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jueves, 7 de noviembre de 2013

ESENCIA Y UNICIDAD DE LA CARIDAD


De la «Ordinatio», del beato Juan Duns Escoto

La caridad es la virtud por la que amamos a Dios. Puede amarse a Dios con un amor exclusivo y sin querer tener ningún co-amante (a la manera que un hombre celoso y enamorado de su mujer no quiere que ésta sea amada por otros). Pero tal actitud no sería ni ordenada ni perfecta.

Ciertamente no sería ordenada, porque Dios, que es un bien común, no quiere ser un bien exclusivo de nadie; ni conforme a la recta razón, nadie debe apropiarse de este bien común. Por eso, el amor que tienda a este común bien como si fuera un bien propio en exclusiva, que no debe ser amado y poseído simultáneamente por otros, sería un amor desordenado.

Sería, además, una actitud imperfecta, pues quien ama con perfección quiere que aquel a quien ama sea amado por los otros. Por eso, al infundir Dios esta virtud, por la cual el alma tiende a Él de manera ordenada y perfecta, infunde la virtud de amarle como bien común y, al mismo tiempo, como objeto de amor por parte de otros. Así pues, la virtud de la caridad, que proviene de Dios, induce también a desear que Dios sea amado y querido por otros.

Y del mismo modo que la virtud de la caridad induce a la persona a amar a Dios en sí mismo de manera ordenada y perfecta, así también le induce a querer que Dios sea amado tanto por ella misma cuanto por cualquier otra persona cuya amistad le sea grata.

De ello resulta evidente en qué sentido la virtud de la caridad es una única virtud, porque no tiende en primer término a varios objetos, sino que considera a solo Dios como objeto primario en sí mismo; y, secundariamente, la caridad quiere que todos amen a Dios y, por el amor, Él sea poseído por quienquiera, tal como es en sí, pues en esto consiste el amor perfecto y ordenado. Y, al querer esto así, me amo a mí mismo y amo al prójimo por caridad, al desear que tanto yo como mi prójimo amemos y poseamos por medio de la caridad a Dios en sí mismo.

Por tanto, es evidente que por la virtud de la caridad amo a Dios y quiero que tú ames a Dios. Y esto lo quiero por caridad, pues de acuerdo con esto quiero para ti un bien que te corresponde en justicia.

Y en consecuencia de esto, no se designa al prójimo como segundo objeto de la caridad, sino como objeto totalmente accidental, en cuanto que es alguien que puede amar junto conmigo al Amado, de manera perfecta y ordenada; y lo amo precisamente para que él ame a Dios junto conmigo. Al actuar así, lo amo como accidentalmente, no por él mismo, sino en razón del objeto que quiero que sea co-amado por él. Y queriendo que Dios sea amado por él, le estoy deseando implícitamente el bien: un bien que le corresponde por justicia.

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