Hoy estarás conmigo en el paraíso.

Para que este paso sea perfecto, hay que abandonar toda especulación de orden intelectual y concentrar en Dios la totalidad de nuestras aspiraciones. Esto es algo misterioso y secretísimo, que sólo puede conocer aquel que lo recibe, y nadie lo recibe sino el que lo desea, y no lo desea sino aquel a quien inflama en lo más íntimo el fuego del Espíritu Santo, que Cristo envió a la tierra. Por esto, dice el Apóstol que esta sabiduría misteriosa es revelada por el Espíritu Santo.

Si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia, no al saber humano; pregunta al deseo, no al entendimiento; pregunta al gemido expresado en la oración, no al estudio y la lectura; pregunta al Esposo, no al Maestro; pregunta a Dios, no al hombre; pregunta a la oscuridad, no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que abrasa totalmente y que transporta hacia Dios con unción suavísima y ardentísimos afectos.

Este fuego es Dios, cuyo horno, como dice el profeta, está en Jerusalén, y Cristo es quien lo enciende con el fervor de su ardentísima pasión, fervor que sólo puede comprender el que es capaz de decir: Preferiría morir asfixiado y la misma muerte. El que de tal modo ama la muerte puede ver a Dios, ya que está fuera de duda aquella afirmación de la Escritura: Nadie puede ver mi rostro y quedar con vida. Muramos, pues, y entremos en la oscuridad, impongamos silencio a nuestras preocupaciones, deseos e imaginaciones; pasemos con Cristo crucificado de este mundo al Padre, y así, una vez que nos haya mostrado al Padre, podremos decir con Felipe: Eso nos basta; oigamos aquellas palabras dirigidas a Pablo: Te basta mi gracia; alegrémonos con David, diciendo: Se consumen mi corazón y mi carne por Dios, mi lote perpetuo. Bendito sea el Señor por siempre, y todo el pueblo diga: «Amén».

sábado, 21 de junio de 2014

CANTARÉ ETERNAMENTE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR



De una carta de san Luis Gonzaga a su madre

Pido para ti, ilustre señora, que goces siempre de la gracia y del consuelo del Espíritu Santo. Al llegar tu carta, me encuentro todavía en esta región de los muertos. Pero un día u otro ha de llegar el momento de volar al cielo, para alabar al Dios eterno en la tierra de los que viven. Yo esperaba poco ha que habría realizado ya este viaje antes de ahora. Si la caridad consiste, como dice san Pablo, en estar alegres con los que ríen y llorar con los que lloran, ha de ser inmensa tu alegría, madre ilustre, al pensar que Dios me llama a la verdadera alegría, que pronto poseeré con la seguridad de no perderla jamás.

Te he de confesar, ilustre señora, que, al sumergir mi pensamiento en la consideración de la divina bondad, que es como un mar sin fondo ni litoral, no me siento digno de su inmensidad, ya que él, a cambio de un trabajo tan breve y exiguo, me invita al descanso eterno y me llama desde el cielo a la suprema felicidad, que con tanta negligencia he buscado, y me promete el premio de unas lágrimas que tan parcamente he derramado.

Considéralo una y otra vez, ilustre señora, y guárdate de menospreciar esta infinita benignidad de Dios, que es lo que harías si lloraras como muerto al que vive en la presencia de Dios y que, con su intercesión, puede ayudarte en tus asuntos mucho más que cuando vivía en este mundo. Esta separación no será muy larga; volveremos a encontrarnos en el cielo, y todos juntos, unidos a nuestro Salvador, lo alabaremos con toda la fuerza de nuestro espíritu y cantaremos eternamente sus misericordias, gozando de una felicidad sin fin. Al morir, nos quita lo que antes nos había prestado, con el solo fin de guardarlo en un lugar más inmune y seguro, y para enriquecernos con unos bienes que superan nuestros deseos.

Todo esto lo digo solamente para expresar mi deseo de que tú, ilustre señora, así como los demás miembros de mi familia, consideréis mi partida de este mundo como un motivo de gozo, y para que no me falte tu bendición materna en el momento de atravesar este mar hasta llegar a la orilla en donde tengo puestas todas mis esperanzas. Así te he escrito, porque estoy convencido de que ésta es la mejor manera de demostrarte el amor y respeto que te debo como hijo.

sábado, 7 de junio de 2014

LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO Del libro de san Basilio Magno sobre el Espíritu Santo



¿Quién, habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu, no siente levantado su ánimo y no eleva su pensamiento hacia la naturaleza divina? Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de verdad que procede del Padre; Espíritu firme, Espíritu generoso, Espíritu Santo son sus apelativos propios y peculiares.

Hacia él dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la consecución de su fin propio y natural.

Él es fuente de santidad, luz para la inteligencia; él da a todo ser racional como una luz para entender la verdad.

Aunque inaccesible por naturaleza, se deja comprender por su bondad; con su acción lo llena todo, pero se comunica solamente a los que encuentra dignos, no ciertamente de manera idéntica ni con la misma plenitud, sino distribuyendo su energía según la proporción de la fe.

Simple en su esencia y variado en sus dones, está íntegro en cada uno e íntegro en todas partes. Se reparte sin sufrir división, deja que participen en él, pero él permanece íntegro, a semejanza del rayo solar cuyos beneficios llegan a quien disfrute de él como si fuera único, pero, mezclado con el aire, ilumina la tierra entera y el mar.

Así el Espíritu Santo está presente en cada hombre capaz de recibirlo, como si sólo él existiera y, no obstante, distribuye a todos gracia abundante y completa; todos disfrutan de él en la medida en que lo requiere la naturaleza de la criatura, pero no en la proporción con que él podría darse.

Por él los corazones se elevan a lo alto, por su mano son conducidos los débiles, por él los que caminan tras la virtud llegan a la perfección. Es él quien ilumina a los que se han purificado de sus culpas y al comunicarse a ellos los vuelve espirituales.

Como los cuerpos limpios y transparentes se vuelven brillantes cuando reciben un rayo de sol y despiden de ellos mismos como una nueva luz, del mismo modo las almas portadoras del Espíritu Santo se vuelven plenamente espirituales y transmiten la gracia a los demás.

De esta comunión con el Espíritu procede la presciencia de lo futuro, la penetración de los misterios, la comprensión de lo oculto, la distribución de los dones, la vida sobrenatural, el consorcio con los ángeles; de aquí proviene aquel gozo que nunca terminará, de aquí la permanencia en la vida divina, de aquí el ser semejantes a Dios, de aquí, finalmente, lo más sublime que se puede desear: que el hombre llegue a ser como Dios.

lunes, 2 de junio de 2014

Programa del Domingo 01/06/2014



Adonai, Programa del domingo 01/06/2014 
Entrevista al

Padre José Antonio Medina Pellegrini
Capellán de las Religiosas de María Inmaculada
 De Cádiz, España
Director espiritual del Seminario Diocesano San Bartolomé, Cádiz, España.


 Quien nos presenta su nuevo libro:

 “Brochero, el discípulo misionero”, vida, pensamientos y devocionario del nuevo Beato con textos del papa Francisco, realizado por Editorial Bonum, Buenos Aires, Argentina.



LOS QUE SON COMPAÑEROS DE CRISTO EN EL SUFRIR TAMBIÉN LO SON EN EL BUEN ÁNIMO


Orígenes: De la Exhortación al martirio

Si hemos pasado de la muerte a la vida, al pasar de la infidelidad a la fe, no nos extrañemos de que el mundo nos odie. Pues quien no ha pasado aún de la muerte a la vida, sino que permanece en la muerte, no puede amar a quienes salieron de las tinieblas y han entrado, por así decirlo, en esta mansión de la luz edificada con piedras vivas.

Jesús dio su vida por nosotros; demos también nuestra vida, no digo por él, sino por nosotros mismos y, me atrevería a decirlo, por aquellos que van a sentirse alentados por nuestro martirio.

Nos ha llegado, oh cristiano, el tiempo de gloriarnos. Pues dice la Escritura: Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia; la constancia, virtud probada; la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo; aceptemos, pues, con gran gozo los padecimientos de Cristo, y que se multipliquen en nosotros, si realmente apetecemos un abundante consuelo, como lo obtendrán todos aquellos que lloran. Pero este consuelo seguramente superará a los sufrimientos, ya que, si hubiera una exacta proporción, no estaría escrito: Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, rebosa en proporción nuestro ánimo.

Los que se hacen solidarios de Cristo en sus padecimientos participarán también, de acuerdo con su grado de participación, en sus consuelos. Tal es el pensamiento de Pablo, que afirma con toda confianza: Si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo.

Dice también Dios por el Profeta: En el tiempo de gracia te he respondido, en el día de salvación te he auxiliado. ¿Qué tiempo puede ofrecerse más aceptable que el momento en el que, por nuestra fe en Dios por Cristo, somos escoltados solemnemente al martirio, pero como triunfadores, no como vencidos?

Los mártires de Cristo, con su poder, derrotan a los principados y potestades y triunfan sobre ellos, para que, al ser solidarios de sus sufrimientos, tengan también parte en lo que él consiguió por medio de su fortaleza en los sufrimientos.

Por tanto, el día de salvación no es otro que aquel en que de este modo salís de este mundo.

Pero, os lo ruego: Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca deis a nadie motivo de escándalo; al contrario, continuamente dad prueba de que sois ministros de Dios con lo mucho que pasáis, diciendo: Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? Tú eres mi confianza.

* * *

martes, 27 de mayo de 2014

CONTEMPLAR Y VIVIR CON FRANCISCO Y CLARA DE ASÍS EL MISTERIO DE CRISTO EUCARÍSTICO



por Michel Hubaut, franciscano

Celebrar la comida del Señor:
rendirle «el homenaje» de toda nuestra vida

Ante la grandeza y la actualidad del don de la Eucaristía, Francisco apremia a sus hermanos a hacer el vacío en sí mismos para acoger al que es todo: «Nada de vosotros retengáis para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero» (CtaO 29). ¿Cómo no dar todo al que se nos da todo? En la Eucaristía, la vida eterna encuentra la historia del hombre, el Viviente encuentra al hombre mortal. ¡Qué prodigioso intercambio!

La respuesta del hombre, en la fe, exige la disponibilidad, la pureza de intención y el homenaje de nuestro amor. Es lo que Francisco expresa con frecuencia mediante las palabras respeto (reverentia) y honor. «Os ruego a todos vosotros, hermanos, besándoos los pies y con la caridad que puedo, que manifestéis toda reverencia y todo honor, tanto cuanto podáis, al santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo... Gran miseria y miserable debilidad, que cuando lo tenéis tan presente a él en persona, vosotros os preocupéis de cualquier otra cosa en todo el mundo» (CtaO 12.25).

El temor respetuoso que siente el Poverello ante la presencia eucarística es el de toda la Biblia ante la transcendencia del Dios Altísimo. Encuentra, por otra parte, espontáneamente el gesto oriental de la adoración: la prosternación, frente en tierra, como Moisés ante la Zarza ardiente.

En una época en que un poco en todas partes, en Italia, sobre todo en Lombardía, estallaban motines populares contra los sacerdotes indignos y en que numerosos herejes ponían en duda la validez de sus sacramentos, Francisco manifiesta un respeto sorprendente por el sacerdocio. Escribe en su Testamento: «Si tuviera tanta sabiduría cuanta Salomón tuvo, y hallara a los pobrecillos sacerdotes de este siglo en las parroquias en que moran, no quiero predicar más allá de su voluntad. Y a éstos y a todos los otros quiero temer, amar y honrar como a mis señores» (Test 7-8).

Expresa, pues, su actitud exactamente con los mismos términos que los empleados para la Eucaristía. ¿Se trata de una sacralización abusiva del sacerdocio? Francisco mismo se explica: «Y lo hago por esto, porque nada veo corporalmente en este siglo del mismo altísimo Hijo de Dios, sino su santísimo cuerpo y su santísima sangre, que ellos reciben y ellos solos administran a los otros. Y quiero que estos santísimos misterios sean sobre todas las cosas honrados, venerados y colocados en lugares preciosos» (Test 10-11).

Este ruego no era superfluo en un tiempo en que se dejaban a veces las iglesias en un estado lamentable y aun enmohecerse el pan consagrado. El concilio IV de Letrán, en 1215, deploraba ya que en algunas iglesias los objetos de culto estaban en un abandono y en un estado de suciedad increíbles. En este sentido predica y escribe Francisco con frecuencia a los clérigos. Frecuentemente se le ve, cuando llega a un lugar, comenzar por barrer la iglesia local. Respeta infinitamente todo cuanto toca de cerca o de lejos a la presencia eucarística de su Señor, cuya dignidad parece salpicar sobre todo lo que le rodea (cf. 2 Cel 202).

Esta fe profunda en la presencia nueva de Cristo hace de él un verdadero apóstol de la eucaristía. Cinco de las ocho cartas que se nos han conservado tienen por tema central el respeto a este sacramento. Suplica a los hermanos, clérigos o laicos, que no pisoteen al Hijo de Dios, que no desdeñen y mancillen la sangre de la Alianza, que no ultrajen al Espíritu de la gracia: «Pues el hombre desprecia, mancha y conculca al Cordero de Dios cuando, como dice el Apóstol, sin diferenciar y discernir el santo pan de Cristo de otros alimentos o ritos, lo come de manera vana e indigna» (CtaO 17-19). Reaccionará siempre con vigor ante la irreverencia al Cristo eucarístico. En particular, frente a los clérigos, a quienes dirige una carta muy sentida (cf. CtaCle).

Notemos que Francisco no separa jamás palabra y Eucaristía. A sus ojos, cuerpo y palabra de Cristo son dos manifestaciones visibles, actuales del mismo Altísimo, dos modos de su presencia real. Cristo encarnado es, todavía hoy, por su palabra y sus sacramentos, el que revela a Dios y se da a sus hermanos. La Eucaristía es para Francisco redención y revelación a la vez. Coherencia espiritual que el pobrecillo de Asís ha percibido en la adoración silenciosa y en la participación en la vida litúrgica, donde todos los días estamos invitados a la mesa del pan y a la mesa de la palabra.

Y, desde luego, por algo utiliza el mismo verbo: administrar (el latín administrare significa servir), para hablar de la palabra de Dios y de la Eucaristía. Francisco pide la misma actitud de respeto para «administrar» y acoger la palabra que para «administrar» y recibir la comunión.

[Cf. el texto completo en http://www.franciscanos.org/sanfraneucaristia/hubaut.htm]

ADONAI Programa del 25_ 05_ 2014 bendiciones

viernes, 23 de mayo de 2014

EL SEÑOR EXALTA A SUS SANTOS PARA REAVIVAR LA FE DE LOS HOMBRES


De la Constitución Fidélis Dóminus,
del papa Benedicto XIV (25-III-1754)


Fiel es el Señor a su palabra, al decir frecuentemente en la Sagrada Escritura que exaltará a los que se constituyeron en imágenes fieles de su Hijo por el ejercicio de la virtud de la humildad, reservando para ellos todo honor y gloria no sólo en el reino de los cielos, sino también en el mundo presente, para su propia exaltación y aumento de la fe en los demás hombres.
Ejemplo vivo lo hallamos en el bienaventurado Francisco. Este santo varón puso especial empeño en verse pequeño y humilde ante su propia consideración y ante la estima de los demás; y hoy, por declaración expresa de la santa Madre Iglesia, es honrado entre los amigos de Dios en el cielo, y en toda la tierra. Su cuerpo glorioso, fiel trasunto de la mortificación de Cristo hasta el lecho de su muerte, ahora resplandece en sepulcro glorioso, convertido además en santuario famoso, adonde concurren los pueblos de todo el mundo a postrarse con fervor y devoción, mientras se multiplican allí los signos y prodigios.
No habían transcurrido dos años de su muerte, cuando se iniciaron las obras en lugar digno para custodiar con suma piedad sus restos mortales, en las afueras de la ciudad de Asís, junto a las murallas; lugar que el papa Gregorio IX, nuestro predecesor, hizo suyo y transfirió la propiedad a la Santa Sede Apostólica, reservando todos los derechos inherentes a la iglesia que se construiría en dicho lugar en dependencia directa y perpetua de la misma Sede Apostólica.
En la ciudad de Asís el mismo papa Gregorio IX canonizó al patriarca Francisco, y aprovechó esta efemérides para colocar él personalmente la primera piedra de la nueva iglesia, que nombró «Cabeza y Madre» de la Orden de los Menores, concediendo especiales prerrogativas y privilegios a este magnífico templo, que luego acrecentarían los romanos Pontífices.
Terminadas felizmente las obras de este magnífico templo, el 25 de mayo del año 1230, con solemne pompa fue trasladado el cuerpo de san Francisco; y el domingo anterior a la fiesta de la Ascensión del Señor, 25 de mayo de 1253, personalmente, el papa Inocencio IV, con gran solemnidad, celebró el rito de la consagración de esta iglesia.
Así pues, Nos, a ejemplo de nuestros predecesores, deseamos acrecentar su esplendor y gloria, puesto que estamos seguros de que el Patriarca seráfico impetrará del Señor más abundantes bendiciones y gracias celestes para la Iglesia Romana, cuanto la Sede Apostólica más engrandezca su extraordinaria figura. Por tanto, por la presente Constitución, valedera para siempre, erigimos dicha iglesia de San Francisco en Basílica patriarcal y Capilla papal.

sábado, 17 de mayo de 2014

GUARDÉMONOS DE TODA SOBERBIA Y VANAGLORIA


San Francisco de Asís, Primera Regla 17,5-19

Suplico en la caridad que es Dios a todos mis hermanos predicadores, orantes, trabajadores, tanto clérigos como laicos, que se esfuercen por humillarse en todas las cosas, por no gloriarse ni gozarse en sí mismos ni ensalzarse interiormente por las palabras y obras buenas, más aún, por ningún bien, que Dios hace o dice y obra alguna vez en ellos y por medio de ellos, según lo que dice el Señor: Pero no os gocéis porque los espíritus se os someten (Lc 10,20). Y sepamos firmemente que no nos pertenecen a nosotros sino los vicios y pecados. Y debemos gozarnos más bien cuando vayamos a dar en diversas tentaciones y cuando soportemos, por la vida eterna, cualquier clase de angustias o tribulaciones del alma o del cuerpo en este mundo.

Todos los hermanos, por consiguiente, guardémonos de toda soberbia y vanagloria. Y protejámonos de la sabiduría de este mundo y de la prudencia de la carne. Pues el espíritu de la carne quiere y se esfuerza mucho en tener palabras, pero poco en las obras; y no busca la religión y santidad en el espíritu interior, sino que quiere y desea tener una religión y santidad que aparezca exteriormente a los hombres. Y éstos son aquellos de quienes dice el Señor: En verdad os digo, recibieron su recompensa (Mt 6,2). Por el contrario, el espíritu del Señor quiere que la carne sea mortificada y despreciada, vil y abyecta. Y se aplica con empeño a la humildad y la paciencia y a la pura y simple y verdadera paz del espíritu. Y siempre desea, sobre todas las cosas, el temor divino y la sabiduría divina y el amor divino del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Y devolvamos todos los bienes al Señor Dios altísimo y sumo, y reconozcamos que todos los bienes son de él, y démosle gracias por todos a él, de quien proceden todos los bienes. Y el mismo altísimo y sumo, solo Dios verdadero, tenga y a él se le tributen y él reciba todos los honores y reverencias, todas las alabanzas y bendiciones, todas las gracias y gloria, de quien es todo bien, solo el cual es bueno.

Y cuando veamos u oigamos decir o hacer el mal o blasfemar contra Dios, nosotros bendigamos y hagamos bien y alabemos a Dios, que es bendito por los siglos (Rom 1,25).

martes, 13 de mayo de 2014

MARÍA SOLA ABRAZA AL QUE TODO EL UNIVERSO NO ABARCA



San Efrén, del Sermón 3 de diversis

María fue hecha cielo en favor nuestro al llevar la divinidad que Cristo, sin dejar la gloria del Padre, encerró en los angostos límites de un seno para conducir a los hombres a una dignidad mayor. Eligió a ella sola entre toda la asamblea de las vírgenes para que fuese instrumento de nuestra salvación.

En ella encontraron su culmen los vaticinios de todos los justos y profetas. De ella nació aquella brillantísima estrella bajo cuya guía vio una gran luz el pueblo, que caminaba en tinieblas.

María puede ser denominada de forma adecuada con diversos títulos. Ella es el templo del Hijo de Dios, que salió de ella de manera muy distinta a como había entrado, porque, aunque había entrado en su seno sin cuerpo, salió revestido de un cuerpo.

Ella es el nuevo cielo místico, en el que el Rey de reyes habitó como en su morada. De él bajó a la tierra mostrando ostensiblemente una forma y semejanza terrena.

Ella es la vid que da como fruto un suave olor. Su fruto, como difería absolutamente por la naturaleza del árbol, necesariamente cambiaba su semejanza por causa del árbol.

Ella es la fuente que brota de la casa del Señor, de la que fluyeron para los sedientos aguas vivas que, si alguien las gusta aunque sea con la punta de los labios, jamás sentirá sed.

Amadísimos, se equivoca quien piensa que el día de la renovación de María puede ser comparado con otro día de la creación. En el inicio fue creada la tierra; por medio de ella es renovada. En el inicio fue maldita en su actividad por el pecado de Adán, por medio de ella le es devuelta la paz y la seguridad. En el inicio, la muerte se extendió a todos los hombres por el pecado de los primeros padres, pero ahora hemos sido trasladados de la muerte a la vida. En el inicio, la serpiente se adueñó de los oídos de Eva, y el veneno se extendió a todo el cuerpo; ahora María acoge en sus oídos al defensor de la perpetua felicidad. Lo que fue instrumento de muerte, ahora se alza como instrumento de vida.

El que se sienta sobre los Querubines es sostenido ahora por los brazos de una mujer; Aquel al que todo el orbe no puede abarcar, María sola lo abraza; Aquel al que temen los Tronos y las Dominaciones, una joven lo protege; Aquel cuya morada es eterna, se sienta en las rodillas de una virgen; Aquel que tiene la tierra por escabel de sus pies, la pisa con pies de niño.

domingo, 11 de mayo de 2014

Programa del 11/05/2013 !! EL BUEN PASTOR !!!




QUE EL ALMA SE EJERCITE EN LA ORACIÓN CONSTANTE


San Buenaventura, de la "Vida perfecta para religiosas"

A quien eligió a Cristo por esposo y desea adelantar en espíritu, le es en gran manera necesario que ejercite su alma en constantes prácticas de oración y en devociones; porque, a la verdad, el religioso indevoto y tibio, que no frecuenta asiduamente la oración, no sólo es miserable e inútil, sino que delante de Dios lleva un alma muerta dentro de un cuerpo vivo.

Y tiene tanto poder la devota oración, que sirve para todo, y en todo tiempo puede el hombre ganar por medio de su ejercicio: en invierno y en verano, en tiempo sereno y de lluvias, de noche y de día, en días festivos y feriales, en enfermedad y en salud, en la juventud y en la ancianidad, estando de pie, sentado y caminando, en el coro y fuera del coro; aún más: a veces se gana más orando una hora que todo lo que pueda valer el mundo, porque con una pequeña oración devota gana el hombre el reino de los cielos.

Tres cosas te son necesarias para la perfecta oración.

La primera es que, cuando estuvieres puesta en oración, entonces, con levantado ánimo y corazón, cerrados todos los sentidos, debes sin ruido pensar con corazón dolorido y contrito en todas tus miserias, a saber, las presentes, las pasadas y las futuras.

Lo segundo que es necesario en la oración a la esposa de Dios es la acción de gracias, esto es, que con toda humildad dé gracias a Dios su Creador, por los beneficios de él recibidos ya y de los que ha de recibir en adelante. Pues nada hay que haga al hombre más digno de las gracias del Señor como el manifestársele siempre reconocido y darle gracias por los dones recibidos.

Lo tercero que necesariamente se requiere para la perfecta oración es que tu alma en la oración no piense más que en esto solo: que estás orando. Puesto que es muy indecoroso que uno hable con Dios con la boca, y el corazón esté pensando en otras cosas; que medio corazón se dirija al cielo y el otro medio se quede en la tierra.

No te engañes, no te decepciones, no pierdas el gran fruto de tu oración, no pierdas la suavidad, no vayas a frustrar la dulzura que debes sacar de la oración. Pues la oración es un vaso, con el cual se saca la gracia del Espíritu Santo de la fuente que mana de la Santísima Trinidad. Cuando estás en oración, debes recogerte toda en ti misma, y entrar con tu amado en el aposento de tu corazón, y permanecer allí sola con él solo, y olvidarte de todas las cosas exteriores, y levantarte sobre ti con todo el corazón, con toda el alma, con todo el afecto, con todo el deseo, con toda la devoción. Y no debes aflojar el espíritu de la oración, sino, por largo tiempo, subir hacia arriba por medio del ardor de la devoción, hasta que entres en el lugar del tabernáculo admirable, a la casa de Dios.
«Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor» (Salmo 24,6-7).



miércoles, 7 de mayo de 2014

Catequesis del papa Francisco




miércoles, 30 de abril de 2014

GUSTÉ Y VI Santa Catalina de Siena,


Diálogo sobre la divina providencia (Cap. 167)

¡Oh Deidad eterna, oh eterna Trinidad, que por la unión de la naturaleza divina diste tanto valor a la sangre de tu Hijo unigénito! Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo en el que cuanto más busco, más encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco. Tú sacias al alma de una manera en cierto modo insaciable, pues en tu insondable profundidad sacias al alma de tal forma que siempre queda hambrienta y sedienta de ti, Trinidad eterna, con el deseo ansioso de verte a ti, la luz, en tu misma luz.

Con la luz de la inteligencia gusté y vi en tu luz tu abismo, eterna Trinidad, y la hermosura de tu criatura, pues, revistiéndome yo misma de ti, vi que sería imagen tuya, ya que tú, Padre eterno, me haces partícipe de tu poder y de tu sabiduría, sabiduría que es propia de tu Hijo unigénito. Y el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, me ha dado la voluntad que me hace capaz para el amor.

Tú, Trinidad eterna, eres el Hacedor y yo la hechura, por lo que, iluminada por ti, conocí, en la recreación que de mí hiciste por medio de la sangre de tu Hijo unigénito, que estás amoroso de la belleza de tu hechura.

¡Oh abismo, oh Trinidad eterna, oh Deidad, oh mar profundo!: ¿podías darme algo más preciado que tú mismo? Tú eres el fuego que siempre arde sin consumir; tú eres el que consumes con tu calor los amores egoístas del alma. Tú eres también el fuego que disipa toda frialdad; tú iluminas las mentes con tu luz, en la que me has hecho conocer tu verdad.

En el espejo de esta luz te conozco a ti, bien sumo, bien sobre todo bien, bien dichoso, bien incomprensible, bien inestimable, belleza sobre toda belleza, sabiduría sobre toda sabiduría; pues tú mismo eres la sabiduría, tú, el pan de los ángeles, que por ardiente amor te has entregado a los hombres.

Tú, el vestido que cubre mi desnudez; tú nos alimentas a nosotros, que estábamos hambrientos, con tu dulzura, tú que eres la dulzura sin amargor, ¡oh Trinidad eterna!

JRJ - Mensaje del Papa Francisco a los Jóvenes

martes, 22 de abril de 2014

QUE TE CONOZCA Y TE AME PARA QUE ENCUENTRE EN TI MI ALEGRÍA


Del libro "Proslogion" de san Anselmo (caps. 14, 16, 26)

¿Has encontrado, alma mía, lo que buscabas? Buscabas a Dios, y has encontrado que él está por encima de todas las cosas, que nada mejor que él se puede imaginar, y que él es la vida, la luz, la sabiduría, la bondad, la bienaventuranza eterna y la eternidad dichosa; él está por todas partes y siempre.

Señor Dios mío, creador y restaurador de mi ser, di a mi alma deseosa que eres otro del que ella ha visto para que vea limpiamente lo que desea. Intenta ver más, pero no ve nada más de lo que ha visto, sino tinieblas. En verdad no ve tinieblas, puesto que en ti no existen, pero ve que no puede ver más por sus propias tinieblas.

De verdad, Señor, que esta luz en la que habitas es inaccesible, pues no existe nadie que pueda penetrar esta luz para contemplarte. Yo no la veo, pues es excesiva para mí, y, sin embargo, todo lo que veo lo veo por ella, del mismo modo que el ojo débil, lo que ve, lo ve por la luz del sol, aunque no pueda mirarlo directamente.

¡Mi entendimiento no puede alcanzar esa luz!; es demasiado resplandeciente para comprenderla, y tampoco los ojos de mi alma soportan el mirarla por mucho tiempo. Su fulgor la deslumbra, su sublimidad la supera, su inmensidad la anonada, su amplitud la ofusca.

¡Oh luz suprema e inaccesible! ¡Oh verdad íntegra y feliz, qué lejos estás de mí que estoy tan cerca de ti! ¡Qué lejos estás de mi presencia, mientras yo siempre estoy en la tuya!

En todas partes estás presente e íntegra, y yo no te veo. Me muevo y existo en ti, y, sin embargo, no puedo alcanzarte. Estás dentro y alrededor de mí y no te siento.

Te ruego, Señor, que te conozca y te ame para que encuentre en ti mi alegría. Y si en esta vida no puedo alcanzar la plenitud, que al menos crezca de día en día hasta que llegue a aquella plenitud. Que en esta vida se haga más profundo mi conocimiento de ti, para que allí sea completo; que tu amor crezca en mí para que allí sea perfecto, y que mi alegría, grande en esperanza, sea completa en la posesión.

Señor, por medio de tu Hijo nos ordenas e incluso nos aconsejas que pidamos, y prometes que recibiremos, para que nuestro gozo sea perfecto. Yo te pido, Señor, como nos aconsejas por medio de nuestro admirable consejero, que reciba lo que prometes por tu fidelidad, para que mi gozo sea perfecto. Yo te pido, Dios veraz, que reciba, para que mi gozo sea perfecto.

Entre tanto, que esto sea lo que medite mi mente, proclame mi lengua, ame mi corazón y hable mi boca. Que sea el hambre de mi alma, y la sed de mi cuerpo: que todo mi ser lo desee, hasta que entre en el gozo del Señor, que es Dios trino y uno, bendito en todos los siglos. Amén.