Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tu traes la luz mas clara, la paz mas profunda y la alegria verdadera ! ven Señor Jesús! ! ven Señor Jesús!
__________________________________________________________________________

ENCONTRANOS TAMBIÉN EN FACEBOOK

encontramos en : pagina Adonai
https://www.facebook.com/adonaisitiooficial
escucha el programa en vivo todos los Domingos de 18:30 a 20:30hs de Argentina en :

______________________________________________________________________________

jueves, 29 de agosto de 2013

FRANCISCO, HOMBRE DE FE ( Francisco de Asís)


por Gilbert Forel, ofmcap

PUESTA EN MARCHA DE LA FE

Un acontecimiento importante, aunque banal y corriente en aquella época, ayudará a Francisco a realizar la conversión del enfoque de su vida, a preferir «la amargura a la dulzura». Al encontrar un día a un leproso, desciende del caballo y lo abraza (2 Cel 9). Esta victoria sobre sí mismo está repleta de consecuencias. Hasta entonces Francisco evitaba a los leprosos, cuya vista no le procuraba más que repugnancia y horror. Al aceptar mirar al mundo de frente, tal cual es, con sus más indignantes miserias, su fe quedó sometida a una cruel prueba. ¿Qué quedaba de ese Dios todopoderoso que se había comprometido a procurarle lo que él deseaba desde lo más profundo de su corazón, qué le quedaba ante el semblante del leproso? Este hombre desfigurado que moría lentamente, segregado de la sociedad. ¿No siente también éste un profundo deseo de vivir y de ser feliz? ¿Quién es este Dios que reserva su salvación a algunos?

¿Cómo resolver este dilema sin recurrir a la Revelación en la que Dios afirma que ama al mundo hasta el punto de entregarle a su Hijo único? En ella da a conocer también su voluntad universal de salvación a través de la muerte de su Hijo, signo de unión de sus hijos dispersos y garantía del don de la vida en abundancia.

Confrontar así su vida con la Palabra de Dios, es para Francisco ocasión de una doble profundización en su fe. Por una parte, su experiencia espiritual, que hasta entonces le había interpelado a él sólo, le enfrenta con el aspecto colectivo de la salvación: la alianza concierne a todos los hombres. Francisco deberá relativizar progresivamente su posición personal para reconocerse miembro de un inmenso pueblo afectado por el designio de Dios; deberá encontrar su lugar personal y particular en ese amplio conjunto. Por otra parte, el espectáculo de un mundo en el que se desencadenan las injusticias y los sufrimientos parece denunciar la debilidad e impotencia de Dios frente a la inmensidad del mal. ¿Sería Dios incapaz de instaurar su Reino y habría que deducir el fracaso de Dios? ¿O más bien, en lugar de desesperar, no valdría más profundizar la débil inteligencia que tenemos de Dios y de sus formas de proceder? Ante la elección que se impone a todo hombre, como se le impuso a Francisco, ¿no es preferible tratar de comprender mejor el designio de salvación de Dios, antes que rechazarlo? La libertad humana encuentra aquí una de sus más elevadas expresiones.

Además, el Evangelio es ese grito que Dios lanza en Jesucristo contra el sufrimiento, el pecado y la muerte. El significado último de los milagros es hacer comprender que el Reino está ya entre nosotros y no es sólo un mundo por venir: los milagros se realizaron en nuestro tiempo. Para sujetar el poder de la muerte, Dios se ha hecho hombre en su Hijo, pobre con los pobres, «pecado» por nosotros, como dice San Pablo (2 Cor 5,21).

La vida y los escritos de Francisco muestran que él realizó esta profundización en su fe. A su vez, se hizo pobre para responder al proyecto de Dios. Se puso al servicio de los leprosos para luchar junto a ellos, sin milagros, simplemente con sus fuerzas humanas. De esta manera expresó Francisco su fe en la impotencia y en la pobreza, al estilo evangélico. La omnipotencia de Dios se ejerce en el mundo a través de la Cruz: la Cruz, signo de la impotencia voluntaria de Dios, es el signo de su amor, de su respeto a la libertad humana.

Más tarde, la aparición de Cristo en San Damián, confirmación de las visiones precedentes, marca otro paso en esta profundización. Ya no es el Cristo de sus sueños juveniles quien habla a Francisco, sino Cristo en su pasión prolongada hasta nosotros, el Cristo que prolonga su resurrección hasta la nuestra. Dios no puede ser conocido más que en su encuentro con el hombre. Una nueva revelación, un nuevo punto de partida se le propone a Francisco: la vida de fe es un perpetuo comienzo y revelación. En las palabras «Francisco, ve y repara mi casa que amenaza ruina» (2 Cel 10), Francisco toma conciencia de una nueva modalidad del Designio de Dios sobre él: la misión de reunir alrededor de Cristo a los hombres dispersos. La interpretación de su misión, demasiado literal al principio, será una vez más corregida el 24 de febrero de 1209, por el Evangelio de la misión de los Doce, que le revela el sentido real de esta construcción de la iglesia, familia y casa de Dios.

El sueño de juventud se ha tornado llamada apremiante y concreta, al tiempo que la fe del joven se ha purificado y enriquecido. A tal llamada, Francisco responde ahora marchando por los caminos con una sola túnica, descalzo, sin bastón ni zurrón. Va al encuentro de los hombres para reunirlos en torno a Jesucristo. Como su Señor, en quien él tiene fe, se convierte en artesano de la paz y de la justicia: enseña a los hombres a amarse y se transforma para todos en el «hombre-hermano».

PRECURSOR DEL NACIMIENTO Y DE LA MUERTE DE CRISTO


De la homilía 23 de san Beda el Venerable


El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios, ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él esperaba de lleno la inmortalidad. Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado con el fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.

No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.

Cristo, en efecto, dice: Yo soy la verdad; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento, en su predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo, la pasión futura del Señor.

Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de un largo y penoso cautiverio. Él, que había evangelizado la libertad de una paz que viene de arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio el título de «lámpara que arde y brilla»; fue bautizado en su propia sangre aquel a quien fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él. Mas, a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un premio y un gozo sin fin.

La muerte -que de todas maneras había de acaecerle por ley natural- era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien lo dice el Apóstol: A vosotros se os ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él. El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo: Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.


miércoles, 28 de agosto de 2013

La Guadalupana





Madre mia , soy toda tuya !!!!!!



SEMANA DE LA BEATIFICACIÓN Eventos Religiosos y Culturales del 7 al 15 de Septiembre




TODOS LOS DÍAS EN EL SANTUARIO:

12:00 hs. Santa Misa del Peregrino
19:00 hs. Adoración Eucarística
20:00 hs. Santa Misa

Sábado 7

-11:00 hs. Santuario “Ntra. Sra. Del Tránsito”
Consagración del Templo “Ntra. Sra. Del Tránsito” presidida por Mons. Santiago Olivera.
-12:00 hs. Inauguración de Obras:
Plaza Centenario
Adoquinado Manzana Brocheriana
Asfaltado de Calles Mariano Moreno
Asfaltado 25 de Mayo
Asfaltado Terminal de Ómnibus
-19:00 hs. Adoración Eucarística.
-20:00 hs. Misa - Santuario “Ntra. Sra. Del Tránsito”
-21:00hs. Bendición de luces exteriores del Templo e inauguración de la Manzana Brocheriana.

Domingo 8

-12:00 hs. y 20:00 hs. - Santuario“Ntra. Sra. Del Tránsito” – Misas
-12:00 hs. Llegada de los Autos Antiguos.
-21:00 hs. Noches de Festejos. Cantores Populares. "Homenaje a Brochero".

Lunes 9

-12:00 hs. y 20:00 hs. Santuario“Ntra. Sra. Del Tránsito” – Misas
-12:00 hs. En el Centro Cultural Honorio Bustos, de Villa Cura Brochero
Exposición de cuadros del artista Víctor Bustillo Aguilar, Poesía de Honorio Bustos y Música Escuela de Guitarra “El Cata Moreno”
-21:00 hs. En San Pedro
Catequesis Brocheriana a cargo de Silvia Correale, postuladora de la Causa de Canonización.
-21:00 hs. En la Capilla del Museo Villa Cura Brochero
Catequesis Brocherianas a cargo del Padre Julio Meredíz, S.J. Vicepostulador de la Causade Canonización.

Martes 10

-11:00 hs. En la Capilla del Museo de Villa Cura Brochero
Catequesis Brocherianas a cargo del Padre Julio Meredíz, S.J. Vicepostulador de la Causa.
-12:00 hs. y 20:00 hs. - Santuario“Ntra. Sra. Del Tránsito” – Misas
-12:30 hs. Presentación puesta en valor “Acueducto Los Chiflones”
-21:00 hs. Parroquia “Ntra. Sra. Del Perpetuo Socorro”, Mina Clavero.
Presentación del libro “Brochero por Brochero”.Autor: Luis Miguel Baroneto.
-21:00 hs. Salón “Beato José Gabriel” (Casa del Cura Brochero)
Presentación del libro “Cura Brochero, Pastor con olor a oveja”de Mons. Santiago Olivera.
-21: 30 hs. Encuentro Coral en el Santuario Nuestra Señora Transito.

Miércoles 11

-11:00 hs. En la Capilla del Museo Villa Cura Brochero
Catequesis Brocherianas a cargo del Padre Julio Meredíz, S.J.
-12:00 hs. y 20:00 hs. - Santuario“Ntra. Sra. Del Tránsito” – Misas
-12:00 hs. Enla Plaza Centenario, Exposición Fotográfica.
-21:00 hs. Parroquia “Beato Juan Pablo II”, Villa Dolores.
Catequesis Brocherianas a cargo del Padre Guillermo Ortíz, S.J.
-21:00 hs. Salón “Beato José Gabriel” (Casa del CuraBrochero)
Presentación del libro “Brochero, Hombre Sacerdote” de César Pluchinotta.
-21:30 hs. En Plaza Centenario, Cine Móvil.
-21:30 hs. En el Salón de Actos de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús.
Obra"Tiempos del Señor Brochero" Dirigida por Julia Badia.

Jueves 12

-11:00 hs. En la Capilla del Museo Villa Cura Brochero
Catequesis Brocherianas a cargo de Silvia Correale, Postuladora de la Causa.
-12:00 hs. y 20:00 hs. - Santuario“Ntra. Sra. Del Tránsito” – Misas
-21:00 hs. En la Capilla del Museo Villa Cura Brochero
Catequesis Brocherianas a cargo del Padre Guillermo Ortíz. S.J.
-21:30 hs. En el Centro Cultural Comechingones de Mina Clavero - Canto Brocheriano.

Viernes 13

-11:00 hs. En la Capilla del Museo Villa Cura Brochero
Catequesis Brocherianas a cargo del Padre Julio Meredíz, S.J.
-12:00 hs. y 20:00 hs. - Santuario“Ntra. Sra. Del Tránsito” – Misas
-12.30 hs. En el Museo Brocheriano de Villa Cura Brochero Recepción al Cardenal Angelo Amanto (Salesiano), Prefecto de la Congregación para las causas de los Santos y Delegado del Papa Francisco. Es el rostro visible de las beatificaciones que se celebran por todo el mundo.
-17:00 hs. Bandade Música.
-18:00 hs. En Mina Clavero
Acto donde el Señor Cardenal Angelo Amato, recibe el nombramiento de Visitante Ilustre.
-20:00 hs. En el Santuario“Ntra. Sra. Del Tránsito”
Misa Presidida por el Cardenal Estanislao Esteban Karlic, Arzobispo Emérito de Paraná
-21:00 hs. En el Santuario“Ntra. Sra Del Tránsito”
Momento de Oración acompañado por la Comunidad de Monjas de “Abba Padre”

Sábado 14 DÍA DE LA BEATIFICACIÓN DEL CURA BROCHERO

00:00 hs. “Apertura del Predio de la Beatificación”
05:00 hs. “Rosario de la Aurora” en el escenario en el Predio.
06:30 hs. “Animación Previa Rincón Brocheriano” en el escenario Predio.
07:00 hs. “Traslado de los Obispos al Santuario”
08:00 hs. “En el Santuario Nuestra Sra. del Tránsito Rezo Oración de la mañana”
08:30 hs. “Traslado del Cardenal Angelo Amato y de los Obispos hacia el Predio”
08:45 hs. “Ingreso del Cardenal Angelo Amato al Predio” por Calle M. Moreno y G. Becerro.
09:00 hs. “Saludo del Cardenal Angelo Amato a Discapacitados, autoridades Invitados”
en el Sector Reservado Predio.
09:40 hs. “Inicio de Procesión Solemne”
10:00 hs. SANTA MISA DE BEATIFICACIÓN DEL PADRE JOSÉ G. DEL ROSARIO BROCHERO
10:10 hs. “Rito de la Beatificación”
11:30 hs. “Palabras del Gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota”
11:40 hs. “Palabras del Obispo de Cruz del Eje, Mons, Santiago Olivera”
11:50 hs. “Homenaje a los Gauchos” Sector Jinetes en el Predio
12:00 hs. “Bendición”
12:05 hs. “Pasada de los Gauchos"
“Animación Folclorica” en el escenario
12:30 hs. “Inicio de Desconcentración”

Desconcentración

"Para una desconcentración ordenada, aconsejamos que sea mejor esperar un poco en el predio de la beatificación y no quedarse estancados en la ruta".
1. En primer lugar parten los colectivos y autos de otras provincias, que viajan inmediatamente a sus lugares de origen.
2. Después de dos horas, parten los colectivos y autos de la Provincia de Córdoba.
3. Dos horas después, partes los colectivos y autos de la Diócesis de Cruz del Eje.
4. Por último, se retiran las personas que se hospedan en el Valle de Traslasierra o que se quedan a Visitar el Santuario y lugares brocherianos.


Domingo 15

-10:00 hs. Atrio del Santuario “Ntra. Sra. Del Tránsito”
Santa Misa de Acción de gracias por el nuevo Beato presidida por Mons. Santiago Olivera.


¡OH ETERNA VERDAD, VERDADERA CARIDAD Y CARA ETERNIDAD!


Del libro de las Confesiones de san Agustín









Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».

Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino, la verdad y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría, por la que creaste todas las cosas.

¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.

SAN AGUSTÍN DE HIPONA


De la Catequesis de S. S. Benedicto XVI
en la audiencia general del 9 de enero de 2008


San Agustín nació en Tagaste, en la provincia de Numidia, en el África romana, el 13 de noviembre del año 354. Era hijo de Patricio, un pagano que después fue catecúmeno, y de Mónica, cristiana fervorosa. Esta mujer apasionada, venerada como santa, ejerció en su hijo una enorme influencia y lo educó en la fe cristiana. San Agustín había recibido también la sal, como signo de la acogida en el catecumenado. Y siempre quedó fascinado por la figura de Jesucristo; más aún, dice que siempre amó a Jesús, pero que se alejó cada vez más de la fe eclesial, de la práctica eclesial, como sucede también hoy a muchos jóvenes.

De agudísima inteligencia, recibió una buena educación, aunque no siempre fue un estudiante ejemplar. En Cartago leyó por primera vez el Hortensius, obra de Cicerón que después se perdió y que se sitúa en el inicio de su camino hacia la conversión. Ese texto ciceroniano despertó en él el amor por la sabiduría. Pero, dado que estaba convencido de que sin Jesús no puede decirse que se ha encontrado efectivamente la verdad, y dado que en ese libro apasionante faltaba ese nombre, al acabar de leerlo comenzó a leer la Escritura, la Biblia. Quedó decepcionado, no sólo porque el estilo latino de la traducción de la sagrada Escritura era deficiente, sino también porque el mismo contenido no le pareció satisfactorio. En las narraciones de la Escritura sobre guerras y otras vicisitudes humanas no encontraba la altura de la filosofía, el esplendor de la búsqueda de la verdad, propio de la filosofía. Sin embargo, no quería vivir sin Dios; buscaba una religión que respondiera a su deseo de verdad y también a su deseo de acercarse a Jesús.

De esta manera, cayó en la red de los maniqueos, que se presentaban como cristianos y prometían una religión totalmente racional. Se hizo maniqueo, convencido en ese momento de que había encontrado la síntesis entre racionalidad, búsqueda de la verdad y amor a Jesucristo. Y sacó también una ventaja concreta para su vida: la adhesión a los maniqueos abría fáciles perspectivas de carrera. Adherirse a esa religión, que contaba con muchas personalidades influyentes, le permitía seguir su relación con una mujer y progresar en su carrera. De esa mujer tuvo un hijo, Adeodato, al que quería mucho, muy inteligente. Por desgracia, el muchacho falleció prematuramente.

Cuando tenía alrededor de veinte años, fue profesor de gramática en su ciudad natal, pero pronto regresó a Cartago, donde se convirtió en un brillante y famoso maestro de retórica. Con el paso del tiempo, sin embargo, comenzó a alejarse de la fe de los maniqueos, que le decepcionaron precisamente desde el punto de vista intelectual, pues eran incapaces de resolver sus dudas; se trasladó a Roma y después a Milán, donde residía entonces la corte imperial y donde había obtenido un puesto de prestigio, por recomendación del prefecto de Roma, el pagano Simaco, que era hostil al obispo de Milán, san Ambrosio.

En Milán, san Agustín adquirió la costumbre de escuchar, al inicio con el fin de enriquecer su bagaje retórico, las bellísimas predicaciones del obispo san Ambrosio, que había sido representante del emperador para el norte de Italia. El retórico africano quedó fascinado por la palabra del gran prelado milanés; y no sólo por su retórica. Sobre todo el contenido fue tocando cada vez más su corazón.

El gran problema del Antiguo Testamento, de la falta de belleza retórica y de altura filosófica, se resolvió con las predicaciones de san Ambrosio, gracias a la interpretación tipológica del Antiguo Testamento: san Agustín comprendió que todo el Antiguo Testamento es un camino hacia Jesucristo. De este modo, encontró la clave para comprender la belleza, la profundidad, incluso filosófica, del Antiguo Testamento; y comprendió toda la unidad del misterio de Cristo en la historia, así como la síntesis entre filosofía, racionalidad y fe en el Logos, en Cristo, Verbo eterno, que se hizo carne.

Pronto san Agustín se dio cuenta de que la interpretación alegórica de la Escritura y la filosofía neoplatónica del obispo de Milán le permitían resolver las dificultades intelectuales que, cuando era más joven, en su primer contacto con los textos bíblicos, le habían parecido insuperables. Así, tras la lectura de los escritos de los filósofos, san Agustín se dedicó a hacer una nueva lectura de la Escritura y sobre todo de las cartas de san Pablo. Por tanto, la conversión al cristianismo, el 15 de agosto del año 386, llegó al final de un largo y agitado camino interior. Se trasladó al campo, al norte de Milán, junto al lago de Como, con su madre Mónica, su hijo Adeodato y un pequeño grupo de amigos, para prepararse al bautismo. A los 32 años, san Agustín fue bautizado por san Ambrosio el 24 de abril del año 387, durante la Vigilia pascual, en la catedral de Milán.

Después del bautismo, san Agustín decidió regresar a África con sus amigos, con la idea de llevar vida en común, al estilo monástico, al servicio de Dios. Pero en Ostia, mientras esperaba para embarcarse, su madre repentinamente se enfermó y poco más tarde murió, destrozando el corazón de su hijo.

Tras regresar finalmente a su patria, el convertido se estableció en Hipona para fundar allí un monasterio. En esa ciudad de la costa africana, a pesar de resistirse, fue ordenado presbítero en el año 391 y comenzó con algunos compañeros la vida monástica en la que pensaba desde hacía bastante tiempo, repartiendo su tiempo entre la oración, el estudio y la predicación. Quería dedicarse sólo al servicio de la verdad; no se sentía llamado a la vida pastoral, pero después comprendió que la llamada de Dios significaba ser pastor entre los demás y así ofrecerles el don de la verdad. En Hipona, cuatro años después, en el año 395, fue consagrado obispo. En poco tiempo, el antiguo retórico se convirtió en uno de los exponentes más importantes del cristianismo de esa época.

San Agustín se encomendó a Dios cada día, hasta el final de su vida: afectado por la fiebre mientras la ciudad de Hipona se encontraba asediada desde hacía casi tres meses por los vándalos invasores, falleció el 28 de agosto del año 430, sin haber cumplido los 76 años.

Oremos por la Paz


Oremos por la Paz 






martes, 27 de agosto de 2013

FRANCISCO, HOMBRE DE FE


por Gilbert Forel, ofmcap

Con frecuencia hablamos y pensamos en el Francisco ya convertido, santo, en el que la gracia se ha posesionado de toda su persona y el Espíritu del Señor aflora a su antojo produciendo esos efectos que cautivan a cuantos contemplan al Poverello. Con menor frecuencia solemos reflexionar en el largo camino de conversión que Francisco recorrió y en su marcha por los senderos de la fe, no siempre luminosos.

Revisiones, progresos, cambios... Tales han sido, tales son todavía las palabras clave a través de las cuales la conciencia cristiana ha expresado la gran esperanza y la renovación de la Iglesia-en-Concilio. Si bien la esperanza permanece y la renovación se afianza, aparece hoy un malestar en el plano de la fe. No se sabe ya lo que es verdadero y lo que no lo es o lo es menos. Surge la pregunta: ¿En su metamorfosis conciliar, habrá perdido la fe sus cimientos? ¡De ninguna manera!, responden publicaciones cuyo número y títulos acusan la extensión del malestar más que suprimirlo: ¿Qué es necesario creer?

Esperar de Francisco la respuesta a semejante pregunta, ¿no es refugiarse en un pasado encantador y anticuado, y esquivar finalmente de forma cómoda la actual revisión? Este sería el caso, sin duda, si la fe no fuese más que una armonización de fórmulas y de dogmas a los que se prestaría su asentimiento de una vez por todas con ocasión, por ejemplo, del bautismo. De hecho, «credo» significa «yo creo», es decir, expresa un acto. Creer es reconocer, encontrar a Alguien, y amarlo. Si hacemos oposiciones al título de creyente al recibir el bautismo, ello no quiere decir que nos convirtamos en propietarios de la fe que se nos da. La fe no se posee jamás, no se adquiere jamás definitivamente. Su objeto no es un dogma o una idea sino una Persona, y nunca se acaba de escrutar el misterio que es toda persona, humana o divina.

San Francisco es considerado como el hombre que más se ha identificado con Cristo. Así se comprende que su acto de fe pueda, a pesar de los siglos que nos separan, proyectar alguna luz sobre el nuestro, a semejanza de esas estrellas, hace tiempo apagadas, que iluminan aún nuestra noche. Además, no vamos a examinar el contenido nocional de la fe del Poverello, sino sólo algunas experiencias mayores de su vida, a través de las cuales se trasparenta la andadura de una fe vivida.

Como la mayoría de nosotros, Francisco recibió muy pronto el bautismo (1 Cel 1). Bien temprano acumuló el conjunto más o menos coherente de nociones teológicas y morales que constituía el bagaje normal del buen cristiano de su época. Mas para que esta fe recibida se tornara fe vivida, Francisco tuvo que pasar tales nociones por la criba de la vida y de sus experiencias.

ALCANCEMOS LA SABIDURÍA ETERNA


Del libro de las Confesiones de san Agustín

Cuando ya se acercaba el día de su muerte -día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos-, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.

Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas -y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres-, ella dijo:

«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»

No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:

«¿Dónde estaba?»

Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:

«Enterrad aquí a vuestra madre».

Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:

«Mira lo que dice».

Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:

«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis».

Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.

Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.

SANTA MÓNICA, MADRE DE SAN AGUSTÍN


Benedicto XVI, Ángelus de los días 27-VIII-2006 y 30-VIII-2009

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, 27 de agosto, recordamos a santa Mónica y mañana recordaremos a su hijo, san Agustín: sus testimonios pueden ser de gran consuelo y ayuda también para muchas familias de nuestro tiempo.

Mónica, nacida en Tagaste, actual Souk-Aharás, Argelia, en una familia cristiana, vivió de manera ejemplar su misión de esposa y madre, ayudando a su marido Patricio a descubrir la belleza de la fe en Cristo y la fuerza del amor evangélico, capaz de vencer el mal con el bien. Tras la muerte de él, ocurrida precozmente, Mónica se dedicó con valentía al cuidado de sus tres hijos, entre ellos san Agustín, el cual al principio la hizo sufrir con su temperamento más bien rebelde. Como dirá después san Agustín, su madre lo engendró dos veces; la segunda requirió largos dolores espirituales, con oraciones y lágrimas, pero que al final culminaron con la alegría no sólo de verle abrazar la fe y recibir el bautismo, sino también de dedicarse enteramente al servicio de Cristo.

¡Cuántas dificultades existen también hoy en las relaciones familiares y cuántas madres están angustiadas porque sus hijos se encaminan por senderos equivocados! Mónica, mujer sabia y firme en la fe, las invita a no desalentarse, sino a perseverar en la misión de esposas y madres, manteniendo firme la confianza en Dios y aferrándose con perseverancia a la oración.

En cuanto a Agustín, toda su existencia fue una búsqueda apasionada de la verdad. Al final, no sin un largo tormento interior, descubrió en Cristo el sentido último y pleno de su vida y de toda la historia humana. En la adolescencia, atraído por la belleza terrena, «se lanzó» a ella -como dice él mismo (cf. Confesiones X, 27-38)- de manera egoísta y posesiva con comportamientos que produjeron no poco dolor a su piadosa madre. Pero a través de un fatigoso itinerario, también gracias a las oraciones de ella, Agustín se abrió cada vez más a la plenitud de la verdad y del amor, hasta la conversión, ocurrida en Milán, bajo la guía del obispo san Ambrosio.

Así permanecerá como modelo del camino hacia Dios, suprema Verdad y sumo Bien. «Tarde te amé -escribe en su célebre libro de las Confesiones-, hermosura tan antigua y siempre nueva, tarde te amé. He aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba... Estabas conmigo y yo no estaba contigo... Me llamabas, me gritabas, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera» (ib.).

Que san Agustín obtenga también el don de un sincero y profundo encuentro con Cristo para todos los jóvenes que, sedientos de felicidad, la buscan recorriendo caminos equivocados y se pierden en callejones sin salida.



El 27 de agosto celebramos la memoria litúrgica de santa Mónica, madre de san Agustín, considerada modelo y patrona de las madres cristianas. Muchas noticias sobre ella nos proporciona su hijo en el libro autobiográfico Las confesiones, obra maestra entre las más leídas de todos los tiempos. Aquí conocemos que san Agustín bebió el nombre de Jesús con la leche materna y fue educado por su madre en la religión cristiana, cuyos principios quedaron en él impresos incluso en los años de desviación espiritual y moral. Mónica jamás dejó de orar por él y por su conversión, y tuvo el consuelo de verle regresar a la fe y recibir el bautismo. Dios oyó las plegarias de esta santa mamá, a quien el obispo de Tagaste había dicho: «Es imposible que se pierda un hijo de tantas lágrimas».

En verdad, san Agustín no sólo se convirtió, sino que decidió abrazar la vida monástica y, al volver a África, fundó él mismo una comunidad de monjes. Conmovedores y edificantes son los últimos coloquios espirituales entre él y su madre en la quietud de una casa de Ostia, a la espera de embarcarse rumbo a África. Santa Mónica ya había llegado a ser, para este hijo suyo, «más que madre, la fuente de su cristianismo». Su único deseo durante años había sido la conversión de Agustín, a quien ahora veía orientado incluso a una vida de consagración al servicio de Dios. Por lo tanto podía morir contenta, y efectivamente falleció el 27 de agosto del año 387, a los 56 años, después de haber pedido a sus hijos que no se preocuparan por su sepultura, sino que se acordaran de ella, allí donde estuvieran, en el altar del Señor. San Agustín repetía que su madre lo había «engendrado dos veces».




Crecer como Cristianos, del Padre Jose Antonio Medina Pellegrini.








lunes, 26 de agosto de 2013

Ceferino Namuncurá, mestizo y santo




Ceferino es el hijo de un cacique Mapuche que quiso ser sacerdote y llegó a estudiar en Roma, donde conoció al Papa Pío X. Hoy se lo venera en todo el norte de la Patagonia y año tras año miles de peregrinos recorren los lugares donde transcurrió su vida y descansan sus restos. Aquí les contamos la historia de su vida y dejamos planteada una polémica para interpretarla en su contexto histórico.

monumento a Ceferino, Balneario el CóndorEn la localidad de Chimpay, situada en pleno corazón del Valle Medio del Río Negro, nació, el 26 de agosto de 1886, Ceferino Namuncurá. Era hijo del cacique indígena Manuel Namuncurá (heredero de Calfucurá, el legendario jefe mapuche que resistió largamente a los blancos en su avanzada hacia las tierras del sur) y de una cautiva, Rosario Burgos.

Estudió en un colegio de los Padres Salesianos y allí descubrió su vocación: quería ser sacerdote para llevar a la gente de su raza el mensaje del Evangelio. Desde muy joven su salud no era muy buena, pero comenzó sus estudios sacerdotales en Viedma. Allí lo descubrió Monseñor Cagliero y decidió llevarlo a estudiar a Roma, creyendo que el cambio de clima lo beneficiaría.

Una vez en Roma es recibido por el Papa Pío X frente al cual pronuncia un breve discurso. Su salud continuaba desmejorando y finalmente, al año de encontrarse en Roma, fallece. Era el 11 de mayo de 1905 y todavía no había cumplido los 19 años. Se dice que el Papa, entristecido, dijo: “Era una bella esperanza para las misiones de la Patagonia, pero ahora será su más válido protector”. Hoy en día este “indio santo” de la Patagonia se encuentra en proceso de canonización.

Años después sus restos fueron trasladados a la localidad de Pedro Luro, en la provincia de Buenos Aires, en lo que fuera el Fortín Mercedes, lugar histórico fundado por el General Juan Manuel de Rosas durante su expedición al sur. Actualmente hay en el lugar una reconstrucción de un fortín de la época que los visitantes pueden recorrer.

En Chimpay, su lugar de nacimiento, se conmemoran muy especialmente las fechas de su muerte y nacimiento. Esta última, en particular, da lugar a toda una semana de festejos que culminan el domingo posterior al 26 de agosto con una tradicional procesión, que llega hasta el Monumento a Ceferino. En este lugar hay un gran parque junto a la ribera del río, que brinda la posibilidad de un tranquilo y agradable descanso para el peregrino.

DE LA CARTA DE DESPEDIDA DEL BEATO JUNÍPERO SERRA





Fray Junípero Serra, para no apenar a ancianos sus padres, emprendió el viaje a América sin despedirse de ellos. Mientras esperaba en Cádiz el momento de embarcar, les escribió esta carta, pero, por no saber ellos leer, la envió a un fraile residente en Petra, el P. Francisco Serra, que no es familiar suyo, para que éste se la leyera.

Amigo de mi corazón, me faltan en ésta palabras, aunque me sobren afectos para despedirme y para repetiros la súplica del consuelo de mis padres, a quienes no dudo no les faltará su aflicción. Yo quisiera poder infundirles la gran alegría en que me encuentro, y pienso que me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca.

Deben advertir que el cargo de Predicador Apostólico, y máxime adjunto con el actual ejercicio, es lo más que ellos podían desear para verme bien establecido.

Que su vida, como son ya tan viejos, es ya muy deleznable, y casi preciso que sea breve. Y si la saben comparar a la eternidad verán claramente que no puede ser más que un instante. Y siendo así, será muy del caso y muy conforme a la santísima voluntad de Dios que reparen poco en la poquísima ayuda que yo les pueda hacer en las conveniencias de esta vida para merecer de Dios nuestro Señor que, si no nos volvemos a ver en esta vida, estemos juntos para siempre en la Gloria.

Decirles que yo no dejo de sentir el no poder estar más cerca de ellos, como estaba antes, para consolarles, pero pensando también que lo primero es lo primero, y que antes que ninguna otra, lo primero es hacer la voluntad de Dios cumpliéndola; por amor de Dios los he dejado, y si yo por amor de Dios y con su gracia, tengo fuerza de voluntad para dejarlos, del caso será que también ellos, por amor de Dios, estén contentos al quedar privados de mi compañía.

Que se hagan cargo de lo que sobre esto les dirá el confesor y verán que, en verdad, ahora les ha entrado Dios por su casa. Con santa paciencia y resignación ante la divina voluntad, poseerán sus almas, porque alcanzarán la vida eterna.

Que no atribuyan a nadie, sino sólo a Dios Nuestro Señor, lo que lamentan, y verán cómo les será suave su yugo y se les mudará en gran consuelo lo que ahora tal vez padecen como una aflicción. No es hora ya de alterarse ni afligirse por ninguna cosa de esta vida, y así de conformarse en un todo con la voluntad de Dios, procurando prepararse para bien morir, que es lo único que importa de cuantas cosas pueda haber en esta vida, pues alcanzando aquélla, poco importa que se pierda todo lo demás; y si no se alcanza, nada aprovecha todo lo demás.

Que se alegren de tener un sacerdote, aunque malo y pecador, que todos los días, en el Santo Sacrificio de la Misa, ruega por ellos con todas sus fuerzas y muchísimos días aplica por ellos solamente la Misa, porque el Señor los asista, porque no les falte lo necesario para el sustento, les dé paciencia en los trabajos, resignación a su santa voluntad, paz y unión con todo el mundo, valor para resistir a las tentaciones del demonio y, finalmente, cuando convenga, una muerte lúcida y en su santa gracia.

Si yo, con la ayuda de la gracia de Dios, llegase a ser un buen religioso, serían más eficaces mis oraciones y no serían ellos poco interesados en esta ganancia; y lo mismo digo de mi querida hermana en Cristo, Juana, y Miguel mi cuñado: que no piensen en mí por ahora sino para encomendarme a Dios para que yo sea un buen sacerdote y un buen ministro de Dios; que en esto estamos todos muy interesados, y esto es lo que importa. Recuerdo que mi padre, cuando tuvo aquella enfermedad, tan grave que lo extremaunciaron, y yo, que ya era religioso, lo asistía, pensando que ya se moría, estando él y yo a solas, me dijo: «Hijo mío, lo que te encargo es que seas un buen religioso del Padre S. Francisco». Pues, padre mío, sabed que tengo aquellas palabras tan presentes como si en este mismo instante las oyera de vuestra boca. Y sabed también que para procurar ser un buen religioso emprendí este camino.

No estéis afligidos porque yo haga vuestra voluntad, que es también la voluntad de Dios.

De mi madre sé también que nunca se descuidó de encomendarme a Dios con el mismo cariño para que yo fuese un buen religioso. Pues, madre mía, si tal vez por vuestras oraciones Dios me ha puesto en este camino, estad contenta de lo que Dios dispone y decid siempre en todos los trabajos: «Bendito sea Dios y hágase su santa voluntad».

IMITAR LAS VIRTUDES DE CRISTO EN SU NACIMIENTO




De las cartas de santa Teresa de Jesús Jornet

Quisiera llevar a sus corazones, Hermanitas, abundancia de los consuelos espirituales, que les hicieran más gratos todavía de lo que ya son de ordinario los presentes días. Pero qué les voy a decir para ello sino que acudan a la cuna del Divino Niño con toda confianza y le ofrezcan, bien limpio y sencillo, su corazón, para que quiera entrar en él; dispuestas a seguir sus santas inspiraciones y compartir con él, sin reserva, así las glorias como las fatigas. Por nosotras viene. Miren si es poco lo que nos quiere.

¿Y nosotras a él? Yo no lo sé, pero, si he de juzgar por mis obras y las de algunas otras como yo, está nuestro amor muy resfriado. Por Dios, que pongamos en ello remedio, y ofrezcamos con verdad al Niño que, de hoy en adelante, al cumplir con nuestros deberes, hemos de imitar las virtudes del que, en su nacimiento, se nos presenta como modelo. Y para que todas sepan a lo que nos obligamos y a una trabajemos por lo mismo, apuntaré cuáles sean, a mi ver, estas virtudes.

La obediencia a los designios del Padre celestial le trae al mundo, y la obediencia a las potestades de la tierra le llevan, con sus padres, a nacer en Belén. Correspondamos nosotras marchando sumisas a donde quiera que se nos envíe y sujetándonos gustosas a la Regla y al trabajo que se nos imponga.

Acredita su humildad sometiéndose a los desprecios; sus parientes no le reciben: para él no hay lugar en la posada. Mortifiquemos nuestro amor propio y no obremos por bien parecer; que ni la vanidad nos seduzca, ni el resentimiento nos consuma.

Su pobreza se manifiesta en los pañales con que se le envuelve en el pesebre que le sirve de cuna y en el sitio que nace, un desmantelado establo. ¿Por qué nosotras nos hemos de lastimar de que el hábito sea más o menos viejo, más o menos remendada la toca, más o menos pobre la casa o mesa?

Su paciencia se demuestra en cómo acepta risueño los sufrimientos a que se somete con su obediencia, humildad y pobreza; la hora de medianoche y la estación fría en que nace, y, para que también al espíritu los sufrimientos alcancen, sufre por sus padres que ve despreciados y padeciendo privaciones por él y por lo que sabe le espera toda su vida y, muy especialmente, en su pasión y muerte, que tiene a la vista.

Pero todas estas virtudes suponen otra más principal que les da realce, la de su ardentísima caridad. Es tan grande, que dice: He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Por eso, su Corazón arde en llamas de purísimo amor; con ese purísimo amor es menester que amemos y tratemos a nuestros pobres, interesándonos muchísimo por su bienestar temporal y eterno.

PROCUREMOS VIVIR UNIDOS A CRISTO Y AGRADARLE SÓLO A ÉL


De los escritos de san José de Calasanz

Nadie ignora la gran dignidad y mérito que tiene el ministerio de instruir a los niños, principalmente a los pobres, ayudándolos así a conseguir la vida eterna. En efecto, la solicitud por instruirlos, principalmente en la piedad y en la doctrina cristiana, redunda en bien de sus cuerpos y de sus almas, y, por esto, los que a ello se dedican ejercen una función muy parecida a la de sus ángeles custodios.

Además, es una gran ayuda para que los adolescentes, de cualquier género o condición, se aparten del mal y se sientan suavemente atraídos e impulsados a la práctica del bien. La experiencia demuestra que, con esta ayuda, los adolescentes llegan a mejorar de tal modo su conducta, que ya no parecen los mismos de antes. Mientras son adolescentes, son como retoños de plantas que su educador puede inclinar en la dirección que le plazca, mientras que, si se espera a que endurezcan, ya sabemos la gran dificultad o, a veces, la total imposibilidad que supone el doblegarlos.

La adecuada educación de los niños, principalmente de los pobres, no sólo contribuye al aumento de su dignidad humana, sino que es algo que merece la aprobación de todos los miembros de la sociedad civil y cristiana: de los padres, que son los primeros en alegrarse de que sus hijos sean conducidos por el buen camino; de los gobernantes, que obtienen así unos súbditos honrados y unos buenos ciudadanos; y, sobre todo, de la Iglesia, ya que son introducidos de un modo más eficaz en su multiforme manera de vivir y de obrar, como seguidores de Cristo y testigos del Evangelio.

Los que se comprometen a ejercer con la máxima solicitud esta misión educadora han de estar dotados de una gran caridad, de una paciencia sin límites y, sobre todo, de una profunda humildad, para que así sean hallados dignos de que el Señor, si se lo piden con humilde afecto, los haga idóneos cooperadores de la verdad, los fortalezca en el cumplimiento de este nobilísimo oficio y les dé finalmente el premio celestial, según aquellas palabras de la Escritura: Los que enseñaron a muchos la justicia brillarán como tas estrellas, por toda la eternidad.

Todo esto conseguirán más fácilmente si, fieles a su compromiso perpetuo de servicio, procuran vivir unidos a Cristo y agradarle sólo a él, ya que él ha dicho: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN



Pensamiento bíblico :

En cierta ocasión le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos; pero los discípulos les regañaban. Entonces Jesús les dijo: -Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los cielos. Les impuso las manos y se marchó de allí (Mt 19,13-15).

Pensamiento franciscano :

Dice san Francisco en su Regla: -Todos los hermanos vístanse de ropas viles, y puedan reforzarlas de sayal y otros retazos con la bendición de Dios. A los cuales amonesto y exhorto que no desprecien ni juzguen a los hombres que ven vestidos de telas suaves y de colores, usar manjares y bebidas delicadas, sino más bien que cada uno se juzgue y desprecie a sí mismo (2 R 2,16-17).

Historia del cura Brochero




José Gabriel del Rosario Brochero nació el 16 de marzo de 1840 en Santa Rosa de Río Primero, Córdoba.
Entró al Seminario Mayor de Córdoba “Nuestra Señora de Loreto”, el 5 de marzo de 1856, cuando tenía 16 años. Un amigo suyo escribió: “Muchas veces le he oído contar que la constante preocupación de su juventud fue el sacerdocio… No sabía qué vocación seguir: la laical o la sacerdotal… Su espíritu dudaba y su corazón sufría con esta indecisión. Un día, dominado por esta preocupación, asistió a un sermón en que se bosquejaron las exigencias y sacrificios de una y otra… y apenas concluyó de escucharlo, la duda ya no atormentaba su alma, y ser sacerdote era para él una resolución inquebrantable” (CÁRCANO, RAMÓN J.,José Gabriel Brochero, en: Periódico Los Principios, Córdoba, 30 de enero de 1916.)
Es ordenado presbítero el 4 de noviembre de 1866 por el Obispo Vicente Ramírez de Arellano. El 10 de diciembre del mismo año celebra su primera misa en la capilla del Colegio Seminario “Nuestra Señora de Loreto”, cuando ésta se encontraba en la casa detrás de la Catedral, donde hoy se encuentra la Plazoleta del Fundador.
En diciembre de 1869 asume el Curato de San Alberto, siendo San Pedro la villa que hacía de cabecera en aquel departamento. Por aquel tiempo el extenso Curato de San Alberto (de 4.336 kilómetros cuadrados) contaba con poco más de 10.000 habitantes que vivían en lugares distantes sin caminos y sin escuelas, desperdigados por las Sierras Grandes de más de 2.000 metros de altura. Era triste el estado moral y la indigencia material de la gente. El corazón apostólico de Brochero no se desanima, sino que desde ese momento dedicará su vida toda no sólo a llevar el Evangelio sino a educar y promocionar a sus habitantes.
Al año siguiente de llegar, comenzó a llevar a hombres y mujeres a Córdoba, para hacer los Ejercicios Espirituales recorriendo unos 200 kilómetros cruzando las sierras. Dicha travesía requería tres días a lomo de mula y las caravanas muchas veces superaban las quinientas personas. Más de una vez fueron sorprendidos por fuertes tormentas de nieve. Al regresar, luego de nueve días de silencio, oración y penitencia sus feligreses iban cambiando de vida, siguiendo el Evangelio y buscando el desarrollo económico de la zona.
En 1875, con la ayuda de sus feligreses, comenzó la construcción de la Casa de Ejercicios de la entonces Villa del Transito (localidad que hoy lleva su nombre). Fue inaugurada en 1877 con tandas que superaron las 700 personas, pasando por la misma, durante el ministerio parroquial del Siervo de Dios, más 40.000 personas. También construyó la casa para las religiosas, el Colegio de niñas y la residencia para los sacerdotes.
Con sus feligreses construyó más de 200 kilómetros de caminos y varias iglesias, fundó pueblos y se preocupó por la educación de todos. Solicitó ante las autoridades y obtuvo mensajerías, oficinas de correo y estafetas telegráficas. Proyectó el ramal ferroviario que atravesaría el Valle de Traslasierra uniendo Villa Dolores y Soto para sacar a sus queridos serranos de la pobreza en que se encuentran, “abandonados de todos pero no por Dios”, como solía repetir.
“Un sacerdote que vivió una verdadera pasión por el evangelio que testimonió y transmitió en medio de una considerable transformación cultural en nuestro país después de los acontecimientos de la organización nacional. Sin ingenuidad, pero también sin ceder a lamentos o enfrentamientos estériles se dedicó con empeño y con espíritu constructivo a la maravillosa tarea de la evangelización. De su pasión por el evangelio brotaba también su pasión por sus hermanos y el deseo de brindarles las condiciones de una vida digna. Por eso trabajó incansablemente por levantar templos o capillas, la casa de ejercicios espirituales en la Villa del Tránsito, escuelas y otras obras que aseguraran a todos una existencia que mereciera el título de humana y cristiana.” (Mons. Carlos Ñáñez, homilía Misa Crismal 1º de abril de 2010).
Pocos días después de su muerte, el diario católico de Córdoba escribe: “Es sabido que el Cura Brochero contrajo la enfermedad que lo ha llevado a la tumba, porque visitaba largo y hasta abrazaba a un leproso abandonado por ahí”. Debido a su enfermedad, renunció al Curato, viviendo unos años con sus hermanas en su pueblo natal. Pero respondiendo a la solicitud de sus antiguos feligreses, regresó a su casa de Villa del Transito, muriendo leproso y ciego el 26 de enero de 1914.




Colecta Más por Menos 2013

sábado, 24 de agosto de 2013

MARÍA, REINA DEL UNIVERSO



Catequesis de S. S. Juan Pablo II
en la audiencia general del 23 de julio de 1997

1. La devoción popular invoca a María como Reina. El Concilio, después de recordar la asunción de la Virgen «en cuerpo y alma a la gloria del cielo», explica que fue «elevada (...) por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores, y vencedor del pecado y de la muerte» (LG 59).

En efecto, a partir del siglo V, casi en el mismo período en que el concilio de Éfeso la proclama «Madre de Dios», se empieza a atribuir a María el título de Reina. El pueblo cristiano, con este reconocimiento ulterior de su excelsa dignidad, quiere ponerla por encima de todas las criaturas, exaltando su función y su importancia en la vida de cada persona y de todo el mundo.

Pero ya en un fragmento de una homilía, atribuido a Orígenes, aparece este comentario a las palabras pronunciadas por Isabel en la Visitación: «Soy yo quien debería haber ido a ti, puesto que eres bendita por encima de todas las mujeres, tú, la madre de mi Señor, tú, mi Señora». En este texto, se pasa espontáneamente de la expresión «la madre de mi Señor» al apelativo «mi Señora», anticipando lo que declarará más tarde san Juan Damasceno, que atribuye a María el título de «Soberana»: «Cuando se convirtió en madre del Creador, llegó a ser verdaderamente la soberana de todas las criaturas».

2. Mi venerado predecesor Pío XII, en la encíclica Ad coeli Reginam, a la que se refiere el texto de la constitución Lumen gentium, indica como fundamento de la realeza de María, además de su maternidad, su cooperación en la obra de la redención. La encíclica recuerda el texto litúrgico: «Santa María, Reina del cielo y Soberana del mundo, sufría junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo». Establece, además, una analogía entre María y Cristo, que nos ayuda a comprender el significado de la realeza de la Virgen. Cristo es rey no sólo porque es Hijo de Dios, sino también porque es Redentor. María es reina no sólo porque es Madre de Dios, sino también porque, asociada como nueva Eva al nuevo Adán, cooperó en la obra de la redención del género humano.

En el evangelio según san Marcos leemos que el día de la Ascensión el Señor Jesús «fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios» (Mc 16,19). En el lenguaje bíblico, «sentarse a la diestra de Dios» significa compartir su poder soberano. Sentándose «a la diestra del Padre», él instaura su reino, el reino de Dios. Elevada al cielo, María es asociada al poder de su Hijo y se dedica a la extensión del Reino, participando en la difusión de la gracia divina en el mundo.

Observando la analogía entre la Ascensión de Cristo y la Asunción de María, podemos concluir que, subordinada a Cristo, María es la reina que posee y ejerce sobre el universo una soberanía que le fue otorgada por su Hijo mismo.

3. El título de Reina no sustituye, ciertamente, el de Madre: su realeza es un corolario de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le fue conferido para cumplir dicha misión.

Citando la bula Ineffabilis Deus, de Pío IX, el Sumo Pontífice Pío XII pone de relieve esta dimensión materna de la realeza de la Virgen: «Teniendo hacia nosotros un afecto materno e interesándose por nuestra salvación, ella extiende a todo el género humano su solicitud. Establecida por el Señor como Reina del cielo y de la tierra, elevada por encima de todos los coros de los ángeles y de toda la jerarquía celestial de los santos, sentada a la diestra de su Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, obtiene con gran certeza lo que pide con sus súplicas maternas; lo que busca, lo encuentra, y no le puede faltar».

4. Así pues, los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto no sólo no disminuye, sino que, por el contrario, exalta su abandono filial en aquella que es madre en el orden de la gracia.

Más aún, la solicitud de María Reina por los hombres puede ser plenamente eficaz precisamente en virtud del estado glorioso posterior a la Asunción. Esto lo destaca muy bien san Germán de Constantinopla, que piensa que ese estado asegura la íntima relación de María con su Hijo, y hace posible su intercesión en nuestro favor. Dirigiéndose a María, añade: Cristo quiso «tener, por decirlo así, la cercanía de tus labios y de tu corazón; de este modo, cumple todos los deseos que le expresas, cuando sufres por tus hijos, y él hace, con su poder divino, todo lo que le pides».

5. Se puede concluir que la Asunción no sólo favorece la plena comunión de María con Cristo, sino también con cada uno de nosotros: está junto a nosotros, porque su estado glorioso le permite seguirnos en nuestro itinerario terreno diario. También leemos en san Germán: «Tú moras espiritualmente con nosotros, y la grandeza de tu desvelo por nosotros manifiesta tu comunión de vida con nosotros».

Por tanto, en vez de crear distancia entre nosotros y ella, el estado glorioso de María suscita una cercanía continua y solícita. Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia, y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida. Elevada a la gloria celestial, María se dedica totalmente a la obra de la salvación, para comunicar a todo hombre la felicidad que le fue concedida. Es una Reina que da todo lo que posee, compartiendo, sobre todo, la vida y el amor de Cristo.


Adonai un espacio donde la caridad esta en primer lugar


Ayúdanos a ayudar , juntos podemos mas !!!!!!




LO DÉBIL DE DIOS ES MÁS FUERTE QUE LOS HOMBRES


De la homilía 4 de san Juan Crisóstomo
sobre la primera carta a los Corintios

El mensaje de la cruz, anunciado por unos hombres sin cultura, tuvo una virtud persuasiva que alcanzó a todo el orbe de la tierra; y se trataba de un mensaje que no se refería a cosas sin importancia, sino a Dios y a la verdadera religión, a una vida conforme al Evangelio y al futuro juicio, un mensaje que convirtió en sabios a unos hombres rudos e ignorantes. Ello nos demuestra que lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

¿En qué sentido es más fuerte? En cuanto que invadió el orbe entero y sometió a todos los hombres, produciendo un efecto contrario al que pretendían todos aquellos que se esforzaban en extinguir el nombre del Crucificado, ya que hizo, en efecto, que este nombre obtuviera un mayor lustre y difusión. Ellos, por el contrario, desaparecieron y, aun durante el tiempo en que estuvieron vivos, nada pudieron contra un muerto. Por esto, cuando un pagano dice de mí que estoy muerto, es cuando muestra su gran necedad; cuando él me considera un necio, es cuando mi sabiduría se muestra superior a la suya; cuando me considera débil, es cuando él se muestra más débil que yo. Porque ni los filósofos, ni los maestros, ni mente humana alguna hubiera podido siquiera imaginar todo lo que eran capaces de hacer unos simples publicanos y pescadores.

Pensando en esto, decía Pablo: Lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Esta fuerza de la predicación divina la demuestran los hechos siguientes. ¿De dónde les vino a aquellos doce hombres, ignorantes, que vivían junto a lagos, ríos y desiertos, el acometer una obra de tan grandes proporciones y el enfrentarse con todo el mundo, ellos, que seguramente no habían ido nunca a la ciudad ni se habían presentado en público? Y más, si tenemos en cuenta que eran miedosos y apocados, como sabemos por la descripción que de ellos nos hace el evangelista, que no quiso disimular sus defectos, lo cual constituye la mayor garantía de su veracidad. ¿Qué nos dice de ellos? Que cuando Cristo fue apresado, unos huyeron y otro, el primero entre ellos, lo negó, a pesar de todos los milagros que habían presenciado.

¿Cómo se explica, pues, que aquellos que, mientras Cristo vivía, sucumbieron al ataque de los judíos, después, una vez muerto y sepultado, se enfrentaran contra el mundo entero, si no es por el hecho de su resurrección, que algunos niegan, y porque les habló y les infundió ánimos? De lo contrario, se hubieran dicho: «¿Qué es esto? No pudo salvarse a sí mismo, y ¿nos va a proteger a nosotros? Cuando estaba vivo, no se ayudó a sí mismo, y ¿ahora, que está muerto, nos tenderá una mano? Él, mientras vivía, no convenció a nadie, y ¿nosotros, con sólo pronunciar su nombre, persuadiremos a todo el mundo? No sólo hacer, sino pensar algo semejante sería una cosa irracional».

Todo lo cual es prueba evidente de que, si no lo hubieran visto resucitado y no hubieran tenido pruebas bien claras de su poder, no se hubieran lanzado a una aventura tan arriesgada.

lunes, 19 de agosto de 2013

FUENTE DE SALVACIÓN Y DE VIDA VERDADERA



Del Tratado de san Juan Eudes
sobre el admirable Corazón de Jesús

Te pido que pienses que nuestro Señor Jesucristo es realmente tu cabeza y que tú eres uno de sus miembros. Él es para ti como la cabeza para con los miembros; todo lo suyo es tuyo: el espíritu, el corazón, el cuerpo, el alma y todas sus facultades, y tú debes usar de todo ello como de algo propio, para que, sirviéndolo, lo alabes, lo ames y lo glorifiques. En cuanto a ti, eres para él como el miembro para con la cabeza, por lo cual él desea intensamente usar de todas tus facultades como propias, para servir y glorificar al Padre.

Y él no es para ti sólo eso que hemos dicho, sino que además quiere estar en ti, viviendo y dominando en ti a la manera que la cabeza vive en sus miembros y los gobierna. Quiere que todo lo que hay en él viva y domine en ti: su espíritu en tu espíritu, su corazón en el tuyo, todas las facultades de su alma en las tuyas, de modo que en ti se realicen aquellas palabras: Glorificad a Dios con vuestro cuerpo, y que la vida de Jesús se manifieste en vosotros.

Igualmente, tú no sólo eres para el Hijo de Dios, sino que debes estar en él como los miembros están en la cabeza. Todo lo que hay en ti debe ser injertado en él, y de él debes recibir la vida y ser gobernado por él. Fuera de él no hallarás la vida verdadera, ya que él es la única fuente de vida verdadera; fuera de él no hallarás sino muerte y destrucción. Él ha de ser el único principio de toda tu actividad y de todas tus energías; debes vivir de él y por él, para que en ti se cumplan aquellas palabras: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Eres, por tanto, una sola cosa con Jesús, del mismo modo que los miembros son una sola cosa con la cabeza, y, por eso, debes tener con él un solo espíritu, una sola alma, una sola vida, una sola voluntad, un solo sentir, un solo corazón. Y él debe ser tu espíritu, tu corazón, tu amor, tu vida y todo lo tuyo. Todas estas grandezas del cristiano tienen su origen en el bautismo, son aumentadas y corroboradas por el sacramento de la confirmación y por el buen empleo de las demás gracias comunicadas por Dios, que en la sagrada eucaristía encuentran su mejor complemento.

SAN LUIS DE ANJOU, Obispo


De la biografía de San Luis, obispo, escrita por un contemporáneo

FUE DADO AL MUNDO PARA SALVACIÓN
Y CONSUELO DE TODO EL PUEBLO FIEL

De la biografía de San Luis, obispo,
escrita por un contemporáneo

Dispuso el Señor en su sabiduría llevarse con él en temprana edad al bienaventurado Luis, quien vivió para ser luz de los pueblos, librándole de la seducción del mal y de las tentaciones de este mundo, asociándole al coro de los ángeles, pero queriendo al mismo tiempo que sus cortos años fueran ejemplo acabado de perfección para consuelo de todo el pueblo fiel.

Luis fue aquella luz colocada por el mismo Dios sobre el candelabro para iluminar con su esplendor a los que moran en la casa del Señor, que es la Iglesia, para atractivo de tantos corazones que se dejarían llevar del amor divino por su ejemplo. Fue elegido también como el arca mística de salvación del mundo, para confundir la infidelidad, abatir el error, para fortalecimiento de la Iglesia católica y como modelo de la verdadera fe.

Este angelical joven, de rostro celestial, era admirable en sus obras, espejo de buenas costumbres. Toda clase de personas, de cualquier condición y edad, acudían a él en tropel, corriendo peligro en ocasiones su integridad física ante el acoso multitudinario que le rodeaba. Los fieles quedaban extasiados contemplándole en las celebraciones litúrgicas, escuchando su palabra fervorosa y penetrante, cargada de profunda humildad y de afectuosa caridad; siendo, además, su conversación honesta y su comportamiento edificante en todo momento. ¿Quién podía quedar indiferente ante un joven, hijo de un rey, con cualidades humanas eminentes, humilde y sin jactancia en el ejercicio episcopal, mortificado, sabio, y elocuente, virtuoso, afable y simplicísimo? Cuantos le contemplaban, veían un ángel vestido de hombre.

Después de quince días de grave enfermedad, la mañana misma de su muerte, oró así al Señor: «Dios todopoderoso, que me hiciste llegar a disfrutar del día de hoy...».

Y pronunció otras súplicas que durante las fechas anteriores no pudo hacer por el estado agónico en que se hallaba. Hacia las tres de la tarde, pidió que le sentaran en el lecho, elevó sus ojos al cielo, manteniendo en sus manos el crucifijo, o haciendo que se lo presentaran, porque su debilidad, a veces, ni esto le permitía, y, hasta la caída de la noche, recitaba sin interrupción: «Te adoramos, oh Cristo... No tengas en cuenta, Señor, los delitos de mi juventud...».

Recitaba también otras fervientes súplicas a la Virgen María, persignándose frecuentemente con la señal de la cruz. Alguno de los presentes le sugirió que no se fatigara repitiendo tantas veces el Ave María; a lo que contestó: «Muy pronto me he de morir, y la Virgen María me salvará».

El bienaventurado Luis, amado de Dios y de los hombres, habiéndose cumplido en él todos los planes amorosos de la divina providencia, entregó su alma al Señor para disfrutar eternamente las delicias de la plenitud de la gracia y de la luz.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN



Pensamiento bíblico:

Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en ti. Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti; porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica (Salmo 85,1-6).

Pensamiento franciscano:

San Buenaventura dice de san Francisco: -No se consideraba amigo de Cristo si no trataba de ayudar a las almas que por Él han sido redimidas. Y afirmaba que nada debe preferirse a la salvación de las almas, aduciendo como prueba suprema el hecho de que el Unigénito de Dios se dignó morir por ellas colgado en el leño de la cruz. De ahí su esfuerzo en la oración, de ahí sus correrías apostólicas y su celo por dar buen ejemplo (LM 9,4b).
La Eucaristía es un signo de unidad que despierta el profetismo, exige valentía, desenmascara la falsa paz y soporta oposiciones. Al celebrarla, celebramos la cruz de Cristo, la sangre del Justo, que inició y completa nuestra fe.






domingo, 18 de agosto de 2013

Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. a la liturgia del domingo, XX del tiempo ordinario.

XX Domingo del tiempo ordinario
Jeremías 38, 4-6.8-10; Hebreos 12, 1-4; Lucas 12, 49-57

He venido a traer división en la tierra

El pasaje del Evangelio de este domingo contiene algunas de las palabras más provocadoras jamás pronunciadas por Jesús: «¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

¡Y pensar que quien dice estas palabras es la misma persona cuyo nacimiento fue saludado con las palabras: «Paz en la tierra a los hombres», y que durante su vida había proclamado: «Bienaventurados los que trabajan por la paz»! ¡La misma persona que, en el momento de su prendimiento, ordenó a Pedro: «¡Mete la espada en la vaina!» (Mt 26, 52)! ¿Como se explica esta contradicción?

Es muy sencillo. Se trata de ver cuál es la paz y la unidad que Jesús ha venido a traer y cuál es la paz y la unidad que ha venido a suprimir. Él ha venido a traer la paz y la unidad en el bien, la que conduce a la vida eterna, y ha venido a quitar esa falsa paz y unidad que sólo sirve para adormecer las conciencias y llevar a la ruina.

No es que Jesús haya venido a propósito para traer la división y la guerra, sino que de su venida resultará inevitablemente división y contraste, porque Él sitúa a las personas ante la disyuntiva. Y ante la necesidad de decidirse, se sabe que la libertad humana reaccionará de forma variada. Su palabra y su propia persona sacará a la luz lo que está más oculto en lo profundo del corazón humano. El anciano Simeón lo había predicho al tomar en brazos a Jesús Niño: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones» (Lucas 2, 35).

La primera víctima de esta contradicción, el primero en sufrir la «espada» que ha venido a traer a la tierra, será precisamente Él, que en este choque perderá la vida. Después de Él, la persona más directamente involucrada en este drama es María, Su Madre, a la que de hecho Simeón, en aquella ocasión, dijo: «Y a ti una espada te traspasará el alma».

Jesús mismo distingue los dos tipos de paz. Dice a los apóstoles: «Mi paz os dejo, mi paz os doy. No os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni tenga temor» (Juan 14,27). Después de haber destruido, con su muerte, la falsa paz y solidaridad del género humano en el mal y en el pecado, inaugura la nueva paz y unidad que es fruto del Espíritu. Ésta es la paz que ofrece a los apóstoles la tarde de Pascua, diciendo: «¡Paz a vosotros!».

Jesús dice que esta «división» puede ocurrir también dentro de la familia: entre padre e hijo, madre e hija, hermano y hermana, nuera y suegra. Y lamentablemente sabemos que esto a veces es cierto y doloroso. La persona que ha descubierto al Señor y quiere seguirle en serio se encuentra con frecuencia en la difícil situación de tener que elegir: o contentar a los de casa y descuidar a Dios y las prácticas religiosas, o seguir éstas y estar en contraste con los suyos, que le echan en cara cada minuto que emplea en Dios y en las prácticas de piedad.

Pero el choque llega también más profundamente, dentro de la propia persona, y se configura como lucha entre la carne y el espíritu, entre el reclamo del egoísmo y de los sentidos y el de la conciencia. La división y el conflicto comienzan dentro de nosotros. Pablo lo explicó de maravilla: «La carne de hecho tiene deseos contrarios al Espíritu y el Espíritu tiene deseos contrarios a la carne; estas cosas se oponen recíprocamente, de manera que no hacéis lo que querríais».

El hombre está apegado a su pequeña paz y tranquilidad, aunque es precaria e ilusoria, y esta imagen de Jesús que viene a traer el desconcierto podría indisponerle y hacerle considerar a Cristo como un enemigo de su quietud. Es necesario intentar superar esta impresión y darnos cuenta de que también esto es amor por parte de Jesús, tal vez el más puro y genuino.

martes, 13 de agosto de 2013

Martes de la decimonovena semana del tiempo ordinario ( Homilía del papa Francisco)




Papa Francisco Homilía del 07/04/2013,
Capilla papal para la toma de posesión de la cátedra del obispo de Roma
(trad. © Libreria Editrice Vaticana)

“Ir a buscar la oveja que se extravió”

Adán después del pecado sintió vergüenza, se ve desnudo, siente el peso de lo que ha hecho; y sin embargo Dios no lo abandona: si en ese momento, con el pecado, inicia nuestro exilio de Dios, hay ya una promesa de vuelta, la posibilidad de volver a Él. Dios pregunta enseguida: «Adán, ¿dónde estás?» (Gn 3,9), lo busca. Jesús quedó desnudo por nosotros, cargó con la vergüenza de Adán, con la desnudez de su pecado para lavar nuestro pecado: sus llagas nos han curado. (Is 53,5; 1P 2,24) Acordaos de lo de san Pablo: ¿De qué me puedo enorgullecer sino de mis debilidades, de mi pobreza? (cf 2Co 11,30s) Precisamente sintiendo mi pecado, mirando mi pecado, yo puedo ver y encontrar la misericordia de Dios, su amor, e ir hacia Él para recibir su perdón.

En mi vida personal, he visto muchas veces el rostro misericordioso de Dios, su paciencia; he visto también en muchas personas la determinación de entrar en las llagas de Jesús, diciéndole: Señor estoy aquí, acepta mi pobreza, esconde en tus llagas mi pecado, lávalo con tu sangre (Ap 1,5). Y he visto siempre que Dios lo ha hecho, ha acogido, consolado, lavado, amado.

Queridos hermanos y hermanas, dejémonos envolver por la misericordia de Dios; confiemos en su paciencia que siempre nos concede tiempo; tengamos el valor de volver a su casa, de habitar en las heridas de su amor dejando que Él nos ame, de encontrar su misericordia en los sacramentos. Sentiremos su ternura, tan hermosa, sentiremos su abrazo y seremos también nosotros más capaces de misericordia, de paciencia, de perdón y de amor.

sábado, 10 de agosto de 2013

¿Cuánto eres tú alimentado por la Eucaristía?


Los Milagros no parecen milagrosos cuando son comunes, verdad?
Nosotros tenemos en cada Misa una comida milagrosa que viene desde el cielo a nutrirnos. Por divina intervención, Jesucristo está completamente presente en cuerpo y alma - su humanidad y su divinidad - tan simple como un pan y un vino. En la Eucaristía, él nos alimenta con él mismo, de modo que nuestro cuerpo y alma sea nutridos mientras caminamos a través del desierto de las dificultades de la vida.
Tristemente, la Eucaristía puede volverse tan común que es fácil perder la admiración y lo maravilloso que realmente pasa en la misa. ¿Por qué más estaríamos reclamando de que Dios no está haciendo suficiente por sanarnos o liberarnos de nuestras dificultades o darnos lo que nos está faltando?
Cuando Jesús multiplicó los panes y peces, él les dio a las personas un anticipo del alimento que él proporcionaría a través de la Eucaristía. Esta comida quitó el hambre física, y sobró mucha comida como prueba de que Dios no solo provee lo que necesitamos, sino mucho más también.
Muchos santos a través de los siglos han vivido por muchos años comiendo nada más que la Eucaristía. Ellos son evidencia de que la presencia de Cristo en el pan consagrado realmente alimenta nuestros cuerpos, no sólo nuestras almas. ¿Cuánto eres tú alimentado por la Eucaristía? La Eucaristía nos alimenta con todo lo que necesitamos ser alimentados si nosotros participamos en ella completamente. Una participación en la misa con medio corazón nos previene de participar completamente de todos los beneficios de la Eucaristía. Cada oración, las canciones, las lecturas, y la experiencia comunal alaban todo el trabajo juntos para hacer la experiencia de la Eucaristía completa.
Una participación completa quiere decir que cuando nosotros consumimos a Jesús, él nos consume a nosotros. Nos parecemos más a él. Nuestra santidad, la cuál está ya en nosotros gracias al Espíritu Santo que recibimos en el Bautismo, es liberada. Cuando el ministro de la Eucaristía nos proclama, "Este es el cuerpo (o la sangre) de Cristo," nuestro "amén" significa que estamos de acuerdo con la presencia de Jesús que cambia vidas. Estamos de acuerdo en dejarnos cambiar!

viernes, 9 de agosto de 2013

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Dijo Jesús a sus discípulos: -Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará (Jn 12,24-26).

Pensamiento franciscano:

Santa Clara escribió a santa Inés de Praga: -Hermana carísima, esposa y madre y hermana de mi Señor Jesucristo, confortaos en el santo servicio comenzado con el deseo ardiente del pobre Crucificado, el cual soportó la pasión de la cruz por todos nosotros, librándonos del poder del príncipe de las tinieblas y reconciliándonos con Dios Padre (1CtaCl 12-14).

La FE en Cristo nos salva...


Cuando el hombre piensa que,alejandose de Dios,se encontrara a si mismo, su existencia fracasa,(Lc 11,15-24)La fe en Cristo nos salva porque en El la vida se abre radicalmente a un amor que nos precede y nos transforma desde dentro, que obra en nosotros y con nosotros.
El creyente es transformado por el amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este amor que se le ofrece,su existencia se dilata mas allá de si mismo, por eso San Pablo puede afirmar:" No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mi"(Ga 2,20)y exhortar: " Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones"(Ef 3,17)

¿"Qué dices tú quién soy yo?"

¿"Quién dicen ustedes que soy YO?" Esta pregunta en el Evangelio de hoy es lo que Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros. Nosotros especialmente necesitamos responder esto cada vez que nuestra relación con él necesite mejorar.
Te invito a encontrar sanación y renovación en la Amistad con Cristo meditando en los diferentes nombres de Jesús o los atributos de su naturaleza. Medita en uno diferente cada día, y examina profundamente su vida para encontrar si realmente crees que esto es verdad. Comenzar a darse cuenta de lo que realmente crees y qué dudas, comenzaras a creer más de lleno. Tendrás muchos momentos que cambiarán tu vida.

1. El Abogado ante el Padre (1 Juan 2:1)
2. El todo y en todos (Col. 3:11)
3. El Todopoderoso (Ap. 01:08)
4. El autor de nuestra fe (Hebreos 12:2)
5. Nuestro hermano (Mateo 12:50)
6. El Capstone Jefe (Efesios 2:20)
7. Mi Defensa (Sal. 94:22)
8. Mi Libertador (Sal. 40:17)
9. Fiel (1 Tes. 5:24)
10. Invitado (Lucas 19:07)
11. Inofensivo (Heb. 7:26)
12. El jefe de todo principado y potestad (Col. 2:10)
13. Mi ayudante (Heb. 13:06)
14. Mi lugar escondido (Sal. 32:7)
15. Nuestra esperanza (1 Tim. 1:01)
16. La bondad y el amor de Dios (Tito 3:4)
17. Señor de la Paz (2 Tes. 3:16)
18. Humilde de corazón (Mt 11,29)
19. Un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel (Hebreos 2:17)
20. Nuestra paz (Ef. 2:14)
21. El poder de Dios (1 Cor. 01:24)
22. Un espíritu vivificante (1 Cor. 15:45)
23. Las riquezas de su gloria (Rom. 9:23)
24. El mismo ayer, hoy y mañana (Hebreos 13:8)
25. Nuestro escudo (Sal. 84:9)
26. Mi alegría (Sal. 43)
27. Mi Fuerza (Is. 12:2)
28. Maestro (Mateo 10:25)
29. La victoria (1 Cor. 15:54)
30. Sabiduría (1 Cor. 1:25)

jueves, 8 de agosto de 2013

"Vale la pena seguir adelante, la vida es linda y ustedes tienen una tarea por cumplir", exclamó el Santo Padre. Y prosiguió: "No se dejen enredar en los pesimismos, trabajen, militen, juéguense la vida por los ideales buenos".

Mensaje por San Cayetano

EL Papa Francisco destacó que el lema de esta fiesta religiosa "habla del encuentro de las personas que necesitan más, de aquéllos que necesitan que les demos una mano, que los miremos con cariño, que compartamos su dolor o sus ansiedades, sus problemas".








miércoles, 7 de agosto de 2013

Adonai



Buscanos en Facebook https://www.facebook.com/myribf Escucha el programa en vivo todos los Domingos de 15 a 16hs de Argentina http://www.espaciofm.com.ar/vivo.html