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miércoles, 30 de octubre de 2013

India; premio Madre Teresa al motociclista que ayuda a los niños soldado


Desde hace 13 años Sam Childers lucha para liberar de la esclavitud de la guerra a los menores de Uganda y de Sudán

REDACCIÓN
ROMA

Un reconocimiento que «pertenence a los miles de niños soldado en Sudán y en el resto del mundo, que viven con el miedo constante y con amenazas todos los días». Sam Childers, motociclista estadounidense, agradeció de esta manera a la Harmony Foundation que le otorgó el Premio Internacional Madre Teresa. Oriundo de Pennsylvania, Sam abandonó una vida de drogas y de violencia para abrazar el cristianismo. Desde hace 13 años lucha para liberar de la esclavitud de la guerra a los niños de Uganda y de Sudán. La ceremonia de premiación se llevó a cabo en el Leela de Mumbai.


«Nunca hay que poner límites –declaró a la agencia AsiaNews– a lo que cada uno de nosotros puede hacer para lasvar la vida de un niño. No puedo aceptar, ni creer que un niño inocente sea desmembrado. No puedo aceptar que los niños pierdan orejas, narices, brazos, piernas. Cuando se habla de justicia social es esencial comprometerse para obtenerla». También la hermana Prema, superiora de las Misioneras de la Caridad, envió un mensaje para felicitar al vencedor. «La beata Madre Teresa de Calcuta era una mujer increíble, admiro su valentía. A pesar de los obstáculos nunca retrocedió en su misión, y yo la sigo como ejemplo. No limitemos lo que podemos hacer por Dios, y Él no pondrá límites a lo que puede hacer por nosotros».


La Harmony Foundation, que fue fundada en octubre de 2005, trabaja para asegurarse de que la herencia de Madre Teresa sea honrada y que la justicia social prevalezca. Abraham Mathai, fundador y presidente de la asociación, explicó que «la Harmony Foundation se bate para volver a dar confianza en la conpasión. Al dar un reconocimiento a las personas y organizaciones que trabajan para la sociedad, esperamos resaltar la tolerancia, la igualdad social y la paz».


http://vaticaninsider.lastampa.it/es/noticias/dettagliospain/articolo/india-india-india-29127/

Fuente:www.vaticaninsider.es

SEMBRAD JUSTICIA, Y COSECHARÉIS MISERICORDIA


San Basilio Magno, Homilía 3, 6, sobre la caridad

Oh hombre, imita a la tierra; produce fruto igual que ella, no sea que parezcas peor que ella, que es un ser inanimado. La tierra produce unos frutos de los que ella no ha de gozar, sino que están destinados a tu provecho. En cambio, los frutos de beneficencia que tú produces los recolectas en provecho propio, ya que la recompensa de las buenas obras revierte en beneficio de los que las hacen. Cuando das al necesitado, lo que le das se convierte en algo tuyo y se te devuelve acrecentado. Del mismo modo que el grano de trigo, al caer en tierra, cede en provecho del que lo ha sembrado, así también el pan que tú das al pobre te proporcionará en el futuro una ganancia no pequeña. Procura, pues, que el fin de tus trabajos sea el comienzo de la siembra celestial: Sembrad justicia, y cosecharéis misericordia, dice la Escritura.

Tus riquezas tendrás que dejarlas aquí, lo quieras o no; por el contrario, la gloria que hayas adquirido con tus buenas obras la llevarás hasta el Señor, cuando, rodeado de los elegidos, ante el juez universal, todos proclamarán tu generosidad, tu largueza y tus beneficios, atribuyéndote todos los apelativos indicadores de tu humanidad y benignidad. ¿Es que no ves cómo muchos dilapidan su dinero en los teatros, en los juegos atléticos, en las pantomimas, en las luchas entre hombres y fieras, cuyo solo espectáculo repugna, y todo por una gloria momentánea, por el estrépito y aplauso del pueblo?

Y tú, ¿serás avaro, tratándose de gastar en algo que ha de redundar en tanta gloria para ti? Recibirás la aprobación del mismo Dios, los ángeles te alabarán, todos los hombres que existen desde el origen del mundo te proclamarán bienaventurado; en recompensa por haber administrado rectamente unos bienes corruptibles, recibirás la gloria eterna, la corona de justicia, el reino de los cielos. Y todo esto te tiene sin cuidado, y por el afán de los bienes presentes menosprecias aquellos bienes que son el objeto de nuestra esperanza. Ea, pues, reparte tus riquezas según convenga, sé liberal y espléndido en dar a los pobres. Ojalá pueda decirse también de ti: Reparte limosna a los pobres, su caridad es constante.

Deberías estar agradecido, contento y feliz por el honor que se te ha concedido, al no ser tú quien ha de importunar a la puerta de los demás, sino los demás quienes acuden a la tuya. Y en cambio te retraes y te haces casi inaccesible, rehuyes el encuentro con los demás, para no verte obligado a soltar ni una pequeña dádiva. Sólo sabes decir: «No tengo nada que dar, soy pobre». En verdad eres pobre y privado de todo bien: pobre en amor, pobre en humanidad, pobre en confianza en Dios, pobre en esperanza eterna.

martes, 29 de octubre de 2013

Oracion por las familias Papa Francisco.

Al culminar la Misa celebrada en la Plaza San Pedro este domingo, el Papa Francisco elevó una oración por las familias, ante el ícono de la Sagrada Familia de Nazaret.



"Jesús, María y José
A ustedes, la Sagrada Familia de Nazaret,
Hoy miramos con admiración y confianza;
En vosotros contemplamos
La belleza de la comunión en el amor verdadero;
A ustedes encomendamos a todas nuestras familias,
Y a que se renueven en las maravillas de la gracia.

Sagrada Familia de Nazaret,
Atractiva escuela del Santo Evangelio:
Enséñanos a imitar sus virtudes
Con una sabia disciplina espiritual,
Danos una mirada limpia
Que reconozca la acción de la Providencia
En las realidades cotidianas de la vida.

Sagrada Familia de Nazaret,
Fiel custodia del ministerio de la salvación:
Haz nacer en nosotros la estima por el silencio,
Haz de nuestras familias círculos de oración
Y conviértelas en pequeñas iglesias domésticas,
Renueva el deseo de santidad,
Sostener la noble fatiga del trabajo, la educación,
La escucha, la comprensión y el perdón mutuo.

Sagrada Familia de Nazaret,
Despierta en nuestra sociedad la conciencia
Del carácter sagrado e inviolable de la familia,
Inestimable e insustituible.

Que cada familia sea acogedora morada de Dios y de la paz
Para los niños y para los ancianos,
Para aquellos que están enfermos y solos,
Para aquellos que son pobres y necesitados.

Jesús, María y José,
A ustedes con confianza oramos,
A ustedes con alegría nos confiamos".

Fuente: ACI Prensa

En diversos medios se ha dado a conocer que en la madrugada de hoy el Sacerdote Capuchino, iniciador de los Talleres de Oración y Vida y escritor de gran cantidad de libros sobre espiritualidad, Padre Ignacio Larrañaga ha fallecido en México.

Fray Ignacio Larrañaga, ofm. cap.
Que descanse en Paz. Gracias por su labor pastoral y de evangelización. Dios le acoja en su morada celestial.


El Papa anuncia que visitará Uruguay, Argentina y Chile después de 2016

El Papa anuncia que visitará Uruguay, Argentina y Chile después de 2016






VATICANO, 26 Oct. 13 / 10:55 am (ACI/EWTN Noticias).- Al recibir en audiencia hoy a un grupo de ex alumnos jesuitas de Uruguay, el Papa Francisco anunció que no antes de 2016 visitará Uruguay, junto con Argentina y Chile.


Tras agradecerles su visita, el Santo Padre dijo a los visitantes uruguayos que “no sé cuándo está planeado ir allá, antes del dieciséis no, seguro. Pero lo que sí es seguro es que si visito Argentina, tengo que visitar Chile y Uruguay, los tres juntos. Así que estaremos allí”.


Francisco se alegró de que entre los ex alumnos jesuitas “veo que hay muchos chicos; es una promesa y una esperanza. A mí esto me trae muchos recuerdos de los compañeros que han organizado esto, y cosas lindas”.


“¡Me traen tantos recuerdos de allá!” les dijo el Santo Padre, reparando en que “lo único que me extraña es que no haya ninguno con el mate. ¿No se animaron? Ahí les faltó la veta uruguaya. Porque cuando vino el Presidente de ustedes estábamos con el mate. Bueno, gracias en serio”.


En sus palabras finales, como acostumbra siempre, el Papa les pidió que recen por él y por sus colaboradores en el Vaticano.


“Les agradezco todo de nuevo, y les pido un favor, que recen por mí, ¿eh? Porque acá la gente es muy buena, son buenos compañeros y todos trabajan juntos, pero el trabajo es mucho, y no se da abasto. Recen por mí, por los colaboradores, para que podamos seguir adelante. ¿Eh? Gracias, muchas gracias”.

Papa Francisco e o menino insistente

sábado, 26 de octubre de 2013

Gino Candia Domingo 27 en Adonai

 
Mañana escucha la entrevista a Gino Candia
invitado especial de Adonai.
 
 
 
 
 

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Manda tu lluvia, Gino Candia



Invitado de  Adonai

APRENDER A ORAR CON FRANCISCO Y CLARA DE ASÍS


por Michel Hubaut, OFM

Cuando el deseo se torna plegaria y actúa el Espíritu

Sin duda, el hombre creado para la vida de Dios no podrá jamás, aquí abajo, en los límites de su condición terrestre, abrazar totalmente la dicha tan ansiada. Francisco y Clara tuvieron algunos días viva conciencia dolorosa de ello. Pero sus vidas testimonian la grandeza del hombre, de este ser inacabado que aspira al absoluto del amor para el que ha sido concebido. Como los ríos que, por largos e innumerables meandros, prosiguen incansables su curso al océano, así mismo manifiestan sus vidas la hondura y la finalidad de nuestros deseos: el amor del Creador. Francisco y Clara son de los que esclarecen el enigma de nuestros deseos humanos, insaciables, invisibles, impregnados de Dios que ha querido hacer de sus criaturas seres de deseo, con el fin de tener el gozo de colmarlos. El hombre es un deseo de plenitud.

San Agustín, tras una búsqueda tan tumultuosa de la dicha, decía: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». El Espíritu viene a habitar el deseo del hombre para hacerlo deseo de Dios, búsqueda de lo infinito, plegaria.

Finalmente, ¿es la plegaria otra cosa que el encuentro de dos deseos: el de Dios, que desea colmar a su criatura, y el del hombre que desea encontrar la dicha? «Tu plegaria es el deseo. Y en Dios, el deseo de dar es todavía mayor que nuestro deseo de recibir», escribía san Agustín.

Por eso, nada comprenderíamos de la vida de Francisco y de Clara, menos todavía su vida interior, si olvidáramos la acogida incondicional del Espíritu. Su seguimiento radical de Jesucristo, su fidelidad a veces heroica, su intimidad con el Bien Amado y el Esposo, la irradiación contagiosa de su vida, son una manifestación de lo que el poder del Espíritu es capaz de realizar cuando el hombre y la mujer, unas frágiles criaturas, se dejan moldear.

Nosotros, infatigables buscadores de la dicha, creemos llamar a la puerta del Señor, cuando somos nosotros, en realidad, los que le abrimos la puerta por nuestra plegaria. Porque Dios no tiene más que un deseo: colmar el nuestro de vivir y de ser dichosos. «Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20).

Quisiera concluir con una de las más bellas plegarias de Francisco y probablemente una de las obras maestras de los escritos espirituales del siglo XIII. Encontramos en ella una síntesis admirable de toda su vida interior:

«Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén» (CtaO 50-52).

Prosternado ante la omnipotencia eterna de Dios, Francisco tiene una conciencia aguda de los límites del hombre. Aunque establecido en el culmen de la creación, el hombre sigue siendo un ser marcado por la finitud, incapaz de entrar por sí en relación con el infinito, con la realidad invisible.

Dios solo, por su misericordia, puede colmar este abismo infranqueable, tomar la iniciativa de este encuentro, permitir este diálogo entre él, el Creador, y su criatura. Todo es gracia. Por lo demás, Francisco nada pide para sí mismo. No pide sino una cosa: estar siempre de acuerdo con el deseo de Dios, con su santa voluntad de amor y poder cumplirla siempre. Su plegaria no es sino un deseo de conformidad en el amor. Y esto no puede ser sino un don de su gracia.

La escucha misma de esta plegaria será también la obra de Dios, actuando por las tres personas de la Santísima Trinidad. Notemos con qué profundidad describe Francisco la estructura trinitaria de la vida cristiana. El Espíritu Santo es su fuente dinámica. Es el fuego interior que purifica, ilumina e inflama el corazón del hombre.

Espléndida plegaria que, en su brevedad, resume toda la espiritualidad franciscana: acoger al Espíritu del Señor a fin de poder seguir los pasos de Jesucristo y llegar así al reino del Padre. El Espíritu es el soplo interior, fe-luz y amor-fuego de esta aventura. Cristo es el itinerario obligado. Y el Padre es la meta última. ¿No está aquí toda la santidad cristiana? Recalquemos cómo Francisco insiste sobre la gracia acogida en la plegaria y sin la que el «retorno» a Dios es imposible para el hombre.

[Cf. M. Hubaut, Cristo nuestra dicha. Aprender a orar con Francisco y Clara de Asís. Aránzazu, 1990, pp. 9-26]

(dirfran@franciscanos.org)

SI SOMOS OVEJAS, VENCEMOS; SI NOS CONVERTIMOS EN LOBOS, SOMOS VENCIDOS


San Juan Crisóstomo, Homilía 33,1.2
sobre el evangelio de san Mateo

Mientras somos ovejas, vencemos y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número; pero, si nos convertimos en lobos, entonces somos vencidos, porque nos vemos privados de la protección del Pastor. Éste, en efecto, no pastorea lobos, sino ovejas, y, por esto, te abandona y se aparta entonces de ti, porque no le dejas mostrar su poder.

Es como si dijera: «No os alteréis por el hecho de que os envío en medio de lobos y, al mismo tiempo, os mando que seáis como ovejas y como palomas. Hubiera podido hacer que fuera al revés y enviaros de modo que no tuvierais que sufrir mal alguno ni enfrentaros como ovejas ante lobos, podía haberos hecho más temibles que leones; pero eso no era lo conveniente, porque así vosotros hubierais perdido prestigio y yo la ocasión de manifestar mi poder. Es lo mismo que decía a Pablo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Así es como yo he determinado que fuera». Al decir: Os mando como ovejas, dice implícitamente: «No desmayéis: yo sé muy bien que de este modo sois invencibles».

Pero, además, para que pusieran también ellos algo de su parte y no pensaran que todo había de ser pura gracia y que habían de ser coronados sin mérito propio, añade: Por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. «Mas, ¿de qué servirá nuestra sagacidad -es como si dijesen- en medio de tantos peligros? ¿Cómo podremos ser sagaces en medio de tantos embates? Por mucha que sea la sagacidad de la oveja, ¿de qué le aprovechará cuando se halle en medio de los lobos, y en tan gran número? Por mucha que sea la sencillez de la paloma, ¿de qué le servirá, acosada por tantos gavilanes?». Ciertamente, la sagacidad y la sencillez no sirven para nada a estos animales irracionales, pero a vosotros os sirven de mucho.

Pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. «Como serpientes -dice-. Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionado su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aun la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces». Así, pues, no te manda que seas sólo sencillo ni sólo sagaz, sino ambas cosas a la vez, porque en ello consiste la verdadera virtud. La sagacidad de la serpiente te hará invulnerable a los golpes mortales; la sencillez de la paloma frenará tus impulsos de venganza contra los que te dañan o te ponen asechanzas, pues, sin esto, en nada aprovecha la sagacidad.

Nadie piense que estos mandatos son imposibles de cumplir. El Señor conoce más que nadie la naturaleza de las cosas: él sabe que la violencia no se vence con la violencia, sino con la mansedumbre.

viernes, 25 de octubre de 2013

"La luz de Francisco" - Palito Ortega - Video Oficial


"LA LUZ DE FRANCISCO" tema musical

!!! QUE ALEGRIA !!! LANSAMIENTO MUNDIAL !!!

! ESCUCHA TE VA AGUSTAR !!!!

ADONAI, PRIMICIA ABSOLUTA

"LA LUZ DE FRANCISCO "
MUSICA DE PALITO ORTEGA
GRACIAS PADRE JOSE ANTONIO MEDINA PELLEGRINI


http://padrejosemedina.blogspot.com.es/2013/10/papa-francisco-la-luz-de-francisco.HTML






MI SACRIFICIO ES UN ESPÍRITU QUEBRANTADO


San Agustín, Sermón 19,2-3

Yo reconozco mi culpa, dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusar a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás. No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón.

¿Quieres aplacar a Dios? Conoce lo que has de hacer contigo mismo para que Dios te sea propicio. Atiende a lo que dice el mismo salmo: Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Por tanto, ¿es que has de prescindir del sacrificio? ¿Significa esto que podrás aplacar a Dios sin ninguna oblación? ¿Que dice el salmo? Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Pero continúa y verás que dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. Dios rechaza los antiguos sacrificios, pero te enseña qué es lo que has de ofrecer. Nuestros padres ofrecían víctimas de sus rebaños, y éste era su sacrificio. Los sacrificios no te satisfacen, pero quieres otra clase de sacrificios.

Si te ofreciera un holocausto -dice-, no lo querrías. Si no quieres, pues, holocaustos, ¿vas a quedar sin sacrificios? De ningún modo. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. Éste es el sacrificio que has de ofrecer. No busques en el rebaño, no prepares navíos para navegar hasta las más lejanas tierras a buscar perfumes. Busca en tu corazón la ofrenda grata a Dios. El corazón es lo que hay que quebrantar. Y no temas perder el corazón al quebrantarlo, pues dice también el salmo: Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Para que sea creado este corazón puro hay que quebrantar antes el impuro.

Sintamos disgusto de nosotros mismos cuando pecamos, ya que el pecado disgusta a Dios. Y, ya que no estamos libres de pecado, por lo menos asemejémonos a Dios en nuestro disgusto por lo que a él le disgusta. Así tu voluntad coincide en algo con la de Dios, en cuanto que te disgusta lo mismo que odia tu Hacedor.

NOS APREMIA EL AMOR DE CRISTO


San Antonio María Claret, "L'egoismo vinto", cap. 34



Inflamados por el fuego del Espíritu Santo, los misioneros apostólicos han llegado, llegan y llegarán hasta los confines del mundo, desde uno y otro polo, para anunciar la palabra divina; de modo que pueden decirse con razón a sí mismos las palabras del apóstol san Pablo: Nos apremia el amor de Cristo.

El amor de Cristo nos estimula y apremia a correr y volar con las alas del santo celo. El verdadero amante ama a Dios y a su prójimo; el verdadero celador es el mismo amante, pero en grado superior, según los grados de amor; de modo que, cuanto más amor tiene, por tanto, mayor celo es compelido. Y, si uno no tiene celo, es señal cierta que tiene apagado en su corazón el fuego del amor, la caridad. Aquel que tiene celo desea y procura, por todos los medios posibles, que Dios sea siempre más conocido, amado y servido en esta vida y en la otra, puesto que este sagrado amor no tiene ningún límite.

Lo mismo practica con su prójimo, deseando y procurando que todos estén contentos en este mundo y sean felices y bienaventurados en el otro; que todos se salven, que ninguno se pierda eternamente, que nadie ofenda a Dios y que ninguno, finalmente, se encuentre un solo momento en pecado. Así como lo vemos en los santos apóstoles y en cualquiera que esté dotado de espíritu apostólico.

Yo me digo a mí mismo: Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra, se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas

santoral@franciscanos.org

Como te prometimos los link para escuchar el programa "LA LUZ DE FRANCISCO"






ESTRENO MUNDIAL de

“LA LUZ DE FRANCISCO”
Con la presencia de PALITO ORTEGA
VIERNES 25 DE OCTUBRE DE 2013


En España 11:30 hs / En Argentina 06:30 hs
En http://www.radiomaria.es



En España 12:30 hs / En Argentina: 07:30 hs
En: http://www.cope.es/cadiz

miércoles, 23 de octubre de 2013

El Papa a los capellanes de las cárceles: hagan sentir a Cristo

Misionero español en África: Lo más importante es mostrar el amor de Dios





"No se trata de construir casas u hospitales sino enseñar a interpretar la vida desde la dimensión del amor de Dios”, expresó el sacerdote Germán Ancanada, miembro de los Misioneros de África, que lleva 50 años en Burundi, donde ha vivido tres guerras y estado condenado a muerte.

El P. Germán Ancanada tiene 76 años, es de Palencia (España) y forma parte de los Misioneros de África, más conocidos como Padres Blancos. Vive en Burundi desde hace medio siglo, tiempo en el que el país y él han sufrido tres guerras, porque, como explica a ACI Prensa, "cuando vas de misionero, tomas el destino del pueblo".

P. Germán conoció a los Padres Blancos durante sus años de seminario en Palencia. "Dijeron que ellos vivían en comunidades de al menos tres personas. Y yo sabía que quería vivir en comunidad", explicó, y aseguró que el mayor trabajo que los misioneros realizan en los territorios de misión no es tanto construir casas u hospitales sino "enseñarles a interpretar la vida desde la dimensión del amor de Dios. Es más importante que la gente se entere de la belleza del amor que de construir puentes o carreteras que el odio después puede destruir. Hay que crear una conciencia".

En ese sentido, al abordar la colecta del DOMUND, el sacerdote habla de la conversión. "El DOMUND no es hacer cosas, que por supuesto que las vamos a hacer, sino hacerlas desde la profundidad de un Dios que ama a esas personas y nos envía a compartir su amor. Y eso es lo bueno, lo bonito (...) La misión es muy interesante y te hace muy feliz, pero siempre tienes que convertirte. Porque siempre hacemos tonterías, bobadas", afirmó.

Asimismo, dijo que se está dando un cambio en la nacionalidad de los misioneros. “Hasta ahora los africanos eran considerados como receptores de las misiones, pero ahora resulta que están comenzando a ser transmisores”.

En el caso de los Padres Blancos, la congregación tiene unos 1500 miembros, pero actualmente en el noviciado hay 450 seminaristas de los cuales el 95 por ciento provienen de África.

"Hay que quitar la imagen de que España lo único que puede aportar a los países africanos es dinero. Sabemos muy bien que la fe ha bajado mucho. Pero hay quienes creen de verdad y esa fe les ha hecho felices y es la misma fe que puede dar la felicidad también a los africanos", aseguró.

"Lo primero es el testimonio de Dios. Quizás África no tenga los mismos medios materiales que otros continentes, pero quizás estos no sean tan necesarios como pensamos. Pero a cambio se crea una visión más auténtica al compartir la fe". "Tengo que tener como dice el Papa, 'olor a oveja' y en mi caso, olor a oveja africana. Por eso, si estás con ellos tienes que sufrir con ellos", afirmó.

Dijo que de las tres guerras que sufrió Burundi en 1972, 1983 y 1993, la última fue la más violenta. Muchas zonas quedaron devastadas, por eso, el arzobispo del lugar le encomendó la reconstrucción de un lugar en el que había unas 67.000 casas destruidas."Durante ese período -recuerda- un periodista hizo que me condenaran a muerte por publicar que yo había dicho que todos los militares eran ladrones y corruptos, algo que yo nunca dije".

Entonces el embajador de España pidió que el P. Germán saliera del país por las tensiones creadas por ese artículo. "El embajador dijo al general de los Padres Blancos que me sacara de Burundi, porque la próxima víctima sería yo", recordó.

"Cuando sucedió esto, mi obispo me dijo: 'tú no estás más en peligro que cualquier otro. Si hay inseguridades para ti, también las hay para mí', a pesar de que acababan de matar a dos misioneros javierianos. De hecho poco después, mataron a este Arzobispo. Cuando visito su tumba es como visitar la de un héroe, porque él tenía una categoría humana y una entrega muy superior a la mía", expresó.

Pero, señaló que "un misionero que no tiene cruces no es auténtico".

“Precisamente por eso es normal que se sufra con ellos, es una muestra de autenticidad, es lo natural para mostrar la visión del Evangelio en mi vida".

"El misionero debe ser elemento de unión, de comunión, en los lugares en los que vive, por eso en zonas afectadas por guerras, la manera de respetarse y convivir que da la fe es una solución formidable para participar de la sanación de esa zona", precisó.

Fuente: Aciprensa.
MADRID, 22 Oct. 13 / 07:05 pm (ACI/EWTN Noticias).-

Papa Francisco: ¡Dios está implicado con la humanidad! (+lista de reprod...

martes, 22 de octubre de 2013

23 de octubre San Juan de Capistrano (1386-1456) por Alberto Martín Artajo

Los cuarenta años de vida activa del fraile franciscano Juan de Capistrano transcurrieron casi exactamente en la primera mitad del siglo XV, puesto que ingresa en la Orden a los treinta años de su edad, en 1416, y muere a los setenta, en 1456. Si recordamos que en este medio siglo se dan en Europa sucesos tan importantes como el nacimiento de la casa de Austria, el concilio, luego declarado cismático, de Basilea y la batalla de Belgrado contra los turcos, y añadimos después que en todos estos acontecimientos Juan de Capistrano es, más que partícipe, protagonista, se estimará justo que le califiquemos como el santo de Europa.

Juan de Capistrano, ya en su persona, parecía predestinado a su misión europea, pues, más que de una sola nación, era representativo de toda Europa.

Es europeo el hombre: italiano de nación, porque la villa de Capistrano, donde nace, está situada en los Abruzzos, del Reino de Nápoles; francés, si no por familia, como algunos autores creen, a lo menos por adopción, pues su padre era gentilhombre del duque de Anjou, Luis I; por la estirpe procedía de Alemania, según las «Acta Sanctorum» de los Bolandos, que sigo fundamentalmente en este escrito; por ciudadanía, hablando lenguaje de hoy, podría decirse español, al menos durante un tiempo, como súbdito del rey de Nápoles, cuando lo era Alfonso V de Aragón; por sus estudios y vida seglar, ciudadano de Perusa, a la sazón ciudad pontificia; húngaro también, pues los magyares lo tienen por héroe nacional y le han alzado una estatua en Budapest, y por su muerte, en fin, balcánico, pues falleció en Illok, de la Eslovenia.

En cuanto al santo, esto es, el hombre que se santificó en el apostolado, era, si cabe, aún más europeo, ya que se pasó la vida recorriendo Europa de punta a punta. A pie o en cabalgadura hizo y deshizo caminos; por el norte, desde Flandes hasta Polonia; por el sur, desde España, aunque su paso por nuestra patria fuera fugaz, hasta Servia.

La fama de su santidad fue también universal. Corría de una a otra nación y en todas partes se le conocía con el nombre de «padre devoto» y «varón santo». Fue popular en toda Italia, en Austria, en Alemania, en Hungría, en Bohemia, en Borgoña y en Flandes, visitando no una, sino varias veces todas las grandes ciudades europeas.


Fue también intensamente europea la época del Santo. El año culminante de su vida, aunque ya en avanzada senectud, es el mismo que abre la Edad Moderna de la historia de Europa: aquel 1453 en que los turcos toman Constantinopla, amenazando seriamente la existencia misma de la cristiandad.

Divide esta trágica fecha en dos períodos, aunque muy desiguales, la vida de nuestro andariego fraile; pero llena ambos períodos un mismo afán: la salvación de esa cristiandad en peligro. Peligro, en la primera fase, para la unidad católica de Europa, por la descristianización del pueblo, las discordias intestinas de los príncipes y los brotes crecientes de herejía y de cisma; peligro, en la segunda, por la embestida de los ejércitos del Islam. Por eso dedica el Santo su primer apostolado a reconciliar entre sí y con la Sede Apostólica a los príncipes, a restaurar el espíritu cristiano del pueblo, debelar herejías, cortar el paso al cisma y reformar la Orden franciscana, y consagra sus últimos años a predicar, con la palabra y con el ejemplo, la cruzada contra el turco; con el ejemplo, también, porque el buen fraile en persona toma parte decisiva en la famosa batalla de Belgrado, de julio del 56, en que es derrotado el ejército de Mohamed II, que ya remontaba el Danubio con la ambición de dominar el occidente europeo.

Dotó Dios a Juan de Capistrano de prendas singularmente adecuadas a su misión de universalidad. Para ganarse al pueblo, no importa en qué nación, poseía las cualidades que suele el pueblo cristiano pedir a sus santos. Ya fraile y anciano, según nos lo describen sus coetáneos, era de figura ascética: pequeño, magro, enjuto, consumido, apenas piel y huesos, y su gesto austero, pero a la vez dulce y caritativo. Vibraba su palabra en la predicación de las verdades eternas; pero hablaba, sobre todo, con el semblante luminoso y encendido; con los ojos centelleantes, magnéticos; con el ademán sobrio y a la vez cálido y acogedor. Esto explica que en sus correrías trasalpinas, predicando las más de las veces en latín, aun antes de que el intérprete hubiera traducido sus palabras, ya andaban sus oyentes pidiendo a gritos confesión y prometiendo cambiar de vida, y muchos rompían en llanto y hacían hogueras con los objetos de sus vanidades: dados, naipes, afeites y arreos de lujo, y otros le pedían ser admitidos a la vida religiosa: por un solo sermón, al decir de un cronista, 120 escolares, en Leipzig, y, por otro, 130, en Cracovia, tomaron hábitos.

Llegado a una villa predicaba por las plazas, porque en los templos no había cabida para la muchedumbre que le seguía. Hablaba durante dos o tres horas sin que la gente desfalleciera y siempre fustigando la corrupción de costumbres e incitando a penitencia; terminada la predicación visitaba sin descanso a los enfermos, haciendo innúmeras curaciones prodigiosas.

No sólo por su celo apostólico era hombre santo, sino también por su vida de oración y por su penitencia, que no en vano tuvo por maestro de espíritu y por su mejor amigo al gran San Bernardino de Siena. Dormía dos horas, comía apenas, y andaba con frecuencia enfermo, renqueaba siempre, padecía del estómago y estaba mal de la vista. Pero a todas sus flaquezas se sobreponía su espíritu gigante.

A tan extraordinarias dotes para el apostolado popular unía Capistrano otras nada corrientes cualidades que le hacían apto para la diplomacia, arte que ejerció con acierto a lo largo de toda su vida. Era sabio y prudente en juicio y en palabra; había sido en su mocedad un buen jurisconsulto y probado dotes de gobierno cuando ejerció autoridad de juez en Perusa. Era, además, hombre muy docto en las ciencias sagradas y escritor fecundo: sus manuscritos, coleccionados en el siglo XVIII por el P. Antonio Sessa, de Palermo, suman diecisiete grandes volúmenes. Siempre fue muy dócil a la Sede Apostólica y entre sus muchos escritos canónicos sobresalen los que dedica a la defensa de las prerrogativas pontificias.

Por gozar de tales prendas fue elevado en la Orden, por dos veces, al cargo de vicario general de la observancia, lo que le permitió emprender la reforma de muchos monasterios y extenderlos por toda Europa, y cuatro Papas –Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III– le confiaron misiones delicadas: la detracción de los Fraticelli, la lucha en Moravia contra la herejía hussita, las negociaciones para la incorporación de los griegos a la Iglesia Romana, la vigilancia de los judíos, la contención del cisma de Basilea, etc. etc.



Su fama de virtud y de ciencia no libró al Santo de contradicción. Túvola Capistrano, y la que más puede afligir a un corazón magnánimo y sensible: la que proviene de parte de los afines. Algunos minoristas «conventuales», y el más sobresaliente de ellos, el sajón Matías Doering, descontentos de la reforma de los «observantes» que el Santo llevaba al interior de los conventos, se opusieron a sus innovaciones, acusando al vicario de inquieto y revoltoso, y otros, celosos acaso de su inmensa popularidad, le imputaban ambición de honra y vanagloria; injustísima acusación hecha a un hombre que por dos veces había declinado la mitra episcopal: la de Chieti, que le brindó el papa Martín V, ya en 1428, a quien contestó, por cierto, que no quería verse «encarcelado» en el episcopado, y la de Aquila, su diócesis natal, que le ofreció, más tarde, Eugenio IV.

Tampoco le faltaron críticas por parte de personas más autorizadas, tales como el cardenal español Carvajal y aun el propio Piccolomini, en razón de las cuales, sin duda, hubo más tarde dificultades para su canonización, que no culminó hasta 1690, siendo Pontífice Alejandro VIII.

Pero, huelga decirlo, el mayor número de sus detractores y los más violentos se encontraban en las filas de los enemigos del Pontificado, sea entre los políticos laicistas de la época, como aquel Jorge de Podebrad, que pertinazmente le cerró las puertas de la Bohemia, sea entre los herejes, como el arzobispo de Praga Rokytzana, cabeza de los hussitas, o bien entre los judíos, como aquellos de las comunidades italianas que llamaban al de Capistrano «el nuevo Amán» perseguidor del pueblo elegido.

Las grandes empresas apostólicas de San Juan de Capistrano al servicio de la Europa cristiana podrían resumirse en estas seis: restauración de la vida cristiana del pueblo mediante la predicación; reforma de la Orden franciscana implantando la observancia; impugnación de la herejía hussita, que resultó ser el primer brote de la gran apostasía luterana; represión de los abusos del judaísmo, que se hallaba enquistado en los pueblos cristianos; contención del cisma incubado en el concilio de Basilea, que minaba la autoridad del Papado, y cruzada contra el turco, que amagaba contra la cristiandad.

Dejando a un lado, como menos propias de una hagiografía, aquellas empresas del Santo que presentan un tinte político o diplomático, me detendré en las que ofrecen un carácter enteramente apostólico y misionero.


Por aquel tiempo, la Orden de los frailes menores, más o menos recluida hasta entonces en el interior de sus conventos, se echó a peregrinar por pueblos y ciudades, predicando en calles y plazas las verdades eternas y excitando a la reforma de las costumbres. Esta empresa no fue obra de un hombre solo, fue obra de un equipo de hombres excepcionales, a cuya cabeza figuraba el gran San Bernardino de Siena y en el que formaron en seguida otros dos santos: Juan de Capistrano y Jacobo de la Marca; dos beatos: Alberto de Sarteano y Mateo de Girgento, y los egregios minoristas Miguel de Carcano y Roberto de Lecce, por no citar sino las figuras más descollantes. Fue la época clásica de los grandes predicadores peregrinos y el origen de las misiones populares.

Cada uno de estos grandes misioneros, acompañado de un grupo de seis u ocho frailes de su Orden, tomó por un camino y corrió por su cuenta su aventura apostólica. Pero la mayor parte de ellos se mantuvieron en los límites de la península italiana, en la que consiguieron una verdadera renovación de la vida moral y religiosa de su pueblo. Mérito singular de Capistrano es haber acometido por sí solo, más allá de los Alpes, lo que sus hermanos de Orden hicieron en el interior de Italia, consiguiendo él resultados pariguales en los principados alemanes, en Polonia, en Moravia y hasta en la Saboya, en la Borgoña y en Flandes.

Grandes fueron los frutos de este vasto e intenso movimiento religioso. El pueblo cambiaba de vida, corrigiendo innúmeros abusos: el juego, el lujo, la embriaguez, la usura, el concubinato, la profanación de las fiestas, y los príncipes, los consejeros de las ciudades y los jueces se veían compelidos a usar de su autoridad con equidad y clemencia.

Cierto que no todos estos frutos fueron durables, acaso por no guardar proporción con estas misiones populares extraordinarias la cura pastoral ordinaria llamada a mantener el fervor despertado por aquéllas; pero también puede tenerse por cierto lo que el mismo Capistrano habría de escribir después, refiriéndose a la predicación de sus hermanos de Orden en Italia: «Si no hubiera sobrevivido la predicación, la fe católica habría venido a menos y pocos la hubieran conservado».

Importante aportación del capistranense a la renovación religiosa y moral de su tiempo, en sus cuarenta años de actividad apostólica, fue su labor como cabeza del movimiento por la observancia en lucha contra el conventualismo, empresa que repercutió no sólo en favor de su Orden, sino también en la reforma misma de toda la Iglesia. San Juan sembró la Europa central de nuevos conventos franciscanos y, mediante la reforma de los antiguos, devolvió su primitivo celo a la Orden a la sazón más popular e importante de la Iglesia católica. Y no fue pequeño servicio a la cohesión europea haber tejido por toda la haz de la Europa de entonces esta apretada red de conventos que unían en santa familia a los frailes observantes de todas las naciones.

Pasemos ya a relatar la participación personal del Santo en la cruzada contra el turco, recordando primero lo más esencial de este histórico suceso.

Corría el año 1453, último del pontificado de Nicolás V, cuando Mohamed II conquista Constantinopla, somete la Tracia al señorío turco, afianza en el Asia Menor el imperio del Islam sobre las ruinas de la Iglesia oriental y amenaza a la suerte de la cristiandad en Occidente.

Grave momento para el mundo católico y aun para la propia Iglesia. Porque si bien desde un siglo antes pisaban los turcos tierra europea y tenían sojuzgada una parte de la península balcánica, mientras quedó a sus espaldas la fortaleza de Constantinopla, Europa no se sintió verdaderamente amenazada de dominación y por eso desoyó el llamamiento a cruzada del papa Eugenio IV, ya en 1444. Pero ahora, cuando cayó la capital del viejo Imperio bizantino, toda la cristiandad comprendió que había perdido mucho más que una plaza fortificada.

Consciente del peligro, el papa Nicolás V, cuatro meses después de aquel nefasto día, publica una bula contra los turcos, que enciende en Occidente el antiguo entusiasmo de las cruzadas. En ella amonesta el Pontífice a hacer la paz entre sí, bajo pena de excomunión, a las potencias cristianas y singularmente a los Estados italianos, que, al decir de un cronista, «se despedazaban como canes»: Milán contra Venecia, Génova contra Nápoles... La paz en Italia se consiguió en parte, pero no la alianza para la cruzada.

San Juan toma la decisión de marchar a la amenazada Hungría ante el temor de que su gobierno pactara un acuerdo con los turcos, como lo hicieron, poco después, con escándalo de todos, los venecianos. Por el camino predicó la cruzada en Nuremberg, ciudad libre del Imperio y bien armada; en Viena, donde levantó unos cientos de universitarios que tomaron la cruz, y en Neusdtadt, corte del emperador.

Sobreviene entonces la muerte del papa Nicolás y en la elección del nuevo Pontífice la Providencia, valiéndose de un juego de factores dentro del conclave, al parecer ajenos a esta inquietud, suscita la elección del pontífice español Calixto III, que luego probó ser la figura indicada para hacer frente a una situación de tan tremendo riesgo.

Capistrano, que desde la Estiria había escrito al Papa incitándole a que confirmase la bula de cruzada, marcha a Györ a fin de asistir a la dieta imperial de Hungría, expresamente convocada para tratar de la guerra contra el turco. Aquí las cosas de la cruzada iban mejor, porque el país se sentía directamente amenazado por el sultán y ponían espanto las noticias que llegaban de Servia sobre los atropellos de la soldadesca turca. Juan de Hunyades, el caudillo húngaro, traza un plan que el de Capistrano comunica al Papa, pidiéndole su apoyo. San Juan se aplica durante los meses siguientes a deshacer enemistades entre los caudillos y se reúne en Budapest con Hunyades y con el cardenal español Juan de Carvajal, nombrado legado del Papa para la cruzada en Alemania y en Hungría, de cuyas manos recibe el Santo el breve pontificio que le concede toda clase de facultades para predicar la bula. Los tres Juanes: el legado, el caudillo y el fraile llevarán de ahora en adelante la preparación de la cruzada.

Estando reunida la dieta húngara en Budapest, corría el mes de febrero, se recibe la terrible noticia de que Mohamed II se acercaba ya con un poderoso ejército hacia las fronteras del sur de Hungría. Hunyades acude a Belgrado. A partir de este momento cifra el de Capistrano todas sus ilusiones en marchar con el ejército cristiano al encuentro de los infieles, sacrificando en la lucha, si es preciso, su propia vida. Parte para el sur y recorre en predicación todas las regiones meridionales de Hungría, llamando al pueblo a cruzada, hasta que recibe el mensaje apremiante de Juan de Hunyades de que suspenda inmediatamente la predicación y reuniendo los cruzados que pueda los conduzca aprisa a Belgrado.

Es fascinante el relato que hace de la batalla de Neudorfehervar uno de los frailes compañeros del Santo, fray Juan de Tagliacozzo, testigo presencial del suceso. Él describe con expresivos pormenores la llegada del ejército turco, su bien abastecido y pertrechado campamento de tierra, con más de doscientos cañones, y camellos y búfalos, la fuerte flota turca sobre las aguas del Danubio, el asedio de la amurallada ciudad, la tremenda desproporción de las fuerzas en presencia –sólo los genízaros eran cincuenta mil–, que hace vacilar al propio Juan de Hunyades, el gran luchador de años contra el turco, hasta el punto de pensar en una retirada, y las provocaciones del sultán, que anunciaba a gritos que había de celebrar en Budapest el próximo Ramadán. Describe, asimismo, la batalla naval sobre el Danubio, que, contra toda previsión, ganan los cruzados, el asalto de la ciudadela por los genízaros, que obliga a los caudillos militares a iniciar la evacuación de la ciudad, y, por último, la increíble y casi milagrosa victoria obtenida por los defensores, con la retirada final del ejército turco en derrota.

La intervención del Santo en la batalla fue decisiva y sin ella la ciudad de Belgrado hubiera caído sin remedio en manos de los turcos. Él aportó la legión popular de cruzados, que sostuvieron lo más duro de la lucha, y enardeció con su palabra y con su ejemplo no sólo a ese ejército popular, sino también a los naturales, poniendo en tensión su resistencia.

Juan de Capistrano salvó a Belgrado por tres veces: la primera, cuando indujo a Hunyades a lanzar su escuadra contra la flota turca; la segunda, durante el asedio de la ciudad, cuando se negó a la propuesta de evacuarla, y la tercera, en la hora del asalto turco, cuando, al dar por perdida la plaza, los caudillos militares Hunyades y Szilágyi intentaron abandonarla, juzgando la situación insostenible y él se aferró a la resistencia.

Dominado el Santo por una confianza sobrenatural en la victoria, condujo a la batalla a los cruzados con ardor y coraje sobrehumanos. Cuenta el cronista allí presente cómo, durante la acción naval, ganó el fraile capitán una altura visible a todos los combatientes y desplegando la bandera cruzada y agitando la cruz, vuelto el semblante al cielo, gritaba sin descanso el nombre de Jesús, que era el lema de sus cruzados. Y cómo, durante los días del asedio, vivía en el campamento con los suyos, sosteniendo su espíritu religioso como única moral de guerra. Y cómo, en fin, en el asalto de la ciudadela, corría de una a otra parte de la muralla, cuando la infantería turca escalaba ya el foso, gritando él a lo más granado de los defensores: «Valientes húngaros, ayudad a la cristiandad».

Jamás esgrimió armas el de Capistrano; las suyas eran espirituales. El campamento de los cruzados, más que un cuartel militar, parecía una concentración religiosa. Él mismo daba ejemplo. En diecisiete días durmió siete horas, no se mudó de ropa y comía sólo sopas de pan con vino. Él y sus frailes celebraban a diario la misa y predicaban, y los combatientes en gran número recibían los sacramentos. «Tenemos por capitán un santo y no podemos hacer cosa mal hecha», decían entre sí sus gentes. «Si pensamos en el botín y en la rapiña seremos vencidos.» Y todos le obedecían «como novicios». El fraile tenía sobre sus cruzados, al decir de los testigos, mayor poder que hubiera tenido sobre ellos el propio rey de Hungría.

En la lucha secular de la Europa cristiana contra el islamismo, la victoria cruzada de Belgrado es un hecho importante, pero no debe exagerarse su trascendencia. Como tampoco la del heroico episodio de la intervención del Santo en ese hecho de armas, aunque el triunfo fuera mérito suyo incontestable. Pero en éste como en los anteriores sucesos de su vida, importa más que los hechos mismos y más que su trascendencia en el campo militar, en el político y aun en el religioso, el valor ejemplar de su propia conducta; su santidad y su heroísmo puestos al servicio de tan noble causa: la unidad cristiana de Europa. En este terreno presentamos a nuestro héroe a la admiración de nuestros contemporáneos y le proponemos como ejemplo.

La cristiandad había seguido angustiada la lucha y de entonces viene la tradición del rezo del Ángelus al toque de campana del mediodía; la «campana del turco», que mandó el Papa tañer en todas las iglesias de Europa para que el pueblo cristiano sostuviera con su oración a los cruzados.

Cuando, una semana después de la victoria, el cardenal legado, el español Carvajal, entró con un ejército verdadero en la ciudad liberada, era la gran ilusión del capistranense proseguir la guerra y anunciaba en público que para la fiesta de la Navidad celebraría misa en la iglesia del Santo Sepulcro. No eran estos, sin embargo, los planes de la cristiandad, ni hubiera podido tampoco emprenderlos nuestro Santo, pues la peste, terrible compañera de la guerra, pocos días después de la victoria, tomó posesión de su cuerpo y lo entregó en brazos de la muerte, aunque ese pobre cuerpo parecía entonces, al decir de un coetáneo, la muerte misma: un esqueleto sin carne y sin sangre, unos pocos huesos cubiertos de piel. Sólo el rostro, sereno y sonriente, expresaba la interior satisfacción de una misión histórica cumplida.

Con la vida de nuestro héroe debe terminar también este relato. Séame permitido, sin embargo, insistir en una conclusión piadosa: a Juan de Capistrano puede, en justicia, llamársele el Santo de Europa. (...) Sea, pues, Juan de Capistrano nuestro intercesor cuando pidamos a Dios por la unidad europea.

Alberto Martín Artajo, (ex Ministro de Asuntos Exteriores de España), San Juan de Capistrano, en Año Cristiano, Tomo I, Madrid, Ed. Católica (BAC 182), 1959, pp. 695-705.

fuente:http://www.franciscanos.org/bac/jcapistrano.html

22 de Octubre se celebra su memoria. BEATO JUAN PABLO II,







 
 
 
papa de 1978 a 2005. Karol Józef Wojtyla nació en Wadowice (Polonia) el año 1920.
Durante la ocupación nazi tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química. Estudió en las universidades de Cracovia, Roma y Lublin. Se ordenó de sacerdote en 1946 y en 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia. Participó en el Concilio Vaticano II. Elegido papa el 16 de octubre de 1978, tomó el nombre de Juan Pablo II. Ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero. Realizó muchos viajes apostólicos. Celebró innumerables encuentros con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones. Su amor a los jóvenes le impulsó a iniciar en 1985 las Jornadas Mundiales de la Juventud. Su atención hacia la familia se puso de manifiesto con los encuentros mundiales de las familias, inaugurados por él en 1994. Promovió el diálogo con los judíos y con los representantes de las demás religiones. Para mostrar al pueblo ejemplos de santidad de hoy, declaró 1338 beatos y 482 santos. Publicó incontables documentos, reformó el Código de Derecho Canónico. Falleció el 2 de abril de 2005 y fue beatificado por Benedicto XVI en 2011. Su memoria se celebra el 22 de octubre.-


Oración: Oh Dios, rico en misericordia, que has querido que el beato Juan Pablo II, papa, guiara toda tu Iglesia, te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas, nos concedas abrir confiadamente nuestros corazones a la gracia salvadora de Cristo, único redentor del hombre. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 21 de octubre de 2013

NUESTRO SABER SE COMPENDIA EN LA PALABRA «AMOR»

Beato Contardo Ferrini, Pensieri e preghiere, pp. 101-103

La doctrina de la Iglesia se resume en una sola palabra: Amor. Por el contrario, la palabra «odio» produce división y ruina, porque corrompe el corazón de los hombres. Si pensamos que el amor no es sino el encuentro con el objeto amado, ¿sería extraño afirmar que ésa es también la única ley que empuja a los hombres y los centra, como los astros que giran alrededor del sol, y como ese sistema planetario que a su vez es atraído por otro superior, y así indefinidamente, hasta encontrar el punto exacto, desconocido aún para nosotros, que el poder de Dios ha establecido como centro del universo?

La comparación podrá pensarse que es atrevida; pero no lo sería tanto, si lees detenidamente el libro de los Proverbios, en donde la Sabiduría increada, esplendor de la gloria de Dios, la tersura de su claridad e imagen de su bondad, el Verbo inefable del Padre, fija los contornos de la justicia y de la santidad, establece los límites del universo, adorna el firmamento de maravillosas estrellas, y aprisiona los mares embravecidos. Uno mismo es el origen de las leyes físicas y de las morales: esto nos sugeriría que el lenguaje mudo de la naturaleza es escuela fecunda de formación religiosa.

Ésta es también la pedagogía empleada por la Iglesia, y el apóstol Pablo de Tarso -cuya profunda teología debiera ser familiar a todos, muy especialmente entre la juventud- lo expresa con palabras admirables, que servirían incluso de compendio de una vida: Hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Hagamos nuestras esas palabras. También nuestro dulcísimo Salvador, riqueza nuestra, esperanza nuestra, gozo nuestro, lo reafirma al darnos este mandato: Sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial. Y debemos entender que la perfección está en el amor, como maravillosamente escribió el apóstol predilecto de Jesús: Dios es amor.

Supliquemos al Señor del amor, que vino a prender fuego por toda la tierra, que encienda también nuestros corazones en su ardor; supliquemos al Espíritu Consolador, amor consustancial del Padre y del Hijo, que nos dé la caridad que nunca se sacia; supliquemos, finalmente, que nuestra alma, rotas las cadenas que la aprisionan en este mundo, se sumerja con angelical dulzura en la posesión del Amor.

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El Papa Francisco apoyó el diálogo de la Iglesia Católica con luteranos


Recibió a autoridades de la Federación reformistas y a una comisión que aboga por la reunión de ambas ramas religiosas. Alabó la "nostalgia de unidad que el Señor despertó en nuestros corazones".
El Papa Francisco apoyo el dialogo de la Iglesia Catolica con luteranos

Publicado el 21/10/2013 - El papa Francisco pidió a católicos y luteranos que sigan el diálogo, "afrontando también las cuestiones fundamentales, como las divergencias que surgen en el campo antropológico y ético".

Francisco lo dijo en una audiencia ante la delegación de la Federación Luterana mundial y la Comisión Luterano-Católica por la Unidad.

"Cierto, las dificultades no faltan y no faltarán, hacen falta todavía paciencia, diálogo, comprensión recíproca, pero no nos espantemos. Sabemos bien, como nos recordó varias veces Benedicto XVI, que la unidad no es primariamente fruto de nuestro esfuerzo, sino de la acción del Espíritu Santo", explicó.

La audiencia tiene como trasfondo los 50 años del diálogo teológico y la conmemoración del quinto centenario de la Reforma.

El Papa definió como "importante para todos el esfuerzo de confrontarse en el diálogo sobre la realidad histórica de la Reforma, sus consecuencias y las respuestas que le fueron dadas".

"Católicos y luteranos -observó- pueden pedir perdón por el mal provocado unos a otros y por las culpas cometidas frente a Dios, y juntos alegrarse por la nostalgia de unidad que el Señor despertó en nuestros corazones y que nos hace mirar hacia adelante con una mirada de esperanza".

GINO CANDIA el próximo domingo en Adonai




GINO CANDIA el próximo domingo en Adonai

Entrevista exclusiva con Gino Candia cantautor y predicador católico de la diócesis Guayaquil Ecuador .







APRENDER A ORAR CON FRANCISCO Y CLARA DE ASÍS


por Michel Hubaut, OFM

Atolladeros del deseo enroscado sobre sí mismo

El joven Francisco, hijo de un pañero forrado, es lo contrario de un aguafiestas. Rebosa de vida y de proyectos. Incluso tiene los medios para lograrlos. Rico, inteligente, afable, alegre, pertenece más bien al género de «joven lobo» que desea morder en la vida a dentellada plena. Su apetencia de vivir es inmensa. En la tienda de su padre se inicia en el comercio y triunfa. Su porvenir no ofrece problemas. Dinero, compañías divertidas, banquetes refinados, alocadas rondas nocturnas..., no le falta nada.

Pero su deseo de dicha no halla asiento en todo eso. La vida de joven burgués acaba por hastiarle. Una existencia trazada ya de antemano le resulta de repente terriblemente encogida. Le deprime la legítima pequeña dicha humana con que parecen contentarse muchos de sus amigos. El horizonte es bajo. Contra él chocan el corazón y la frente de Francisco, que desea apasionadamente una vida lograda. Pero ¿qué es lograr la vida? Sueña con hacerse caballero. Este ideal entusiasma su juventud. La figura a la vez de héroe y de vedette, cuyas hazañas militares y locos amores se cantan, ejerce sobre él una verdadera fascinación. El proyecto madura y se realiza. Pero una vez más, recién equipado lujosamente a cuenta de sus padres, interrumpe brutalmente esta carrera de honores. Una extraña voz interior le persigue (TC 5-6). La dicha que busca él, Francisco, no va en esta dirección. Ignora todavía que ya el Espíritu de Dios inspira y ahonda su «deseo de dicha». No ha tomado todavía conciencia de que Dios es un amor vivo que llama al «varón de deseos» para hacerle vivir y colmarle. No sabe todavía que su llamamiento se torna deseo de infinito en el corazón del hombre: «Dios infundió en nuestro corazón el Espíritu de su Hijo que clama: Abba, Padre».

A los veintitrés años, Francisco ha sufrido ya la amarga experiencia de ciertos callejones sin salida de su deseo de dicha. Sabe un poco mejor donde no se encuentra la dicha, pero todavía no ha dado con ella. Dios continúa trabajándole secretamente. Para esta difícil y necesaria conversión del deseo, el Espíritu le da dos pedagogos: los pobres y el silencio de la oración. Dos lugares privilegiados para la purificación del deseo. Dos escuelas donde Francisco aprende a descentrar su deseo de sí mismo. Entre los leprosos descubre que el deseo esencial del hombre es amar y ser amado. En el silencio de la oración descubre que su deseo de vivir es un deseo de Dios. Hace la experiencia decisiva de ser « habitado» por el Espíritu que es deseo de Dios en él.

De hecho, desde el comienzo de su conversión siente la necesidad, cada vez más frecuente, de retirarse a la soledad de la campaña, de tomar distancias de la agitación mundana y del mundo de los negocios. Peregrino ya de lo absoluto, siente afección particular por una caverna de las cercanías de la ciudad de Asís. Pasa horas en el hueco del roquedal. Poco a poco, en el silencio, se ve invadido por un espíritu nuevo y todavía desconocido que reza a Dios en el secreto de su corazón como a un Padre y retiene su atención sobre Jesucristo. Hace así su aprendizaje del diálogo de la oración. Una oración que está ya marcada, anotémoslo, por el misterio del Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta primera etapa de interiorización será determinante para el resto de su vida evangélica.

En el silencio de la oración aprende, en fin, a callarse para escuchar allende el murmullo de las palabras y de sus propios pensamientos. Aprende a no fabricar él mismo cuestiones y respuestas, sino a dejarse cuestionar por el Invisible. El silencio es con frecuencia la mejor colaboración que podemos aportar a Dios. Hacer silencio para respetar la acción de Dios en nosotros, dejarse amar y ser modelado a la medida de su amor creador. Aprende a reemprender el camino de su «corazón», santuario interior donde Dios le precede y le aguarda. ¡Estoy «habitado» por mi Creador! Tal es la primera y decisiva experiencia para osar una vida de oración.

San Francisco descubre en la soledad que el diálogo de la oración es posible porque Dios mismo ha tomado la iniciativa y nos da los medios convenientes. «El Espíritu de Dios viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque nosotros no sabemos pedir como se debe, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con aspiraciones secretas que sobrepasan nuestras pobres palabras humanas. Y Dios, que sondea los corazones, sabe bien discernir cuál es en nosotros el deseo del Espíritu» (Rom 8,26-27).

Francisco ha encontrado, pues, la clave fundamental de la vida de oración cristiana: el deseo del Espíritu en nosotros. Y san Pablo subraya que este deseo del Espíritu corresponde al proyecto de amor de Dios sobre nosotros.

Imposible osar rezar, perseverar en la plegaria, si no estoy convencido de estar «habitado» por el Espíritu que es deseo de Dios. Jamás sería yo un hombre o una mujer de oración si continuara creyendo que la oración es primeramente «mi» actividad. La plegaria es esencialmente una actividad del Espíritu en mí. Y este Espíritu, yo no me lo doy, yo lo acojo como Francisco, con asombro. Yo no soy su fuente, sino el lugar donde brota. Sin duda, el Espíritu utiliza los canales de mis deseos humanos, de mis aspiraciones, pero no se confunde con ellos. Pasa por las fronteras de mi razón, el impulso de mis sentimientos, el envoltorio de mis palabras, pero brota de más allá. Es mayor que mis impresiones siempre frágiles y efímeras.

Así, la verdad de mi plegaria no se mide con la riqueza de mi vocabulario, con la coherencia de mi discurso interior, con el grado de mis emociones, sino que está a la medida de la apertura de mi corazón al deseo del Espíritu. La plegaria es un don de Dios: «Si conocieras el don de Dios», dijo Jesús. San Francisco se conciencia en la soledad de que su plegaria es mucho más que un simple fenómeno psicológico. Es ante todo una manifestación del Espíritu en él. ¿Orar no es finalmente, más allá de los «ejercicios de oración», liberar en mí esa fuente que mana del deseo del Espíritu? «El Espíritu se une a nuestro espíritu».

[Cf. M. Hubaut, Cristo nuestra dicha. Aprender a orar con Francisco y Clara de Asís. Aránzazu, 1990, pp. 9-26]

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LOS SALMOS, EL "LIBRO DE ORACIÓN" POR EXCELENCIA (I)


De la catequesis de S. S. Benedicto XVI
en la audiencia general del miércoles 22 de junio de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

El Salterio se presenta como un «formulario» de oraciones, una selección de ciento cincuenta Salmos que la tradición bíblica da al pueblo de los creyentes para que se convierta en su oración, en nuestra oración, en nuestro modo de dirigirnos a Dios y de relacionarnos con él. En este libro encuentra expresión toda la experiencia humana con sus múltiples facetas, y toda la gama de los sentimientos que acompañan la existencia del hombre. En los Salmos se entrelazan y se expresan alegría y sufrimiento, deseo de Dios y percepción de la propia indignidad, felicidad y sentido de abandono, confianza en Dios y dolorosa soledad, plenitud de vida y miedo a morir. Toda la realidad del creyente confluye en estas oraciones, que el pueblo de Israel primero y la Iglesia después asumieron como mediación privilegiada de la relación con el único Dios y respuesta adecuada a su revelación en la historia.

En cuanto oraciones, los Salmos son manifestaciones del espíritu y de la fe, en las que todos nos podemos reconocer y en las que se comunica la experiencia de particular cercanía a Dios a la que están llamados todos los hombres. Y toda la complejidad de la existencia humana se concentra en la complejidad de las distintas formas literarias de los diversos Salmos: himnos, lamentaciones, súplicas individuales y colectivas, cantos de acción de gracias, salmos penitenciales y otros géneros que se pueden encontrar en estas composiciones poéticas.

No obstante esta multiplicidad expresiva, se pueden identificar dos grandes ámbitos que sintetizan la oración del Salterio: la súplica, vinculada a la lamentación, y la alabanza, dos dimensiones relacionadas y casi inseparables. Porque la súplica está animada por la certeza de que Dios responderá, y esto abre a la alabanza y a la acción de gracias; y la alabanza y la acción de gracias surgen de la experiencia de una salvación recibida, que supone una necesidad de ayuda expresada en la súplica.

En la súplica, el que ora se lamenta y describe su situación de angustia, de peligro, de desolación o, como en los Salmos penitenciales, confiesa su culpa, su pecado, pidiendo ser perdonado. Expone al Señor su estado de necesidad confiando en ser escuchado, y esto implica un reconocimiento de Dios como bueno, deseoso del bien y «amante de la vida», dispuesto a ayudar, salvar y perdonar. Así, por ejemplo, reza el salmista en el Salmo 31: «A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado. (...) Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo». Así pues, ya en la lamentación puede surgir algo de la alabanza, que se anuncia en la esperanza de la intervención divina y después se hace explícita cuando la salvación divina se convierte en realidad.

De modo análogo, en los Salmos de acción de gracias y de alabanza, haciendo memoria del don recibido o contemplando la grandeza de la misericordia de Dios, se reconoce también la propia pequeñez y la necesidad de ser salvados, que está en la base de la súplica. Así se confiesa a Dios la propia condición de criatura inevitablemente marcada por la muerte, pero portadora de un deseo radical de vida. Por eso el salmista exclama en el Salmo 86: «Te alabaré de todo corazón, Dios mío; daré gloria a tu nombre por siempre, por tu gran piedad para conmigo, porque me salvaste del abismo profundo». De ese modo, en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y se funden en un único canto que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina hacia nuestra fragilidad.

Precisamente para permitir al pueblo de los creyentes unirse a este canto, el libro del Salterio fue dado a Israel y a la Iglesia. Los Salmos, de hecho, enseñan a orar. En ellos la Palabra de Dios se convierte en palabra de oración -y son las palabras del salmista inspirado- que se convierte también en palabra del orante que reza los Salmos. Es esta la belleza y la particularidad de este libro bíblico: las oraciones contenidas en él, a diferencia de otras oraciones que encontramos en la Sagrada Escritura, no se insertan en una trama narrativa que especifica su sentido y su función. Los Salmos se dan al creyente precisamente como texto de oración, que tiene como único fin convertirse en la oración de quien los asume y con ellos se dirige a Dios. Dado que son Palabra de Dios, quien reza los Salmos habla a Dios con las mismas palabras que Dios nos ha dado, se dirige a él con las palabras que él mismo nos da. Así, al rezar los Salmos se aprende a orar. Son una escuela de oración.


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domingo, 20 de octubre de 2013

Desde Cadiz, España,el padre Jose Antonio Medina Pellegrini , contándonos las primicias de su nuevo programa






En Adonai comunicación directa desde Cadiz, España,con el padre Jose Antonio Medina Pellegrini dándonos la primicia absoluta para Argentina , de su nuevo programa “La luz de Francisco” con letra y musica de Palito Ortega, comenzará a emitirse desde el viernes 25 de octubre a las 12:30 hs. y consistirá en rescatar en cada emisión una historia de vida, un gesto, una enseñanza del Papa Francisco y tratar de iluminar con ella nuestra vida.

viernes, 18 de octubre de 2013

Una Oración para convertirse en instrumento de Dios



Oh, Mi Padre Celestial, te doy toda mi vida a Ti en el nombre de tu Hijo, mi Señor Jesucristo y por el poder del Espíritu Santo.

Te pido suscitar en mi, la plenitud de tu Espíritu Santo. Yo te he escuchado llamándome, y yo escojo seguirte donde tu Hijo me guíe. Yo quiero ayudar a otros a encontrar su camino para entrar en tu Reino. Yo quiero servir a otros para que puedan experimentar tu amor. Úsame. Usa las heridas y sufrimientos que he soportado. Usa los talentos y recursos, el tiempo, las experiencias, el crecimiento espiritual y todo lo demás que tu me has dado. Úsame... Ayúdame a amar a otros incondicionalmente y a revelar a Jesus a través mío. Ayúdame a crecer en mi deseo de amar a todas las personas. Hoy y cada día, ayúdame a que yo disminuya de modo que tu Espíritu Santo pueda crecer en mi. Ayúdame a amar puramente, humildemente y generosamente. Muéstrame como recibir más de tu amor de modo que yo tenga más amor para dar. Sáname de cada obstaculo que me retiene para servirte. Te doy permiso para cambiarme. Aquí estoy Señor, quiero hacer tu voluntad. Ven Espíritu Santo, renuévame. . En el nombre de Jesus. ¡Amén!

SAN LUCAS, EVANGELISTA


Del Mensaje del beato Juan Pablo II
con ocasión del reconocimiento del cuerpo de S. Lucas (15-X-2000)

5. Según una tradición piadosa, san Lucas es considerado pintor de la imagen de María, la Virgen Madre. Pero el verdadero retrato que san Lucas realiza de la Madre de Jesús es el que aparece en las páginas de su obra: en escenas ya familiares para el pueblo de Dios, traza una imagen elocuente de la Virgen. La Anunciación, la Visitación, el Nacimiento, la Presentación en el templo, la vida en la casa de Nazaret, la disputa con los doctores y la pérdida de Jesús en el templo, así como Pentecostés, han proporcionado un amplio material, a lo largo de los siglos, para la creatividad incesante de pintores, escultores, poetas y músicos.

Por esta razón, el Congreso internacional ha programado oportunamente una reflexión sobre el tema del arte y a la vez ha organizado una exposición de obras de gran valor. Sin embargo, lo más importante es captar que, a través de escenas de vida mariana, san Lucas nos introduce en la interioridad de María, permitiéndonos descubrir al mismo tiempo su función única en la historia de la salvación.

María es quien pronuncia el fiat, un sí personal y pleno a la propuesta de Dios, definiéndose «esclava del Señor» (Lc 1,38). Esta actitud de adhesión total a Dios y de disponibilidad incondicional a su Palabra constituye el modelo más alto de fe, la anticipación de la Iglesia como comunidad de los creyentes.

La vida de fe crece y se desarrolla en María mediante la meditación sapiencial de las palabras y los acontecimientos de la vida de Cristo. Ella «meditaba en su corazón», para comprender el sentido profundo de las palabras y de los hechos, asimilarlo y luego comunicarlo a los demás.

El cántico del Magníficat manifiesta otro rasgo importante de la «espiritualidad» de María: ella encarna la figura del pobre, capaz de poner plenamente su confianza en Dios, que derriba a los poderosos de sus tronos y enaltece a los humildes.

San Lucas nos delinea también la figura de María en la Iglesia de los primeros tiempos, mostrándola presente en el Cenáculo en espera del Espíritu Santo: «Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos» (Hch 1,14). El grupo reunido en el Cenáculo constituye como la célula germinal de la Iglesia. Dentro de él María desempeña un papel doble: por una parte, intercede en favor del nacimiento de la Iglesia por obra del Espíritu Santo; y, por otra, comunica a la Iglesia naciente su experiencia de Jesús.

6. Otra dimensión esencial de la vida cristiana y de la Iglesia, sobre la cual la narración lucana proyecta una luz intensa, es la de la misión evangelizadora. San Lucas indica el fundamento perenne de esta misión, es decir, la unicidad y la universalidad de la salvación realizada por Cristo. El acontecimiento salvífico de la muerte-resurrección de Cristo no concluye la historia de la salvación, sino que marca el comienzo de una nueva fase, caracterizada por la misión de la Iglesia, llamada a comunicar a todas las naciones los frutos de la salvación realizada por Cristo. Por esta razón san Lucas ofrece después del evangelio, como consecuencia lógica, la historia de la misión. Es el mismo Resucitado quien da a los Apóstoles el «mandato» misionero: «Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: "Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto"» (Lc 24,45-48).

La misión de la Iglesia comienza en Pentecostés «desde Jerusalén», para extenderse «hasta los confines de la tierra». Jerusalén no indica sólo un punto geográfico. Significa más bien un punto focal de la historia de la salvación. La Iglesia no parte desde Jerusalén para abandonarla, sino para injertar en el olivo de Israel a las naciones paganas.

La tarea de la Iglesia consiste en introducir en la historia la levadura del reino de Dios. Se trata de una tarea ardua, descrita en los Hechos de los Apóstoles como un itinerario fatigoso y accidentado, pero encomendado a «testigos» llenos de entusiasmo, de iniciativa y de alegría, dispuestos a sufrir y a dar su vida por Cristo. Reciben esta energía interior de la comunión de vida con el Resucitado y de la fuerza del Espíritu que él les da.

EN ADONAI , EL DOMINGO 20 DE OCTUBRE




EL PADRE JOSE ANTONIO MEDINA PELLEGRINI EN COMUNICACION DESDE CADIZ ,ESPAÑA, DARA UN SALUDO Y BENDICION A TODAS LAS MADRES DE ARGENTINA,Y NOS DA LAS PRIMICIAS DE SU NUEVO PROGRAMA .


ROSA MARIA TORRES CANTAUTORA CRISTIANA EN COMUNICACION DESDE AREQUIPA , PERU , NOS HABLARA DE SU RECITAL, " HAGAMOS LIO" QUE SE REALIZARA EN EL AUDITORIO DE COLEGIO  DE LA SALLES, SABADO 19 DE OCTUBRE, A LAS 19hs.



DESDE SANTO DOMINGO, REPUBLICA DOMINICANA,  LA CANTAUTORA CRISTIANA
SARAH PATRICIA LUCIANO A., PRIMERA CANTANTE FEMENINA DE MUSICA URBANA DE SU PAIS.

  !!! SARAH LA PROFETA!!!

CONTANDONOS  SU TESTIMONIO DE FE Y SUS TEMAS

 !!!! BENDICIONES Y BIENVENIDA HERMANA EN CRISTO !!!!!
 
 
 HAY MUCHO MAS TODAVIA EN ADONAI .

jueves, 17 de octubre de 2013

SOY TRIGO DE DIOS, Y HE DE SER MOLIDO POR LOS DIENTES DE LAS FIERAS


De la Carta de san Ignacio de Antioquía a los Romanos

Yo voy escribiendo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco lo mismo: que moriré de buena gana por Dios, con tal que vosotros no me lo impidáis. Os lo pido por favor: no me demostréis una benevolencia inoportuna. Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará posible alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios, y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios.

De nada me servirían los placeres terrenales ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida, no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que tenga a Dios en sí entenderá lo que quiero decir y se compadecerá de mí, sabiendo cuál es el deseo que me apremia.

El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pretende arruinar mi deseo que tiende hacia Dios. Que nadie de vosotros, los aquí presentes, lo ayude; poneos más bien de mi parte, esto es, de parte de Dios. No queráis a un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los deseos mundanos en el corazón. Que no habite la envidia entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero deseando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de una agua viva que me habla y me dice: «Ven al Padre». No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible.

No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo queráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia. En dos palabras resumo mi súplica: hacedme caso. Jesucristo os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que no engaña, por la que el Padre ha hablado verdaderamente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he escrito no con criterios humanos, sino conforme a la mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborrecido.


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Adonai programa del 06/10/2013




Sarah La Profeta - El próximo domingo en Adonai




CONFIRMADO EL PRÓXIMO DOMINGO DESDE SANTO DOMINGO

!!! SARAH LA PROFETA!!!


CONTANDO SU TESTIMONIO DE FE Y SUS TEMAS
!!!! BENDICIONES Y BIENVENIDA HERMANA EN CRISTO !!!!!










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SANTA BEATRIZ DE SILVA (1424-1491)


De la Homilía de S. S. Pablo VI en su canonización (3-X-76)


El día 3 de octubre de 1976, el papa Pablo VI canonizó a Beatriz de Silva, Fundadora de las Monjas Franciscanas de la Santísima Concepción de María. Durante la Misa, pronunció la siguiente homilía.


Nos resulta imposible tejer el breve elogio de la nueva Santa, acostumbrado en el momento de una canonización, que parece proyectar los rasgos de una faz gloriosa ante nuestra mirada jubilosa, porque, de la misma manera que el rostro extraordinariamente bello y puro de Beatriz de Silva permaneció oculto durante largos años de su vida terrena hasta su bienaventurada muerte, así también demasiados aspectos de su biografía sólo han llegado hasta nosotros de forma refleja, en la documentación histórica, como «per speculum in aenigmate», a través de la cual se trasparenta como figura inocente, humilde y luminosa, a pesar de no conceder a nuestra humana, pero legítima curiosidad, ningún signo de expresión personal.

Beatriz de Silva nació en Ceuta, ciudad del norte de África asomada al Mediterráneo, y que en aquella época se encontraba bajo el dominio de la corona de Portugal. El feliz acontecimiento tuvo lugar con mucha probabilidad en 1426, aunque algunos biógrafos hablen de 1424.

Nació portuguesa, por tanto. Su padre, don Ruy Gomes de Silva, aún joven, combatió en la conquista de la referida ciudad de Ceuta, en 1415; y se portó con tanto denuedo y valor, que el capitán de la plaza, de nombre don Pedro de Meneses, le premió concediéndole en matrimonio a su propia hija Isabel. Ésta, por diversos enlaces, estaba emparentada con las casas reales de España y Portugal.

Nacieron de este matrimonio once hijos, criados y educados con amor y con la esclarecida prudencia de un alma profundamente cristiana como la de los progenitores, sobre todo la madre. Además de Beatriz, descolló entre ellos el beato Amadeo de Silva, que abrazó en Italia la Orden de San Francisco y dio origen a una rama de la Orden de Frailes Menores, reformados, conocidos con el nombre de Amadeos.

Hacia 1433, el padre de Beatriz de Silva Meneses fue nombrado alcaide principal de la villa de Campo Mayor, en Portugal, a donde se trasladó con toda su familia. En Portugal, por tanto, pasó la nueva Santa los tiempos de su infancia y juventud, cultivando las excelsas cualidades de su alma privilegiada y preparándose para las pruebas futuras. La experiencia de sufrimientos físicos y morales, como prueba de amor, es frecuente en el camino que deben recorrer aquellos a quienes el Señor quiere dar la corona de la vida, prometida a quienes lo aman (cf. Sant 1,12).

En el año 1447, al casarse Isabel, hija de Juan príncipe de Portugal, con Juan II rey de Castilla, llevó consigo a tierras de Castilla a Beatriz, la cual había cumplido los veinte años.

Sin embargo, pasado cierto tiempo, debido a que su belleza provocaba la admiración de los nobles o, quizás, porque la misma reina temía ver en ella una peligrosa rival, Beatriz abandonó la corte real que estaba en Tordesillas (Valladolid) e ingresó en el monasterio cisterciense de Santo Domingo de Silos, en Toledo, en el que durante treinta años se dedicó únicamente a Dios.

Después de estos casi treinta años de dedicación a Dios, decidió fundar un nuevo monasterio u Orden de la Inmaculada Concepción, en honor del Misterio de la Inmaculada Concepción y para la propagación de su culto. Así, pues, el año 1484 abandonó el monasterio de Santo Domingo y pasó, con algunas compañeras, a una casa llamada Palacio de Galiana, que le había donado la reina Isabel la Católica.

El día 30 de abril de 1489, a petición de Beatriz y de la misma reina Isabel, el papa Inocencio VIII autorizó la fundación del nuevo monasterio y aprobó las principales reglas que, entre tanto, habrían de observarse en el mismo.

Sin embargo, antes de que, conforme al permiso pontificio, se iniciara la vida regular en el nuevo monasterio, Beatriz subió a los cielos. No obstante, su Instituto no desapareció y, a pesar de algunas dificultades, se convirtió en una verdadera Orden religiosa y obtuvo su propia regla el año 1511.

Fuente: Directorio Franciscano

Papa Francisco: una Iglesia cerrada traiciona su identidad





VATICANO, 16 Oct. 13 / 10:09 am

En su catequesis de esta mañana ante miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro, el Papa explicó que la Iglesia es Apostólica porque está fundada sobre los Apóstoles y como tal, debe rezar y anunciar el Evangelio. El Santo Padre explicó también que una Iglesia que se encierra en sí misma, en su pasado y en las pequeñas normas rutinarias "traiciona su identidad".
El Santo Padre dijo que "la Iglesia hunde sus raíces en las enseñanzas de los Apóstoles, verdaderos testigos de Cristo, pero mira al futuro, tiene la firme conciencia de ser enviada por Cristo, de ser misionera, llevando el nombre de Jesús con la oración, el anuncio, el testimonio. Una Iglesia que se encierra en sí misma, en el pasado, una Iglesia que mira sólo las pequeñas reglas rutinarias traiciona su identidad".

Durante la catequesis de la audiencia general en la Plaza de San Pedro ha afirmado que "profesar que la Iglesia es apostólica significa subrayar el vínculo constitutivo que tiene con los apóstoles, con aquel pequeño grupo de doce hombres que Jesús llamó un día por su nombre, para que permaneciesen con él y para enviarlos a predicar. ‘Apóstol’ es una palabra griega que significa ‘mandado’, ‘enviado’".
"Los apóstoles fueron escogidos, llamados y enviados por Jesús para continuar su obra, es decir rezar, que es la primera tarea de un apóstol y segunda anunciar el Evangelio", ha subrayado el Pontífice, recordando que en los primeros años de la Iglesia, para que los apóstoles pudieran tener también tiempo para rezar, se instituyeron los diáconos que les ayudaban en la misión evangelizadora.
"Cuando pensamos en los sucesores de los apóstoles, los obispos, incluido el Papa, porque él también es obispo, tenemos que preguntarnos si este sucesor de los apóstoles, en primer lugar reza y después anuncia el Evangelio. Esto es ser apóstol y por eso la Iglesia es apostólica".

La Iglesia es apostólica "porque está edificada sobre la predicación y la oración de los Apóstoles, en la autoridad que les dio Cristo mismo", dijo el Papa citando a San Pablo que ,en la carta a los cristianos de Éfeso, los compara con "piedras vivas que forman un edificio que es la Iglesia, y este edificio está fundado sobre los Apóstoles, como columnas y la piedra que sostiene todo es Jesús mismo".
"Sin Jesús no puede haber Iglesia, es la base, el fundamento. Los apóstoles vivieron con Jesús, escucharon sus palabras, compartieron su vida y sobre todo, fueron testigos de su muerte y resurrección. Nuestra fe, la Iglesia que Cristo quiso, no está fundada en una idea, en una filosofía, sino en Cristo mismo.. Y la Iglesia es como una planta que ha crecido a lo largo de los siglos... y ha dado frutos, pero sus raíces están firmemente plantadas en Él y la experiencia fundamental de Cristo que han tenido los Apóstoles, elegidos y enviados por Jesús,llega hasta nosotros".

Pero, se ha preguntado Francisco: "¿Cómo puede llegar a nosotros lo que vivieron los Apóstoles con Jesús y lo que escucharon de Él?". Y ha dado la respuesta del Catecismo que afirma que la Iglesia es apostólica porque "guarda y transmite con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles", es decir "conserva a través de los siglos, el precioso tesoro de la Sagrada Escritura, de la doctrina, de los sacramentos, del ministerio de los pastores, que nos permiten ser fieles a Cristo y participar de su misma vida".
"Es como un río que fluye en la historia...pero el agua que corre es siempre la que brota del manantial, de Cristo. El es el Resucitado, el Viviente y sus palabras no pasan, porque Él no pasa. Está aquí, entre nosotros".

Dirigiéndose a los miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre cuestionó: "¿hemos pensado alguna vez en cómo la Iglesia a lo largo de estos siglos -a pesar de las dificultades, los problemas, las debilidades, nuestros pecados- nos transmite el mensaje auténtico de Cristo? ¿Nos da la confianza de que lo que creemos es realmente lo que Cristo nos dijo?".
Por último, la Iglesia es apostólica porque "está enviada a llevar el Evangelio a todo el mundo. Continúa en el camino de la historia la misma misión que Jesús confió a los apóstoles: ‘Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones... Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’. Insisto en este aspecto del carácter misionero, porque Cristo invita a todos a ‘salir’ al encuentro de los demás, ¡nos envía, nos piden que salgamos a llevar la alegría del Evangelio!"

Fuente. (ACI/EWTN Noticias).-

Programa del 29/09/2013

 
 
 
 

miércoles, 16 de octubre de 2013

SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE.

[Murió el 17 de octubre y su memoria se celebra el 16 del mismo mes]
Nació el año 1647 cerca de Vésrosvres, diócesis de Autún (Borgoña, Francia). Se educó con las clarisas de Charolles. A los 24 años, venciendo la oposición familiar, ingresó en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial. Le confiaron, entre otros cargos, el de maestra de novicias. La ayudó grandemente la dirección del beato Claudio de La Colombière.

Llevó una vida de constante perfección espiritual y tuvo una serie de revelaciones místicas sobre el amor de Dios, revelado en Jesucristo y simbolizado en su Corazón; el mismo Señor le presentó a Francisco de Asís como Santo modelo y guía de identificación con Él. Desde entonces se esforzó por introducir en la Iglesia, salvando muchas incomprensiones, el culto y devoción al Corazón de Jesús, en particular su fiesta litúrgica y los primeros viernes de mes para reparar las ofensas a Dios. Murió el 17 de octubre de 1690.-


Oración: Infunde, Señor, en nuestros corazones el mismo espíritu con que enriqueciste a santa Margarita María de Alacoque, para que lleguemos a un conocimiento profundo del misterio incomparable del amor de Cristo y alcancemos nuestra plenitud según la plenitud total de Dios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DEBEMOS CONOCER EL AMOR DE CRISTO, QUE EXCEDE TODO CONOCIMIENTO


De las cartas de santa Margarita María de Alacoque
dirfran@franciscanos.org

Pienso que aquel gran deseo de nuestro Señor de que su sagrado Corazón sea honrado con un culto especial tiende a que se renueven en nuestras almas los efectos de la redención. El sagrado Corazón, en efecto, es una fuente inagotable, que no desea otra cosa que derramarse en el corazón de los humildes, para que estén libres y dispuestos a gastar la propia vida según su beneplácito.

De este divino Corazón manan sin cesar tres arroyos: el primero es el de la misericordia para con los pecadores, sobre los cuales vierte el espíritu de contrición y de penitencia; el segundo es el de la caridad, en provecho de todos los aquejados por cualquier necesidad y, principalmente, de los que aspiran a la perfección, para que encuentren la ayuda necesaria para superar sus dificultades; del tercer arroyo manan el amor y la luz para sus amigos ya perfectos, a los que quiere unir consigo para comunicarles su sabiduría y sus preceptos, a fin de que ellos a su vez, cada cual a su manera, se entreguen totalmente a promover su gloria.

Este Corazón divino es un abismo de todos los bienes, en el que todos los pobres necesitan sumergir sus indigencias: es un abismo de gozo, en el que hay que sumergir todas nuestras tristezas, es un abismo de humildad contra nuestra ineptitud, es un abismo de misericordia para los desdichados y es un abismo de amor, en el que debe ser sumergida toda nuestra indigencia.

Conviene, pues, que os unáis al Corazón de nuestro Señor Jesucristo en el comienzo de la conversión, para alcanzar la disponibilidad necesaria y, al fin de la misma, para que la llevéis a término. ¿No aprovecháis en la oración? Bastará con que ofrezcáis a Dios las plegarias que el Salvador profiere en lugar nuestro en el sacramento del altar, ofreciendo su fervor en reparación de vuestra tibieza; y cuando os dispongáis a hacer alguna cosa, orad así: «Dios mío, hago o sufro tal cosa en el Corazón de tu Hijo y según sus santos designios, y os lo ofrezco en reparación de todo lo malo o imperfecto que hay en mis obras». Y así en todas las circunstancias de la vida. Y, siempre que os suceda algo penoso, aflictivo, injurioso, decíos a vosotros mismos: «Acepta lo que te manda el sagrado Corazón de Jesucristo para unirte a sí».

Por encima de todo, conservad la paz del corazón, que es el mayor tesoro. Para conservarla, nada ayuda tanto como el renunciar a la propia voluntad y poner la voluntad del Corazón divino en lugar de la nuestra, de manera que sea ella la que haga en lugar nuestro todo lo que contribuye a su gloria, y nosotros, llenos de gozo, nos sometamos a él y confiemos en él totalmente.